lunes, 24 de noviembre de 2014

Unidad 2



Del juego al espectáculo y del espectáculo al negocio.
¿Qué es el periodismo deportivo?
La redacción de deportes.
¿Quién consume periodismo deportivo y qué espera?
Diferencia entre prensa y propaganda.


 Del juego al espectáculo y del espectáculo al negocio

Frases para pensar.

Lo más curioso de los deportes es que deberían propiamente ajustarse a la definición de juego hacen todo lo posible por alejarse de ella y retomar contacto con la realidad social de la que salieron y pretendieron alejarse.

1.- Del juego al espectáculo

No está claro cual fue el primer deporte practicado, ni su intencionalidad. La huella más antigua e inequívoca de actividad deportiva aparece en China en el 2.700 a. de JC. Se trata de formas de educación física destinada a un propósito religioso, curar el cuerpo de enfermedades que le impiden ser un firme servidor del alma. Un viejo proverbio chino afirma "Hay que almacenar la fuerza para hacer un esfuerzo, no hacer esfuerzos para llegar a ser fuerte"... concepción inversa a la que rije en la actualidad. Otra inversión: los chinos, tras una competición deportiva, ofrecían como premio una copa de vino, no al vencedor, sino al vencido, para compensar su evidente debilidad física. En esa misma época se utilizaban las competiciones de tiro con arco, realizadas ritualmente, para designar funcionarios. Por esas fechas, los japoneses empezaron a desarollar los primeros elementos del jiu-jitsu, basado en un conocimiento empírico de la anatomía y de los puntos débiles de energía.

Al otro lado del océano los aztecas practicaban el "tlatchitli", juego de pelota. Esta, extremadamente ligera, era impulsada a golpes de nalga y cadera... Los persas y tibetanos del primer milenio antes de Cristo jugaban a un antecedente del polo y para los primeros, los muertos en la competición tenían el mismo destino que los guerreros caídos en el campo de batalla: gozar junto a las "fravashi" (equivalente a las walkirias nórdicas) en el Paraíso.

Los primeros juegos olímpicos
La ciudad de Olimpia estuvo situada en el Peloponeso a 19 km. del mar Jónico. Bañada por las aguas del mítico río Alfeo, en el valle donde se edificó la ciudad existía un bosque sagrado de olivos plantados por Hércules. La ciudad disponía de tres lugares de culto: el Templo de Zeus, el de Hera y el pequeño estadio.

En el siglo IX a. de JC una epidemia hizo que el rey Ifito consultara al oráculo de Delfos sobre la forma de librar a su pueblo de la calamidad. La sacerdotisa vidente le respondió que los dioses intervendrían a su favor si instituía los Juegos en la ciudad de Olimpia. Ifito pactó con el rey de Esparta la inviolabilidad de Olimpia mientras duraran los juegos sagrados.

Otra tradición atribuía la fundación de los juegos a Hércules, hacia el 1500 a. de JC. Hércules y sus cuatro hermanos corrieron 600 metros en línea recta y el vencedor recibió una rama de olivo salvaje, único premio que, a partir de ese momento obtendrían los atletas.

A partir del 776 se empezaron a registrar los nombres de los vencedores. Se sabe con certeza que la única prueba era el "dromo", carrera desarrollada a lo largo de 192,27 metros, al pié del monte Kronion, al este del bosque sagrado. La unidad de medida era el "pié de Hércules" de 32 cm., hecho que refleja la intención de equiparar el vencedor de los juegos con el héroe mitológico.

A partir de esa fecha los Juegos Olímpicos no hicieron más que engrandecerse en número de pruebas y en interés para el público. Desde el 708 el "deporte rey" fue el penthalon (carrera, disco, jabalina, salto y lucha). La carrera se desarrollaba a lo largo de los "600 pies de Hércules" y su punto de partida era el bosque sagrado. La lucha era vertical, vencía quien conseguía poner la espalda de su contrario en contacto con el suelo por dos veces. A partir del 520 a. de JC se instituyó la carrera con armas, más tarde el pugilato y la carrera de carros.

Antes de comenzar las pruebas, los atletas prestaban juramento en el templo de Zeus. Durante siglos solo pudieron competir los hombres libres y el vencedor, una vez obtenida la rama de olivo, ofrecía sacrificios a los dioses. Al igual que en las celebraciones mistéricas, las mujeres no tenían acceso a los Juegos, ni como público, ni compitiendo.

Poco a poco, cada centro espiritual griego fue instituyendo sus propios Juegos en honor de los distintos dioses y diosas del Olimpo. A pesar de que frecuentemente las ciudades griegas se vieron enzarzadas en disputas, el período de celebración de los juegos era sagrado para todos.

