Del
juego al espectáculo y del espectáculo al negocio.
¿Qué
es el periodismo deportivo?
La
redacción de deportes.
¿Quién
consume periodismo deportivo y qué espera?
Diferencia
entre prensa y propaganda.
Del juego al espectáculo y del
espectáculo al negocio
Frases para pensar.
Lo
más curioso de los deportes es que deberían propiamente ajustarse a la
definición de juego hacen todo lo posible por alejarse de ella y retomar
contacto con la realidad social de la que salieron y pretendieron alejarse.
1.- Del juego al espectáculo
No está claro cual fue el primer deporte practicado,
ni su intencionalidad. La huella más antigua e inequívoca de actividad
deportiva aparece en China en el 2.700 a. de JC. Se trata de formas de educación
física destinada a un propósito religioso, curar el cuerpo de enfermedades que
le impiden ser un firme servidor del alma. Un viejo proverbio chino afirma
"Hay que almacenar la fuerza para hacer un esfuerzo, no hacer esfuerzos
para llegar a ser fuerte"... concepción inversa a la que rije en la
actualidad. Otra inversión: los chinos, tras una competición deportiva,
ofrecían como premio una copa de vino, no al vencedor, sino al vencido, para
compensar su evidente debilidad física. En esa misma época se utilizaban las
competiciones de tiro con arco, realizadas ritualmente, para designar
funcionarios. Por esas fechas, los japoneses empezaron a desarollar los
primeros elementos del jiu-jitsu, basado en un conocimiento empírico de la
anatomía y de los puntos débiles de energía.
Al otro lado del océano los aztecas practicaban el
"tlatchitli", juego de pelota. Esta, extremadamente ligera, era
impulsada a golpes de nalga y cadera... Los persas y tibetanos del primer
milenio antes de Cristo jugaban a un antecedente del polo y para los primeros,
los muertos en la competición tenían el mismo destino que los guerreros caídos
en el campo de batalla: gozar junto a las "fravashi" (equivalente a
las walkirias nórdicas) en el Paraíso.
Los primeros juegos olímpicos
La ciudad de Olimpia estuvo situada en el
Peloponeso a 19 km.
del mar Jónico. Bañada por las aguas del mítico río Alfeo, en el valle donde se
edificó la ciudad existía un bosque sagrado de olivos plantados por Hércules.
La ciudad disponía de tres lugares de culto: el Templo de Zeus, el de Hera y el
pequeño estadio.
En el siglo IX a. de JC una epidemia hizo que el
rey Ifito consultara al oráculo de Delfos sobre la forma de librar a su pueblo
de la calamidad. La sacerdotisa vidente le respondió que los dioses
intervendrían a su favor si instituía los Juegos en la ciudad de Olimpia. Ifito
pactó con el rey de Esparta la inviolabilidad de Olimpia mientras duraran los
juegos sagrados.
Otra tradición atribuía la fundación de los juegos
a Hércules, hacia el 1500 a.
de JC. Hércules y sus cuatro hermanos corrieron 600 metros en línea
recta y el vencedor recibió una rama de olivo salvaje, único premio que, a
partir de ese momento obtendrían los atletas.
A partir del 776 se empezaron a registrar los
nombres de los vencedores. Se sabe con certeza que la única prueba era el
"dromo", carrera desarrollada a lo largo de 192,27 metros, al pié
del monte Kronion, al este del bosque sagrado. La unidad de medida era el
"pié de Hércules" de 32
cm., hecho que refleja la intención de equiparar el
vencedor de los juegos con el héroe mitológico.
A partir de esa fecha los Juegos Olímpicos no
hicieron más que engrandecerse en número de pruebas y en interés para el
público. Desde el 708 el "deporte rey" fue el penthalon (carrera,
disco, jabalina, salto y lucha). La carrera se desarrollaba a lo largo de los
"600 pies
de Hércules" y su punto de partida era el bosque sagrado. La lucha era
vertical, vencía quien conseguía poner la espalda de su contrario en contacto
con el suelo por dos veces. A partir del 520 a. de JC se instituyó la carrera con armas,
más tarde el pugilato y la carrera de carros.
Antes de comenzar las pruebas, los atletas
prestaban juramento en el templo de Zeus. Durante siglos solo pudieron competir
los hombres libres y el vencedor, una vez obtenida la rama de olivo, ofrecía
sacrificios a los dioses. Al igual que en las celebraciones mistéricas, las
mujeres no tenían acceso a los Juegos, ni como público, ni compitiendo.
Poco a poco, cada centro espiritual griego fue
instituyendo sus propios Juegos en honor de los distintos dioses y diosas del
Olimpo. A pesar de que frecuentemente las ciudades griegas se vieron enzarzadas
en disputas, el período de celebración de los juegos era sagrado para todos.
Roma "pan y circo"
La belicosidad romana fue superior a la griega y,
por tanto, no es de extrañar que los juegos romanos tuvieran una componente
violenta más acusada, desarrollada a partir de algunas características del
pugilato heleno. Esparta parece haber practicado por vez primera el boxeo. Los
soldados espartanos combatían con escudo pero sin casco y su entrenamiento les
enseñaba a protegerse la cabeza de los golpes por medio de puñetazos. En los
Juegos Nemeos dos púgiles habían resistido todos los asaltos; para desempatar,
los jueces determinaron que se situaran frente a frente sin esquivar los
golpes. Uno de ellos golpeó al otro en la cabeza, pero este resistió y
respondió con un golpe en el bajo vientre que reventó y arrancó las entrañas de
su adversario. Los jueces coronaron vencedor al cadáver y expulsaron al
luchador indigno.
Tras la conquista de Grecia y la incorporación de
buena parte de las costumbre helénicas a la romanidad, los juegos adquirieron
una componente guerrera. Siguió habiendo pruebas atléticas pero se introdujeron
carreras de carros, bigas o cuádrigas y, sobre todo, combate de gladiadores.
Las armas de los gladiadores tenían todas un origen
sagrado. La red y el tridente del "reciario" aludían a Neptuno y al
signo de Piscis, mientras que su oponente el "mirmidón" utilizaba
espada y coraza, atributos de Cáncer. Cáncer y Piscis están en trígono
(separación de 120º en el Zodíaco) con Escorpio, regido por Marte, el dios de
la guerra.
Hacia finales del siglo III, los juegos romanos
estaban en franca decadencia, no tanto por la brutalidad de algunas prácticas,
como por el carácter masificado (el estadio de Roma tuvo capacidad para 250.000
espectadores) que fueron adquiriendo. Filostrato nos pinta así la situación
"Unos atletas convierten su gloria en moneda para satisfacer sus
necesidad. Otros pagan para obtener un vitoria fácil que su afemina vida no les
concedería. No exceptúo a los entrenadores de esta corrupción; están dominados
por espíritu de lucro. No se preocupan de la gloria de los atletas. No son más
que mercaderes del valor atlético".
Al descenso de la tensión religiosa de los juegos,
debía seguir la acción del cristianismo.
Cristianismo y furor antideportivo
La llegada del cristianismo supuso la introducción
de valores nuevos en Roma. Los primeros cristianos reprobaban el culto a la
fuerza física y a la victoria como manifestaciones del paganismo.
El emperador Teodosio, tras su conversión al
cristianismo, asesinó en el 390
a diez mil helenos sublevados, entre los que se
encontraban muchos cristianos. Ambrosio, obispo de Milán, le exigió como
penitencia la supresión de los Juegos. El edicto imperial publicado en el 393
supuso una nueva etapa en la lucha contra el paganismo.
El odio de la religión naciente hacia los Juegos
del Circo derivaba de la creencia en que el pecado procede de la carne. El
cristianismo vió en los Juegos una manifestación del paganismo, y en los
atletas, un culto al cuerpo y al esfuerzo físico, considerado como vanidad por
la nueva religión. Sostenían que embellecer el cuerpo mediante el deporte era
arriesgarse a perder el alma. Los Juegos, por lo demás, robaban tiempo para
dedicarlo a la oración.
El ocio de la caballería medieval
La Edad Media surgió de la aportación de sangre
nórdico-germánica a la romanidad. Esto modificó algunos aspectos problemáticos
del cristianismo primitivo. Cuando, a partir del siglo XI, la cristiandad quedó
estabilizada, volvieron a imponerse, entre la nobleza, las costumbres propias
de Roma. Ernest Renan tenía razón al afirma que "la caballería fue una
revuelta de los sentimientos varoniles del heroísmo contra el sentimiento
femenino del cristianismo". En el ideas caballeresco hay que buscar las
raíces profundas del espíritu deportivo.
Los juegos del circo se transformaron en torneos.
La formación caballeresca se realizaba en tres ciclos de siete años (3 x 7 =
21, número de los Arcanos del Tarot): hasta los 7 años el niño era paje, de los
7 a los 14
recibía el grado de escudero y entre esa edad y los 21 años recibía el
"espaldarazo" de caballero. Como paje ya era adiestrado en equitación
y esgrima. Su primer deporte era la caza. A partir de ser elevado a caballero
podía participar en los torneos y justas. A pesar de estar cubierto de
protecciones y defensas, las heridas graves y los muertos solían ser el pan de
cada día en los torneos. Se cuenta que uno de estos juegos acarreó la muerte de
sesenta caballeros.
La antigua idea clásica del torneo como
acontecimiento sagrado, seguía presente. La lucha era concebida como deporte y
el vencedor como un ser apoyado por Dios.
La degeneracion del deporte: del ocio a
las masas
En las "Etimologías" de San Isidoro se encuentra
la primera mención al juego de pelota (año 630). Las miniaturas de Alfonso X
(siglo XIII) representa una escena que indica la popularidad de dicho juego. Y
en el "Código de las Siete Partidas" se prohibe a los clérigos jugar
a la pelota.