Roma "pan y circo"

La belicosidad romana fue superior a la griega y, por tanto, no es de extrañar que los juegos romanos tuvieran una componente violenta más acusada, desarrollada a partir de algunas características del pugilato heleno. Esparta parece haber practicado por vez primera el boxeo. Los soldados espartanos combatían con escudo pero sin casco y su entrenamiento les enseñaba a protegerse la cabeza de los golpes por medio de puñetazos. En los Juegos Nemeos dos púgiles habían resistido todos los asaltos; para desempatar, los jueces determinaron que se situaran frente a frente sin esquivar los golpes. Uno de ellos golpeó al otro en la cabeza, pero este resistió y respondió con un golpe en el bajo vientre que reventó y arrancó las entrañas de su adversario. Los jueces coronaron vencedor al cadáver y expulsaron al luchador indigno.

Tras la conquista de Grecia y la incorporación de buena parte de las costumbre helénicas a la romanidad, los juegos adquirieron una componente guerrera. Siguió habiendo pruebas atléticas pero se introdujeron carreras de carros, bigas o cuádrigas y, sobre todo, combate de gladiadores.

Las armas de los gladiadores tenían todas un origen sagrado. La red y el tridente del "reciario" aludían a Neptuno y al signo de Piscis, mientras que su oponente el "mirmidón" utilizaba espada y coraza, atributos de Cáncer. Cáncer y Piscis están en trígono (separación de 120º en el Zodíaco) con Escorpio, regido por Marte, el dios de la guerra.

Hacia finales del siglo III, los juegos romanos estaban en franca decadencia, no tanto por la brutalidad de algunas prácticas, como por el carácter masificado (el estadio de Roma tuvo capacidad para 250.000 espectadores) que fueron adquiriendo. Filostrato nos pinta así la situación "Unos atletas convierten su gloria en moneda para satisfacer sus necesidad. Otros pagan para obtener un vitoria fácil que su afemina vida no les concedería. No exceptúo a los entrenadores de esta corrupción; están dominados por espíritu de lucro. No se preocupan de la gloria de los atletas. No son más que mercaderes del valor atlético".

Al descenso de la tensión religiosa de los juegos, debía seguir la acción del cristianismo.

Cristianismo y furor antideportivo

La llegada del cristianismo supuso la introducción de valores nuevos en Roma. Los primeros cristianos reprobaban el culto a la fuerza física y a la victoria como manifestaciones del paganismo.

El emperador Teodosio, tras su conversión al cristianismo, asesinó en el 390 a diez mil helenos sublevados, entre los que se encontraban muchos cristianos. Ambrosio, obispo de Milán, le exigió como penitencia la supresión de los Juegos. El edicto imperial publicado en el 393 supuso una nueva etapa en la lucha contra el paganismo.

El odio de la religión naciente hacia los Juegos del Circo derivaba de la creencia en que el pecado procede de la carne. El cristianismo vió en los Juegos una manifestación del paganismo, y en los atletas, un culto al cuerpo y al esfuerzo físico, considerado como vanidad por la nueva religión. Sostenían que embellecer el cuerpo mediante el deporte era arriesgarse a perder el alma. Los Juegos, por lo demás, robaban tiempo para dedicarlo a la oración.

El ocio de la caballería medieval

La Edad Media surgió de la aportación de sangre nórdico-germánica a la romanidad. Esto modificó algunos aspectos problemáticos del cristianismo primitivo. Cuando, a partir del siglo XI, la cristiandad quedó estabilizada, volvieron a imponerse, entre la nobleza, las costumbres propias de Roma. Ernest Renan tenía razón al afirma que "la caballería fue una revuelta de los sentimientos varoniles del heroísmo contra el sentimiento femenino del cristianismo". En el ideas caballeresco hay que buscar las raíces profundas del espíritu deportivo.

Los juegos del circo se transformaron en torneos. La formación caballeresca se realizaba en tres ciclos de siete años (3 x 7 = 21, número de los Arcanos del Tarot): hasta los 7 años el niño era paje, de los 7 a los 14 recibía el grado de escudero y entre esa edad y los 21 años recibía el "espaldarazo" de caballero. Como paje ya era adiestrado en equitación y esgrima. Su primer deporte era la caza. A partir de ser elevado a caballero podía participar en los torneos y justas. A pesar de estar cubierto de protecciones y defensas, las heridas graves y los muertos solían ser el pan de cada día en los torneos. Se cuenta que uno de estos juegos acarreó la muerte de sesenta caballeros.

La antigua idea clásica del torneo como acontecimiento sagrado, seguía presente. La lucha era concebida como deporte y el vencedor como un ser apoyado por Dios.

La degeneracion del deporte: del ocio a las masas

En las "Etimologías" de San Isidoro se encuentra la primera mención al juego de pelota (año 630). Las miniaturas de Alfonso X (siglo XIII) representa una escena que indica la popularidad de dicho juego. Y en el "Código de las Siete Partidas" se prohibe a los clérigos jugar a la pelota.

El llamado juego de la palma puede ser considerado hasta cierto punto como antecedente lejano de algunos deportes actuales de competición por equipos. Se practicaba en los fosos de las ciudades y castillos o en salas contiguas a las catedrales

A partir del siglo XIV, para prevenir el mal tiempo, algunos de estos deportes pasaron a ser practicados en locales cerrados. En el siglo XVI llegaron a haber 200 pistas y salas deportivas en París. La lucha siguió practicándose en algunas de ellas, extremadamente codificada.

Así como en torneos y justas la componente sagrada seguía presente, en el juego de pelota, en el de la palma o en otros similares, se trataba simplemente de cubrir horas de ocio de los participantes.

Hacia finales de la Edad Media el carácter sagrado del deporte ha desaparecido completamente y se ha transformado en una actividad profana. Este carácter irá acentuándose progresivamente. A partir del siglo XVIII aparecerán muchos juegos inventados para deleite de la burguesía naciente. En el primer tercio del siglo XX, muchos alcanzarán el rango de "deportes de masas" que irá acentuándose con el paso de los años. Estamos muy lejos de los orígenes del deporte...

El deporte y la victoria: manifestaciones de lo sagrado

Este recorrido a través de la historia nos enseña que hasta el Renacimiento, el deporte era una manifestación de lo sagrado. Es más, lo sagrado estaba en el origen del deporte.

Si dividimos las civilizaciones en dos grandes categorías, tradicionales y modernas, veremos que en las primeras, el deporte, como todas las actividades, se consideraba como una forma de vivir la acceso a la trascendencia. La experiencia espiritual se podía alcanzar mediante el deporte y la presencia de la divinidad podía percibirse en el vencedor.

Por el contrario, en las civilizaciones modernas el deporte es concebido como una forma individual de ocio, o como un espectáculo de masas en el curso del cual se produce una especie de catarsis colectiva.

En las civilizaciones tradicionales, el atleta vencedor demostraba, a través de la victoria una cualidad superior y una fuerza en la que se percibía el contacto con la divinidad. El vencedor era un "hombre realizado", que evidenciaba su calidad sobrehumana mediante el triunfo en la competición o en el combate (caso de los juegos de gladiadores). En las civilizaciones modernas, por el contrario, el protagonismo se ha desplazado. Lo importante no es que un sujeto manifieste las cualidades del vencedor a través de una técnica particular, sino que lo significativo sucede en las graderías. No es el deportista quien se realiza, sino los espectadores que disuelven su personalidad, en la masa que les rodea. Se diría que en las grandes manifestaciones deportivas actuales se forma un ente colectivo que está por encima de las personalidades individuales de cada uno de los espectadores y las anula; sus reacciones están sometidas a los estímulos que perciben en el terreno de juego o en la pista deportiva.

Ciertamente, el estadio de Olimpia tenía capacidad para 30.000 espectadores y hay que pensar que también allí se trataba, en cierta forma, de un espectáculo de masas. La diferencia era que el público acudía para presenciar un espectáculo religioso exaltante en la que los deportistas ofrecían la posibilidad de ver a un dios encarnado en la figura del vencedor

Hoy, el deporte es una profesión en la que solamente cuenta la técnica y la ficha deportiva. No sin razón alguién ha podido calificar a los futbolistas actuales como mercenarios; en efecto, su presencia en uno u otro club es un problema exclusivamente contractual.

La humanidad antigua estaba persuadida que el atleta vencedor, como el guerrero, habían adquirido esta cualidad en la medida en que dios "estaba en ellos" y les otorgaba cualidades no accesibles para el resto de la población.

En esta creencia encuentran justificación instituciones tan diversas como los "juicios de Dios" o la tortura. En efecto, la fuerza, la victoria, solo podían estar presentes en quien se identificada con la "Verdad". Tal identificación situaba al sujeto protagonista en una situación radicalmente diferente al resto de la humanidad y le posibilitaba para obtener resultados que desafiaban las leyes de la física: si el torturado decía la verdad era imposible que sufriera dolor, Dios lo protegía; si el caballero vencía en un torneo o accedía a encerrarse desarmado en una jaula de leones y salía indemne, es que la presencia de la divinidad se manifestaba en él. Y otro tanto ocurría con el vencedor en el estadio.

El deporte de ayer y el de hoy son cualitativamente diferentes. Sin embargo, mediante las manifestaciones deportivas y, sobre todo a través del esfuerzo de concentración, abandono de sí mismo, entrenamiento continuo, es posible todavía, experimentar el deporte como una "Vía Sagrada". Quizás no se forjen así deportistas de élite, pero quien siga esta vía sabrá que tiene un alma y experimentará en sí mismo la sensación de la trascendencia. No en vano muchos deportistas explican como en el curso de las pruebas han atravesado por estados alterados de conciencia...

2.- El Juego como espectáculo

Acéptese momentáneamente que, en efecto, juego es un “universo marginal fuera de la realidad”. Es aquella leyenda de que los griegos suspendían toda actividad, incluida la guerra, para concentrarse tan sólo en las Olimpíadas.