El llamado juego de la palma puede ser considerado
hasta cierto punto como antecedente lejano de algunos deportes actuales de
competición por equipos. Se practicaba en los fosos de las ciudades y castillos
o en salas contiguas a las catedrales
A partir del siglo XIV, para prevenir el mal
tiempo, algunos de estos deportes pasaron a ser practicados en locales
cerrados. En el siglo XVI llegaron a haber 200 pistas y salas deportivas en
París. La lucha siguió practicándose en algunas de ellas, extremadamente codificada.
Así como en torneos y justas la componente sagrada
seguía presente, en el juego de pelota, en el de la palma o en otros similares,
se trataba simplemente de cubrir horas de ocio de los participantes.
Hacia finales de la Edad Media el carácter
sagrado del deporte ha desaparecido completamente y se ha transformado en una
actividad profana. Este carácter irá acentuándose progresivamente. A partir del
siglo XVIII aparecerán muchos juegos inventados para deleite de la burguesía
naciente. En el primer tercio del siglo XX, muchos alcanzarán el rango de
"deportes de masas" que irá acentuándose con el paso de los años.
Estamos muy lejos de los orígenes del deporte...
El deporte y la victoria: manifestaciones
de lo sagrado
Este recorrido a través de la historia nos enseña
que hasta el Renacimiento, el deporte era una manifestación de lo sagrado. Es
más, lo sagrado estaba en el origen del deporte.
Si dividimos las civilizaciones en dos grandes
categorías, tradicionales y modernas, veremos que en las primeras, el deporte,
como todas las actividades, se consideraba como una forma de vivir la acceso a
la trascendencia. La experiencia espiritual se podía alcanzar mediante el
deporte y la presencia de la divinidad podía percibirse en el vencedor.
Por el contrario, en las civilizaciones modernas el
deporte es concebido como una forma individual de ocio, o como un espectáculo
de masas en el curso del cual se produce una especie de catarsis colectiva.
En las civilizaciones tradicionales, el atleta
vencedor demostraba, a través de la victoria una cualidad superior y una fuerza
en la que se percibía el contacto con la divinidad. El vencedor era un
"hombre realizado", que evidenciaba su calidad sobrehumana mediante
el triunfo en la competición o en el combate (caso de los juegos de
gladiadores). En las civilizaciones modernas, por el contrario, el protagonismo
se ha desplazado. Lo importante no es que un sujeto manifieste las cualidades
del vencedor a través de una técnica particular, sino que lo significativo
sucede en las graderías. No es el deportista quien se realiza, sino los
espectadores que disuelven su personalidad, en la masa que les rodea. Se diría
que en las grandes manifestaciones deportivas actuales se forma un ente
colectivo que está por encima de las personalidades individuales de cada uno de
los espectadores y las anula; sus reacciones están sometidas a los estímulos
que perciben en el terreno de juego o en la pista deportiva.
Ciertamente, el estadio de Olimpia tenía capacidad
para 30.000 espectadores y hay que pensar que también allí se trataba, en
cierta forma, de un espectáculo de masas. La diferencia era que el público
acudía para presenciar un espectáculo religioso exaltante en la que los
deportistas ofrecían la posibilidad de ver a un dios encarnado en la figura del
vencedor
Hoy, el deporte es una profesión en la que
solamente cuenta la técnica y la ficha deportiva. No sin razón alguién ha
podido calificar a los futbolistas actuales como mercenarios; en efecto, su
presencia en uno u otro club es un problema exclusivamente contractual.
La humanidad antigua estaba persuadida que el
atleta vencedor, como el guerrero, habían adquirido esta cualidad en la medida
en que dios "estaba en ellos" y les otorgaba cualidades no accesibles
para el resto de la población.
En esta creencia encuentran justificación
instituciones tan diversas como los "juicios de Dios" o la tortura.
En efecto, la fuerza, la victoria, solo podían estar presentes en quien se
identificada con la "Verdad". Tal identificación situaba al sujeto
protagonista en una situación radicalmente diferente al resto de la humanidad y
le posibilitaba para obtener resultados que desafiaban las leyes de la física:
si el torturado decía la verdad era imposible que sufriera dolor, Dios lo
protegía; si el caballero vencía en un torneo o accedía a encerrarse desarmado
en una jaula de leones y salía indemne, es que la presencia de la divinidad se
manifestaba en él. Y otro tanto ocurría con el vencedor en el estadio.
El deporte de ayer y el de hoy son cualitativamente
diferentes. Sin embargo, mediante las manifestaciones deportivas y, sobre todo
a través del esfuerzo de concentración, abandono de sí mismo, entrenamiento
continuo, es posible todavía, experimentar el deporte como una "Vía
Sagrada". Quizás no se forjen así deportistas de élite, pero quien siga
esta vía sabrá que tiene un alma y experimentará en sí mismo la sensación de la
trascendencia. No en vano muchos deportistas explican como en el curso de las
pruebas han atravesado por estados alterados de conciencia...