Supongamos que así fuera y que únicamente “jugaban”, esto es, que no seguían guerreando de otra manera y con otros medios más directos. Pero semejante conducta puramente lúdica no es la que corresponde a los espectáculos contemporáneos. Hágase abstracción de los jugadores, de los atletas, de los deportistas directamente participantes; si actuasen en solitario, esto es, sin público que los contemplase, sólo prepararían su comportamiento (como en un entrenamiento o ensayo) para otro momento más importante: cuando lo que hagan se convierta en espectáculo y el juego aislado pase a ser juego compartido y juzgado por espectadores.

De siempre, toda actividad lúdica ha tenido como finalidad la de ofrecerse en espectáculo; quizá el origen de todo sea el comportamiento de los machos pavoneándose ante las hembras para que éstas, a la vista de las diferentes excelencias y mediante el recurso comparativo, puedan elegir partenaire sexual.

Como fuere, no hay juego sin público; prueba de que el público es esencial al espectáculo es que cuando, por cualquier razón, se han tenido que disputar encuentros deportivos a puerta cerrada, esto es, sin público, no sólo ha decaído la calidad de la competencia, sino que en cierto momento ha perdido su sentido. Aun así, es posible concebir (y de hecho, ha sucedido más de una vez) que se celebre un partido de fútbol, por ejemplo, sin público.

 Ante todo, es falso que sea realmente sin público; alguien lo ve; así sean los preparadores y reservas de ambos equipos. Además, la competición colectiva de dos equipos, con o sin público, produce un resultado, que permite calificar el encuentro: alguien gana o ninguno gana.

En cambio, trátese de imaginar por un instante una corrida de toros sin público: imposible, no tendría el menor sentido. Primero, porque una corrida de toros no es juego que tenga que producir resultados, desde el momento en que siempre es el mismo, pues aun suponiendo la excepcional muerte del torero, éste no es nunca el resultado final de la corrida. Segundo, porque quien participa del juego de los toros, tanto como el torero, es el público; mejor dicho, el torero actúa para ser contemplado, apreciado y juzgado por un público, el cual no va a ver resultados sino a considerar detalles de la actuación, a degustar y comparar «jugadas». Y para ello, además de estar allí, tiene que «saber de toros», ser entendido, como se dice; esto es, tiene que participar con la misma intensidad emocional y mental que el torero, aunque, por supuesto, con menos riesgo que éste.

Juego como, falsedad

Entonces: no hay juego sin público. Pero el verdadero público en realidad jamás va a ver jugar, sino que va a ver ganar a su equipo y, en ocasiones, ni siquiera eso: va a ver perder al otro equipo. Esto es lo que marca la diferencia entre los toros y cualquier otra competencia deportiva; en los toros, en principio, el público va a ver el espectáculo en sí, puesto que sabe que el resultado siempre es el mismo. Claro que también ahí puede introducirse el factor aberrante de ir sólo por preferir un torero a otro y asistir entonces con la sola intención de aclamar el triunfo del favorito o protestar el fracaso del rival.

De modo que todo juego, en tanto recreación de un universo aparte, es una falsedad: porque lo que reproduce no queda aparte, sino que se tiñe y mezcla con todas las pasiones e intereses que proceden del mundo exterior y cotidiano, del que precisamente el juego, en tanto juego, pretendía evadirse con su festiva y autónoma representación. Así, la falsedad de todo juego es doble: no sólo porque siga reproduciendo la conducta social de cada grupo, sino porque esa reproducción es estéril, no deja ningún beneficio, se agota en sí misma, muere al terminar el juego. Vuélvase a la analogía bélica para entenderlo mejor. Si el deporte es la continuación de la guerra por otros medios, es una guerra que no deja ninguna ganancia, que no conduce a ningún lugar, que no apunta a ninguna conquista real. El país que gana una guerra de verdad, gana algo: o territorio o materias primas o poder. Pero el equipo que gana un campeonato, nada gana desde el punto de vista del espectador, que es el que ha transferido al espectáculo sus pasiones colectivas. Que los deportistas ganen dinero sólo prueba que, en el juego social del enfrentamiento y las rivalidades, a ellos les corresponde el papel de los mercenarios de los antiguos ejércitos. Uno de los grandes avances (¿?) de la civilización occidental ha consistido en condicionar al ser humano para luchar gratis en batallas cuyos intereses le trascienden. Es un avance de la misma naturaleza que el de los asalariados frente a los esclavos.

 Fue menester que la sociedad se apoderara de la voluntad de los trabajadores para que la esclavitud se mudara en trabajo asalariado. De igual modo, los soldados mercenarios disponían de la libertad de contratación, mientras que los modernos soldados patriotas, de los diferentes servicios o conscripciones militares, no la poseen: están obligados a pelear y además gratis, porque como lo hacen por la patria, nadie les va a pagar, salvo, desde luego, la patria agradecida. Pues bien, los jugadores de fútbol (o de béisbol o de básquet) se contratan libremente como mercenarios que son y luchan con el entusiasmo limitado de todo profesional: desempeñan un oficio, como el actor que cumple representando en el teatro su papel.