2.- El
Juego como espectáculo
Acéptese momentáneamente que, en efecto, juego es
un “universo marginal fuera de la realidad”. Es aquella leyenda de que los
griegos suspendían toda actividad, incluida la guerra, para concentrarse tan
sólo en las Olimpíadas.
Supongamos que así fuera y que únicamente “jugaban”,
esto es, que no seguían guerreando de otra manera y con otros medios más
directos. Pero semejante conducta puramente lúdica no es la que corresponde a
los espectáculos contemporáneos. Hágase abstracción de los jugadores, de los
atletas, de los deportistas directamente participantes; si actuasen en
solitario, esto es, sin público que los contemplase, sólo prepararían su
comportamiento (como en un entrenamiento o ensayo) para otro momento más importante:
cuando lo que hagan se convierta en espectáculo y el juego aislado pase a ser
juego compartido y juzgado por espectadores.
De siempre, toda actividad lúdica ha tenido como
finalidad la de ofrecerse en espectáculo; quizá el origen de todo sea el
comportamiento de los machos pavoneándose ante las hembras para que éstas, a la
vista de las diferentes excelencias y mediante el recurso comparativo, puedan
elegir partenaire sexual.
Como fuere, no hay juego sin público; prueba de que
el público es esencial al espectáculo es que cuando, por cualquier razón, se
han tenido que disputar encuentros deportivos a puerta cerrada, esto es, sin
público, no sólo ha decaído la calidad de la competencia, sino que en cierto
momento ha perdido su sentido. Aun así, es posible concebir (y de hecho, ha
sucedido más de una vez) que se celebre un partido de fútbol, por ejemplo, sin
público.
Ante todo,
es falso que sea realmente sin público; alguien lo ve; así sean los
preparadores y reservas de ambos equipos. Además, la competición colectiva de
dos equipos, con o sin público, produce un resultado, que permite calificar el
encuentro: alguien gana o ninguno gana.
En cambio, trátese de imaginar por un instante una
corrida de toros sin público: imposible, no tendría el menor sentido. Primero,
porque una corrida de toros no es juego que tenga que producir resultados,
desde el momento en que siempre es el mismo, pues aun suponiendo la excepcional
muerte del torero, éste no es nunca el resultado final de la corrida. Segundo,
porque quien participa del juego de los toros, tanto como el torero, es el
público; mejor dicho, el torero actúa para ser contemplado, apreciado y juzgado
por un público, el cual no va a ver resultados sino a considerar detalles de la
actuación, a degustar y comparar «jugadas». Y para ello, además de estar allí,
tiene que «saber de toros», ser entendido, como se dice; esto es, tiene que
participar con la misma intensidad emocional y mental que el torero, aunque,
por supuesto, con menos riesgo que éste.
Juego como, falsedad
Entonces: no hay juego sin público. Pero el
verdadero público en realidad jamás va a ver jugar, sino que va a ver ganar a
su equipo y, en ocasiones, ni siquiera eso: va a ver perder al otro equipo.
Esto es lo que marca la diferencia entre los toros y cualquier otra competencia
deportiva; en los toros, en principio, el público va a ver el espectáculo en
sí, puesto que sabe que el resultado siempre es el mismo. Claro que también ahí
puede introducirse el factor aberrante de ir sólo por preferir un torero a otro
y asistir entonces con la sola intención de aclamar el triunfo del favorito o
protestar el fracaso del rival.
De modo que todo juego, en tanto recreación de un
universo aparte, es una falsedad: porque lo que reproduce no queda aparte, sino
que se tiñe y mezcla con todas las pasiones e intereses que proceden del mundo
exterior y cotidiano, del que precisamente el juego, en tanto juego, pretendía
evadirse con su festiva y autónoma representación. Así, la falsedad de todo
juego es doble: no sólo porque siga reproduciendo la conducta social de cada
grupo, sino porque esa reproducción es estéril, no deja ningún beneficio, se
agota en sí misma, muere al terminar el juego. Vuélvase a la analogía bélica
para entenderlo mejor. Si el deporte es la continuación de la guerra por otros
medios, es una guerra que no deja ninguna ganancia, que no conduce a ningún
lugar, que no apunta a ninguna conquista real. El país que gana una guerra de
verdad, gana algo: o territorio o materias primas o poder. Pero el equipo que
gana un campeonato, nada gana desde el punto de vista del espectador, que es el
que ha transferido al espectáculo sus pasiones colectivas. Que los deportistas
ganen dinero sólo prueba que, en el juego social del enfrentamiento y las
rivalidades, a ellos les corresponde el papel de los mercenarios de los
antiguos ejércitos. Uno de los grandes avances (¿?) de la civilización
occidental ha consistido en condicionar al ser humano para luchar gratis en
batallas cuyos intereses le trascienden. Es un avance de la misma naturaleza
que el de los asalariados frente a los esclavos.