¿Quiénes son, entonces, en los deportes modernos, los patriotas que tienen que batallar gratis, sólo por amor a sus colores? Son los espectadores, que, además de pagar por asistir, agregan la nota apasionada de la verdadera batalla. Con ello, el centro de interés del juego se ha desplazado del campo del espectáculo a las gradas y tribunas de los estadios. El juego de fútbol (o de béisbol, etc.) es un juego que, en realidad, se juega verdaderamente fuera de la cancha, en los puestos de los espectadores. Y, en efecto, más de una vez ha sido así, con todo el trágico realismo.

Baste recordar el terrible caso del estadio belga, con una pequeña guerra a muerte entre italianos e ingleses y supuestos neutrales interpuestos. Si hubiera sido un accidente (una pared que se derrumba, un incendio que se declara), no merecería mayor comentario; si se habla de ello, es porque no hace sino ajustarse a la realidad del juego llevado a cabo directamente y con toda la pasión participativa fuera del campo llamado impropiamente de juego.

2.- Del espectáculo al negocio

El espectáculo del deporte es un enorme negocio, alimentado por una multitud de personas que a falta de méritos propios, sufren y gozan con los méritos ajenos. Se alegran y salen a gritar ¡ganamos! cuando los actores ganan algún partido o muestran sus sentimientos más internos cuando pierden.

Es una especie de vida prestada, donde se vibra con lo que le pasa a otros sin tener real participación en el asunto. Entonces se interesan en la vida de sus ídolos, se preocupan por los romances, rupturas, llegan a quererlos como a su otro yo. Es un asunto mundial, en esto de la cultura de las celebridades no hay mayores diferencias entre países subdesarrollados y desarrollados.

El negocio del espectáculo mueve billones, la gente paga por ir al estadio, o compra los productos que usa su ídolo, o se hacen socios del club de sus amores para vivir estas extrañas vidas prestadas que son un clon de la propia realidad.

¿Y si realmente Lanús saliera campeón? ¿O Tigre? Sería una patada para el negocio. Una confirmación de aquel dicho que señala que "el deporte es demasiado negocio para ser sólo deporte, pero también demasiado deporte para ser sólo negocio".

La prensa europea también debate hoy sobre el riesgo cierto de que dos potencias líderes, como Inglaterra e Italia, no se clasifiquen a la Eurocopa. Sería, dicen, otro golpe de nocaut para el negocio. Es que así, guste o no, se mide ahora al deporte en casi cualquier análisis.

Esta imagen cobró fuerza con la definición polémica de la Fórmula Uno del 2008. La Gazzetta dello Sport, uno de los principales diarios deportivos del mundo, había advertido tres días antes del último Gran Premio de Brasil que el campeón de la temporada podía ser Kimi Raikkonen, de Ferrari. Sugirió abiertamente la posibilidad de un pacto según el cual Lewis Hamilton y Fernando Alonso no habían sido sancionados por el escándalo de espionaje a cambio de que resignaran sus chances de título.

"Después de la intolerable historia de espionaje en contra de Ferrari y luego de las discutibles e insatisfactorias sanciones de compromiso a McLaren, cualquier conjetura, cualquier suposición, cualquier teoría por más extraña que pueda parecer, suena lícita". Renato D´Ulisse, especialista en F-1 y autor del artículo, se jactó de su vaticinio tras el triunfo de Raikkonen. Consideró increíble el nuevo error de Hamilton, igual que el de China, y la mala estrategia de McLaren. Y señaló a Bernie Ecclestone como arquitecto de la maniobra. Recibió cientos de respuestas furiosas de los fanáticos de Ferrari, que reivindicaron el triunfo del piloto finlandés.

¿Podemos decir, sin más, que la F-1 protegió su negocio de seis mil millones de dólares engañándonos a todos? ¿Que eligió cuidar a sus nuevos dineros asiáticos y mantener la puja del campeonato hasta el final sin sancionar a los pilotos de McLaren pero obligándolos a ceder el título a manos de Ferrari?

Resulta en realidad intolerable la mera sospecha de que esto pueda haber sucedido. Igual que la todavía reciente y explosiva confesión final de Marion Jones de que también ella, igual que muchos campeones del atletismo, ganó sus medallas olímpicas y mundiales recurriendo al doping, aún cuando jamás dio positivo en algún control.

Se piensa también en las nuevas y continuas declaraciones de tenistas de peso admitiendo que saben de la existencia de maniobras para arreglar resultados de partidos. "La plaga de las apuestas clandestinas es peor que el doping", advirtió el mafioso arrepentido Michael Franzese, contratado para adoctrinar a los deportistas sobre los peligros del submundo de las apuestas, que también afectaron a la NBA.