Fue menester
que la sociedad se apoderara de la voluntad de los trabajadores para que la
esclavitud se mudara en trabajo asalariado. De igual modo, los soldados
mercenarios disponían de la libertad de contratación, mientras que los modernos
soldados patriotas, de los diferentes servicios o conscripciones militares, no
la poseen: están obligados a pelear y además gratis, porque como lo hacen por
la patria, nadie les va a pagar, salvo, desde luego, la patria agradecida. Pues
bien, los jugadores de fútbol (o de béisbol o de básquet) se contratan
libremente como mercenarios que son y luchan con el entusiasmo limitado de todo
profesional: desempeñan un oficio, como el actor que cumple representando en el
teatro su papel.
¿Quiénes son, entonces, en los deportes modernos,
los patriotas que tienen que batallar gratis, sólo por amor a sus colores? Son
los espectadores, que, además de pagar por asistir, agregan la nota apasionada
de la verdadera batalla. Con ello, el centro de interés del juego se ha
desplazado del campo del espectáculo a las gradas y tribunas de los estadios.
El juego de fútbol (o de béisbol, etc.) es un juego que, en realidad, se juega
verdaderamente fuera de la cancha, en los puestos de los espectadores. Y, en
efecto, más de una vez ha sido así, con todo el trágico realismo.
Baste recordar el terrible caso del estadio belga,
con una pequeña guerra a muerte entre italianos e ingleses y supuestos
neutrales interpuestos. Si hubiera sido un accidente (una pared que se
derrumba, un incendio que se declara), no merecería mayor comentario; si se
habla de ello, es porque no hace sino ajustarse a la realidad del juego llevado
a cabo directamente y con toda la pasión participativa fuera del campo llamado
impropiamente de juego.
2.- Del espectáculo al negocio
El espectáculo del deporte es un enorme negocio,
alimentado por una multitud de personas que a falta de méritos propios, sufren
y gozan con los méritos ajenos. Se alegran y salen a gritar ¡ganamos! cuando
los actores ganan algún partido o muestran sus sentimientos más internos cuando
pierden.
Es una especie de vida prestada, donde se vibra con
lo que le pasa a otros sin tener real participación en el asunto. Entonces se interesan
en la vida de sus ídolos, se preocupan por los romances, rupturas, llegan a
quererlos como a su otro yo. Es un asunto mundial, en esto de la cultura de las
celebridades no hay mayores diferencias entre países subdesarrollados y
desarrollados.
El negocio del espectáculo mueve billones, la gente
paga por ir al estadio, o compra los productos que usa su ídolo, o se hacen
socios del club de sus amores para vivir estas extrañas vidas prestadas que son
un clon de la propia realidad.
¿Y si realmente Lanús saliera campeón? ¿O Tigre?
Sería una patada para el negocio. Una confirmación de aquel dicho que señala
que "el deporte es demasiado negocio para ser sólo deporte, pero también
demasiado deporte para ser sólo negocio".
La prensa europea también debate hoy sobre el
riesgo cierto de que dos potencias líderes, como Inglaterra e Italia, no se
clasifiquen a la
Eurocopa. Sería, dicen, otro golpe de nocaut para el negocio.
Es que así, guste o no, se mide ahora al deporte en casi cualquier análisis.
Esta imagen cobró fuerza con la definición polémica
de la Fórmula Uno
del 2008. La Gazzetta
dello Sport, uno de los principales diarios deportivos del mundo, había
advertido tres días antes del último Gran Premio de Brasil que el campeón de la
temporada podía ser Kimi Raikkonen, de Ferrari. Sugirió abiertamente la
posibilidad de un pacto según el cual Lewis Hamilton y Fernando Alonso no
habían sido sancionados por el escándalo de espionaje a cambio de que
resignaran sus chances de título.
"Después de la intolerable historia de
espionaje en contra de Ferrari y luego de las discutibles e insatisfactorias
sanciones de compromiso a McLaren, cualquier conjetura, cualquier suposición,
cualquier teoría por más extraña que pueda parecer, suena lícita". Renato
D´Ulisse, especialista en F-1 y autor del artículo, se jactó de su vaticinio
tras el triunfo de Raikkonen. Consideró increíble el nuevo error de Hamilton,
igual que el de China, y la mala estrategia de McLaren. Y señaló a Bernie
Ecclestone como arquitecto de la maniobra. Recibió cientos de respuestas
furiosas de los fanáticos de Ferrari, que reivindicaron el triunfo del piloto
finlandés.
¿Podemos decir, sin más, que la F-1 protegió su negocio de
seis mil millones de dólares engañándonos a todos? ¿Que eligió cuidar a sus
nuevos dineros asiáticos y mantener la puja del campeonato hasta el final sin
sancionar a los pilotos de McLaren pero obligándolos a ceder el título a manos
de Ferrari?