El deporte está asumido como nunca antes como un fenómeno comercial. Poco importa ya a muchos la calidad deportiva. El rugby, de profesionalismo más reciente, privilegia discusiones económicas antes que las deportivas para ver de qué modo inserta a los Pumas dentro de su competencia internacional. La Argentina fue excluída en el 2009 de la Liga Mundial de vóleibol. ¿La razón? Porque carece de contratos de TV.

¿No estábamos hablando acaso de deporte? Ya se aceptan como normales decisiones que violan abiertamente cualquier principio de la competencia deportiva. Y sin que a nadie se le mueva un pelo. El ciclismo dirime títulos en los tribunales de justicia y en los laboratorios antidoping. Ninguno de sus campeones resulta hoy creíble. Y muchos diarios de Estados Unidos aún colocan entre astericos el récord de jonrones anotado este año por Barry Bonds, aceptando que la marca pudo haber sido lograda con doping.

Hasta hace años se miraba al boxeo como símbolo del deporte en crisis. Por su proliferación de siglas, títulos de cartón y peleas en hoteles de Las Vegas en manos de los apostadores. Estados Unidos, espejo inevitable, agregó desde hace tiempo a nivel de nuevo fenómeno de consumo sus campeonatos de lucha libre. La TV les da un lugar de privilegio. Pero, está claro, eso es puro circo. Un festival de esteroides anabólicos. El deporte como simple excusa. Lo único que interesa es el espectáculo. El problema es que ahora, salvando las distancias del caso, muchos otros deportes comienzan a parecerse al circo de la lucha libre.

"Los medios tienen su responsabilidad. Ellos también forman parte de ese espectáculo y lo que presentan como información no es más que alimento para el juego de los apostadores", afirmó el especialista estadounidense Gary Wiks. Lo dijo en Copenhague, en la edición 2002 del congreso Play the Game, un escenario que debate cada tres años la problemática del deporte moderno, el que definitivamente hoy va de la mano del negocio.



  • ¿Qué es periodismo deportivo?

Frases para pensar.

“Un periodista deportivo debe tener rigor periodístico, conocimiento sobre muchos deportes, y capacidad para interpretar y analizar todo el volumen de noticias e informaciones que genera el deporte en todo el mundo en la actualidad”… Juan Pablo Varsky.



Periodismo deportivo es la forma del periodismo que informa sobre temas relacionados con el deporte y los certámenes deportivos del interés de la opinión pública regional, nacional o internacional. Mientras en muchos medios de comunicación los periodistas dedicados al reportaje deportivo son llamados los profesionales del juego, en realidad esta área ha crecido en importancia a medida que el deporte mismo se ha convertido en un poder económico e influyente.

El periodismo deportivo es un elemento esencial de todas las organizaciones de la información en la actualidad. Existen incluso asociaciones y gremios influyentes de periodistas deportivos en los diferentes países e incluso a nivel regional e internacional que se dedican a la cualificación del oficio de transmitir información específicamente deportiva. De la misma manera, algunos medios de comunicación social se especializan sólo en información deportiva.

Entre los periódicos más destacados en Europa se encuentran L'Équipe en Francia, La Gazzetta dello Sport en Italia, Gazeta Sporturilor en Rumania y Sporting Life en Gran Bretaña. En Estados Unidos se destacan las emisoras Sports Illustrated y Sporting News y el canal de televisión ESPN.

Si hay una especialidad del periodismo en Argentina  donde se permite casi todo (más lo malo que lo bueno, más lo absurdo que lo lógico, más la falacia que la verdad), es el deportivo. Si bien, también se escuchan críticas, todo lo que traiga en su envase fútbol y otros deportes populares, se consume.

Fíjense que en las otras especialidades consideradas “serias” como el periodismo político, económico o social, si un profesional comete groseros errores, es sospechado de corrupción o critíca sin fundamentos, será escrachado, no sólo por la sociedad en general, sino por sus colegas en particular.

Hoy el desafío de un periodista deportivo es contar con un mayor caudal de información y una mejor formación general o cultural. Al menos para que pueda contextualizar un hecho deportivo con situaciones políticas, sociales o económicas que se relacionen.

La redacción de deportes

"El fútbol es sagrado", dice el negro Fontanarrosa, uno de los más locos aficionados al deporte de la pelota, viñetero y autor de culto en Argentina. "Si hubiera que ponerle la música de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol", dice. ¿Y cuántos más se apuntarían?

Así es el fútbol y casi todo el deporte. O te gusta, o no. O disfrutas viendo gente correr tras una pelota, la toquen con las manos o con los pies, y te recorre un escalofrío cuando un ciclista desmaya la decepción de un gol en contra o una carrera perdida.