Resulta en realidad intolerable la mera sospecha de
que esto pueda haber sucedido. Igual que la todavía reciente y explosiva
confesión final de Marion Jones de que también ella, igual que muchos campeones
del atletismo, ganó sus medallas olímpicas y mundiales recurriendo al doping,
aún cuando jamás dio positivo en algún control.
Se piensa también en las nuevas y continuas
declaraciones de tenistas de peso admitiendo que saben de la existencia de
maniobras para arreglar resultados de partidos. "La plaga de las apuestas
clandestinas es peor que el doping", advirtió el mafioso arrepentido
Michael Franzese, contratado para adoctrinar a los deportistas sobre los
peligros del submundo de las apuestas, que también afectaron a la NBA.
El deporte está asumido como nunca antes como un
fenómeno comercial. Poco importa ya a muchos la calidad deportiva. El rugby, de
profesionalismo más reciente, privilegia discusiones económicas antes que las
deportivas para ver de qué modo inserta a los Pumas dentro de su competencia
internacional. La Argentina
fue excluída en el 2009 de la
Liga Mundial de vóleibol. ¿La razón? Porque carece de
contratos de TV.
¿No estábamos hablando acaso de deporte? Ya se
aceptan como normales decisiones que violan abiertamente cualquier principio de
la competencia deportiva. Y sin que a nadie se le mueva un pelo. El ciclismo
dirime títulos en los tribunales de justicia y en los laboratorios antidoping.
Ninguno de sus campeones resulta hoy creíble. Y muchos diarios de Estados
Unidos aún colocan entre astericos el récord de jonrones anotado este año por
Barry Bonds, aceptando que la marca pudo haber sido lograda con doping.
Hasta hace años se miraba al boxeo como símbolo del
deporte en crisis. Por su proliferación de siglas, títulos de cartón y peleas
en hoteles de Las Vegas en manos de los apostadores. Estados Unidos, espejo inevitable,
agregó desde hace tiempo a nivel de nuevo fenómeno de consumo sus campeonatos
de lucha libre. La TV
les da un lugar de privilegio. Pero, está claro, eso es puro circo. Un festival
de esteroides anabólicos. El deporte como simple excusa. Lo único que interesa
es el espectáculo. El problema es que ahora, salvando las distancias del caso,
muchos otros deportes comienzan a parecerse al circo de la lucha libre.
"Los medios tienen su responsabilidad. Ellos
también forman parte de ese espectáculo y lo que presentan como información no
es más que alimento para el juego de los apostadores", afirmó el
especialista estadounidense Gary Wiks. Lo dijo en Copenhague, en la edición
2002 del congreso Play the Game, un escenario que debate cada tres años la problemática
del deporte moderno, el que definitivamente hoy va de la mano del negocio.
- ¿Qué es periodismo deportivo?
Frases para pensar.
“Un
periodista deportivo debe tener rigor periodístico, conocimiento sobre muchos
deportes, y capacidad para interpretar y analizar todo el volumen de noticias e
informaciones que genera el deporte en todo el mundo en la actualidad”… Juan
Pablo Varsky.
Periodismo deportivo es la forma del periodismo que
informa sobre temas relacionados con el deporte y los certámenes deportivos del
interés de la opinión pública regional, nacional o internacional. Mientras en
muchos medios de comunicación los periodistas dedicados al reportaje deportivo
son llamados los profesionales del juego, en realidad esta área ha crecido en
importancia a medida que el deporte mismo se ha convertido en un poder
económico e influyente.
El periodismo deportivo es un elemento esencial de
todas las organizaciones de la información en la actualidad. Existen incluso
asociaciones y gremios influyentes de periodistas deportivos en los diferentes
países e incluso a nivel regional e internacional que se dedican a la
cualificación del oficio de transmitir información específicamente deportiva.
De la misma manera, algunos medios de comunicación social se especializan sólo
en información deportiva.
Entre los periódicos más destacados en Europa se
encuentran L'Équipe en Francia, La
Gazzetta dello Sport en Italia, Gazeta Sporturilor en Rumania
y Sporting Life en Gran Bretaña. En Estados Unidos se destacan las emisoras
Sports Illustrated y Sporting News y el canal de televisión ESPN.
Si hay una especialidad del periodismo en Argentina
donde se permite casi todo (más lo malo
que lo bueno, más lo absurdo que lo lógico, más la falacia que la verdad), es
el deportivo. Si bien, también se escuchan críticas, todo lo que traiga en su
envase fútbol y otros deportes populares, se consume.
Fíjense que en las otras especialidades
consideradas “serias” como el periodismo político, económico o social, si un
profesional comete groseros errores, es sospechado de corrupción o critíca sin
fundamentos, será escrachado, no sólo por la sociedad en general, sino por sus
colegas en particular.
Hoy el desafío de un periodista deportivo es contar
con un mayor caudal de información y una mejor formación general o cultural. Al
menos para que pueda contextualizar un hecho deportivo con situaciones
políticas, sociales o económicas que se relacionen.
La redacción de deportes
"El fútbol es sagrado", dice el negro
Fontanarrosa, uno de los más locos aficionados al deporte de la pelota,
viñetero y autor de culto en Argentina. "Si hubiera que ponerle la música
de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol", dice.
¿Y cuántos más se apuntarían?
Así es el fútbol y casi todo el deporte. O te
gusta, o no. O disfrutas viendo gente correr tras una pelota, la toquen con las
manos o con los pies, y te recorre un escalofrío cuando un ciclista desmaya la
decepción de un gol en contra o una carrera perdida.
Los diarios deportivos son los más vendidos. Las
secciones de deportes son las más leídas hasta en los periódicos más pequeños. La radio casi no
existiría sin deporte. Arrasa el fútbol en la tele y las retransmisiones
deportivas son una apuesta segura para los programadores.
Y a pesar de todo el periodismo deportivo no
encandila. Muchos aficionados, y entre ellos los más exigentes, se quejan de su
endeblez, de su baja calidad, de la existencia de pocas firmas y voces con las
que valga la pena detenerse.
Hay muchos periodistas deportivos muy conocidos,
pero pocos son valorados por su calidad y se alude más a sus filias y fobias, a
su simpatía o a cuándo le partimos las piernas, por el dinero que ganan o lo
muy de mano que tienen a un presidente de un equipo o de una federación.
En pocos temas se emplean tantas páginas y minutos.
En pocos temas los directores y editores dejan tanta mano ancha y, sin embargo,
la queja sobre la falta de originalidad, los tópicos, las fórmulas manidas, la
verborrea... tienen tanta fuerza.
En ningún otro asunto la audiencia es tan permisiva
(más, exigente) con la parcialidad y el sesgo. Y, a pesar de todo, busque en
los manuales de periodismo y encontrará muy pocas líneas dedicadas al
periodismo deportivo. Busque en las colecciones de lo mejor del periodismo y
ocurrirá otro tanto.
Las secciones de deportes tienen criterios muy
estrechos, están dominadas por previas de partidos y competiciones, ruedas de
prensa con poco espacio para descubrir historias, detalles, personajes.
Están excesivamente condicionadas por los
calendarios de la competición y apuran los temas recurrentes. Se centran mucho
más en comentar que en hacer información. Esos son las conclusiones de un
análisis realizado sobre la prensa y los medios hispanoamericanos.
Coinciden en mucho con otras críticas y levantan la
voz de alarma sobre un periodismo atenazado por los calendarios, el marketing,
los millones en juego y la respuesta pasional del público.
Por eso los prudentes analistas norteamericanos
dicen que los resultados del estudio "no son buenos ni malos, pero están
en marcado contraste con el periodismo que se hace en otras secciones" de
los mismos medios.
Una afirmación quizá exagerada, porque una gran
parte del resto de las secciones viven también en gran parte del periodismo de
convocatoria, cubren con amplitud acontecimientos programados en detrimento de
los inesperados y se alimentan hasta la indigestión de ruedas y notas de
prensa.
Se identifican cinco lesiones principales en el
periodismo deportivo:
- Nueve de cada diez informaciones son de acontecimientos de agenda (programados), sin espacio para la iniciativa de los periodistas.
- La información es muy parcial: sólo el 12% de las noticias presentan puntos de vista alternativos.
- Los grandes deportes saturan la información. En EE UU hay tres: béisbol, baloncesto y fútbol americano. En Argentina reina el fútbol. En Nueva Zelanda el rugby.
- Sin mujeres: sólo menos de un 5% de presencia en la información.
- Demasiada opinión frente a otras secciones.
Se suman y complementan a los vicios identificados
en la prensa hispanoamericana:
- Sesgo excesivo: la pasión de la parcialidad ciega el juicio y el estilo.
- Exceso de cercanía a estrellas, clubes, dirigentes, agentes, intermediarios, etc.
- Minusvaloración del periodismo deportivo: rebaja de la calidad, los filtros y las exigencias.
- Mal estilo: tópico, repetitivo, falta de cuidado y exigencia.
- Exceso de fútbol frente al resto de deportes, incluso cuando no hay mucho que contar.
- Periodismo de estrellas, donde el informador se convierte en personaje y protagonista.
- Condicionado por las exigencias del negocio deportivo (y más, y más).
- Invasión de la opinión y del estilo opinativo en la información.
- Excesivo seguidismo de la televisión y los medios audiovisuales.