Los diarios deportivos son los más vendidos. Las secciones de deportes son las más leídas hasta en los  periódicos más pequeños. La radio casi no existiría sin deporte. Arrasa el fútbol en la tele y las retransmisiones deportivas son una apuesta segura para los programadores.
Y a pesar de todo el periodismo deportivo no encandila. Muchos aficionados, y entre ellos los más exigentes, se quejan de su endeblez, de su baja calidad, de la existencia de pocas firmas y voces con las que valga la pena detenerse.

Hay muchos periodistas deportivos muy conocidos, pero pocos son valorados por su calidad y se alude más a sus filias y fobias, a su simpatía o a cuándo le partimos las piernas, por el dinero que ganan o lo muy de mano que tienen a un presidente de un equipo o de una federación.

En pocos temas se emplean tantas páginas y minutos. En pocos temas los directores y editores dejan tanta mano ancha y, sin embargo, la queja sobre la falta de originalidad, los tópicos, las fórmulas manidas, la verborrea... tienen tanta fuerza.

En ningún otro asunto la audiencia es tan permisiva (más, exigente) con la parcialidad y el sesgo. Y, a pesar de todo, busque en los manuales de periodismo y encontrará muy pocas líneas dedicadas al periodismo deportivo. Busque en las colecciones de lo mejor del periodismo y ocurrirá otro tanto.

Las secciones de deportes tienen criterios muy estrechos, están dominadas por previas de partidos y competiciones, ruedas de prensa con poco espacio para descubrir historias, detalles, personajes.

Están excesivamente condicionadas por los calendarios de la competición y apuran los temas recurrentes. Se centran mucho más en comentar que en hacer información. Esos son las conclusiones de un análisis realizado sobre la prensa y los medios hispanoamericanos.

Coinciden en mucho con otras críticas y levantan la voz de alarma sobre un periodismo atenazado por los calendarios, el marketing, los millones en juego y la respuesta pasional del público.

Por eso los prudentes analistas norteamericanos dicen que los resultados del estudio "no son buenos ni malos, pero están en marcado contraste con el periodismo que se hace en otras secciones" de los mismos medios.

Una afirmación quizá exagerada, porque una gran parte del resto de las secciones viven también en gran parte del periodismo de convocatoria, cubren con amplitud acontecimientos programados en detrimento de los inesperados y se alimentan hasta la indigestión de ruedas y notas de prensa.

Se identifican cinco lesiones principales en el periodismo deportivo:

  1. Nueve de cada diez informaciones son de acontecimientos de agenda (programados), sin espacio para la iniciativa de los periodistas.
  2. La información es muy parcial: sólo el 12% de las noticias presentan puntos de vista alternativos.
  3. Los grandes deportes saturan la información. En EE UU hay tres: béisbol, baloncesto y fútbol americano. En Argentina reina el fútbol. En Nueva Zelanda el rugby.
  4. Sin mujeres: sólo menos de un 5% de presencia en la información.
  5. Demasiada opinión frente a otras secciones.

Se suman y complementan a los vicios identificados en la prensa hispanoamericana:
  1. Sesgo excesivo: la pasión de la parcialidad ciega el juicio y el estilo.
  2. Exceso de cercanía a estrellas, clubes, dirigentes, agentes, intermediarios, etc.
  3. Minusvaloración del periodismo deportivo: rebaja de la calidad, los filtros y las exigencias.
  4. Mal estilo: tópico, repetitivo, falta de cuidado y exigencia.
  5. Exceso de fútbol frente al resto de deportes, incluso cuando no hay mucho que contar.
  6. Periodismo de estrellas, donde el informador se convierte en personaje y protagonista.
  7. Condicionado por las exigencias del negocio deportivo (y más, y más).
  8. Invasión de la opinión y del estilo opinativo en la información.
  9. Excesivo seguidismo de la televisión y los medios audiovisuales.

La especialización de Periodismo Deportivo no escapa a las características generales de esa profesión. El periodista deportivo también debe seleccionar los hechos de ese ámbito que considera más trascendentes para la comunidad en la que trabaja, narrarlos, describirlos, relatarlos o mostrarlos con la mayor veracidad y precisión posible. Incluso, muchas veces, está obligado a interpretar, sacar conclusiones, evaluar, proyectar y analizar episodios, que adquieren el rango de noticia porque así lo ha decidido la prensa.

Rapidez y precisión son requisitos indispensables para informar los episodios del deporte, signados también por la globalización y el vértigo informativo. El concepto de cercanía geográfica o psicológica de la noticia ha cambiado sustancialmente con las nuevas tecnologías, que acercaron los continentes y acortaron las distancias físicas y culturales.

Poco se sabía en la década del 70´ del fútbol español, italiano o turco, hoy futbolistas argentinos juegan en esas ligas y las transmisiones televisivas satelitales y las cadenas deportivas de TV acercan detalles de esas Ligas continuamente y fuerzan a la prensa gráfica a ocuparse del asunto. Se requiere más conocimiento y más capacitación para moverse con precisión en ese universo profesional.

Un periodista deportivo debe tener las herramientas necesarias para analizar correctamente los acontecimientos, sostener un juicio crítico y expresar y avalar sus opiniones. Para ello necesita conocer los fundamentos culturales, académicos, profesionales y sociales, que sustentan la labor periodística, más allá de la familiaridad que vincula al periodista con algún episodio determinado.

Para comprender e integrar en su totalidad el fenómeno deportivo es necesario dividirlo y estudiarlo en sus diferentes partes: el juego, la competencia, el espectáculo, la profesión, la actividad del aficionado que sueña con ser profesional, el jugador, el cuerpo técnico, la dirigencia, el espectador, el consumidor, la pasión, el temperamento, el liderazgo, las construcciones psicológicas y culturales.

El periodista deportivo debe saber evaluar el hecho deportivo, hacer un diagnóstico acertado y comunicarlo en forma eficaz y lo más objetivamente posible, conociendo el medio en que actúa, el público al que se dirige y las condiciones humanas y profesionales de los protagonistas.

Por todas estas razones la misión del periodista hoy requiere una formación sólida, que provea una amplia cultura general y promueva el pensamiento crítico de modo tal de ejercer con responsabilidad y eficacia su profesión.

¿Quiénes consumen periodismo deportivo?

Los medios se han desarrollado en torno al deporte, y gracias a su tecnología, el deporte se ha hecho global. Actualmente, el avance de la comunicación satelital permite que cada vez más gente tenga acceso a los eventos mundiales y a las ligas internacionales de manera instantánea, que los aficionados posean mayor información y que por lo tanto tengan una opinión más construida sobre el deporte y sus componentes.

 Un rasgo que también trae una exigencia superior tanto para los medios locales como para sus ligas y atletas. Y que ciertamente puede deteriorar el consumo de ambos: “la sensación de estar lejos de los empeines gloriosos se recrudeció cuando empezamos a ver goles por televisión satelital”. Es por esto que el deporte local debe incrementar su nivel y no rezagarse en el panorama mundial.

Un cambio asiduo que presupone la creación de una exigencia popular a través de los medios de comunicación, son los más manipulados porque son instrumentos para determinar la opinión pública, y que por lo tanto, necesitan la permeación de una credibilidad solamente realizable mediante la coalición de contenido generado fuera de sus instituciones.

Con la comunión de profesionistas periodísticos que interpreten el entorno deportivo del país correspondiente y procreen una evolución de ambos componentes: el deporte profesional y los medios de comunicación.

Actualmente, los medios de comunicación están pasando por un proceso de transformación tecnológica, donde los contenidos audiovisuales toman cada día mayor importancia. Entre los contenidos más demandados se encuentran precisamente los eventos deportivos y dentro de ellos los partidos de fútbol que ocupan un lugar preponderante en cualquier agenda de medios.

Esto refleja que es tiempo de propuestas novedosas, de una mayor preparación y seriedad dentro del aparato profesional que cubre al deporte. De la percatación de su importancia social en la construcción de una realidad diaria y de lo que económicamente resulta una fórmula win to win, una inversión creciente, que tiene pruebas de eficacia en los países que cuentan con infraestructuras deportivas de primer nivel, obligadas por un periodismo especializado de alta calidad.

Propaganda y publicidad

La publicidad actual forma parte del marketing que también estudia la forma del producto, la guerra de precios, el envase , etc. La propaganda fue surgiendo paulatinamente a través de los medios, generalmente es confundido con el concepto de publicidad.

La propaganda es la difusión de ideas políticas, filosóficas, morales, sociales o religiosas, es decir comunicación ideológica o valores culturales. Informa a la población, genera conciencia y modifica conductas. A pesar de que tanto la propaganda como la publicidad pretenden modificar la conducta de la gente, ésta se diferencia de la publicidad por su afán de lucro, es decir que no tiene fin comercial.

Pero en el periodismo deportivo se disfraza la publicidad como propaganda y una muestra de ello es lo siguiente:

  • Una vez logrado el primer efecto del anuncio (deportivo), llamar la atención, es necesario que esa atención no decaiga, despertando el interés de la misma. Este procedimiento también varía según se trate de publicidad oral o visual. En el primer caso, el anunciante (club) utiliza diálogos, referencias didácticas, narración, anécdotas, comentarios, etc. En el segundo, las alternativas son más amplias.

  • El anuncio (deportivo) debe mover a la acción a la persona, provocando su deseo de comprar (una entrada). El productor (DT) deberá ajustar el artículo al servicio de las necesidades que tiene la gente, despertando el deseo de comprar excitándolas y acentuándolas (ganar el juego).

  • Luego le cabe el rol de mantener el recuerdo, es decir excitar al sujeto de modo de hacerle producir imaginativamente los diferentes estados de ánimo provocados por los estímulos usados oportunamente en esas etapas anteriores.

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