La especialización de Periodismo Deportivo no
escapa a las características generales de esa profesión. El periodista
deportivo también debe seleccionar los hechos de ese
ámbito que considera más trascendentes para la comunidad en la que trabaja,
narrarlos, describirlos, relatarlos o mostrarlos con la mayor veracidad y
precisión posible. Incluso, muchas veces, está obligado a interpretar, sacar
conclusiones, evaluar, proyectar y analizar episodios, que adquieren el rango
de noticia porque así lo ha decidido la prensa.
Rapidez y precisión son requisitos indispensables
para informar los episodios del deporte, signados también por la globalización
y el vértigo informativo. El concepto de cercanía geográfica o psicológica de
la noticia ha cambiado sustancialmente con las nuevas tecnologías, que acercaron
los continentes y acortaron las distancias físicas y culturales.
Poco se sabía en la década del 70´ del fútbol
español, italiano o turco, hoy futbolistas argentinos juegan en esas ligas y
las transmisiones televisivas satelitales y las cadenas deportivas de TV
acercan detalles de esas Ligas continuamente y fuerzan a la prensa gráfica a
ocuparse del asunto. Se requiere más conocimiento y más capacitación para
moverse con precisión en ese universo profesional.
Un periodista deportivo debe tener las herramientas
necesarias para analizar correctamente los acontecimientos, sostener un juicio
crítico y expresar y avalar sus opiniones. Para ello necesita conocer los
fundamentos culturales, académicos, profesionales y sociales, que sustentan la
labor periodística, más allá de la familiaridad que vincula al periodista con
algún episodio determinado.
Para comprender e integrar en su totalidad el
fenómeno deportivo es necesario dividirlo y estudiarlo en sus diferentes
partes: el juego, la competencia, el espectáculo, la profesión, la actividad
del aficionado que sueña con ser profesional, el jugador, el cuerpo técnico, la
dirigencia, el espectador, el consumidor, la pasión, el temperamento, el
liderazgo, las construcciones psicológicas y culturales.
El periodista deportivo
debe saber evaluar el hecho deportivo, hacer un diagnóstico acertado y
comunicarlo en forma eficaz y lo más objetivamente posible, conociendo el medio
en que actúa, el público al que se dirige y las condiciones humanas y
profesionales de los protagonistas.
Por todas estas razones la misión del periodista
hoy requiere una formación sólida, que provea una amplia cultura general y
promueva el pensamiento crítico de modo tal de ejercer con responsabilidad y
eficacia su profesión.
¿Quiénes consumen periodismo deportivo?
Los medios se han desarrollado en torno al deporte,
y gracias a su tecnología, el deporte se ha hecho global. Actualmente, el
avance de la comunicación satelital permite que cada vez más gente tenga acceso
a los eventos mundiales y a las ligas internacionales de manera instantánea,
que los aficionados posean mayor información y que por lo tanto tengan una opinión
más construida sobre el deporte y sus componentes.
Un rasgo que
también trae una exigencia superior tanto para los medios locales como para sus
ligas y atletas. Y que ciertamente puede deteriorar el consumo de ambos: “la
sensación de estar lejos de los empeines gloriosos se recrudeció cuando
empezamos a ver goles por televisión satelital”. Es por esto que el deporte
local debe incrementar su nivel y no rezagarse en el panorama mundial.
Un cambio asiduo que presupone la creación de una
exigencia popular a través de los medios de comunicación, son los más manipulados porque son
instrumentos para determinar la opinión pública, y que por lo tanto, necesitan
la permeación de una credibilidad solamente realizable mediante la coalición de
contenido generado fuera de sus instituciones.
Con la comunión de profesionistas periodísticos que
interpreten el entorno deportivo del país correspondiente y procreen una evolución
de ambos componentes: el deporte profesional y los medios de comunicación.
Actualmente, los medios de comunicación están
pasando por un proceso de transformación tecnológica, donde los contenidos
audiovisuales toman cada día mayor importancia. Entre los contenidos más
demandados se encuentran precisamente los eventos deportivos y dentro de ellos
los partidos de fútbol que ocupan un lugar preponderante en cualquier agenda de
medios.
Esto refleja que es tiempo de propuestas novedosas,
de una mayor preparación y seriedad dentro del aparato profesional que cubre al
deporte. De la percatación de su importancia social en la construcción de una
realidad diaria y de lo que económicamente resulta una fórmula win to win, una inversión creciente, que tiene pruebas
de eficacia en los países que cuentan con infraestructuras deportivas de primer
nivel, obligadas por un periodismo especializado de alta calidad.
Propaganda y publicidad
La publicidad actual forma parte del marketing que
también estudia la forma del producto, la guerra de precios, el envase , etc.
La propaganda fue surgiendo paulatinamente a través de los medios, generalmente
es confundido con el concepto de publicidad.
La propaganda es la difusión de ideas políticas,
filosóficas, morales, sociales o religiosas, es decir comunicación ideológica o
valores culturales. Informa a la población, genera conciencia y modifica
conductas. A pesar de que tanto la propaganda como la publicidad pretenden
modificar la conducta de la gente, ésta se diferencia de la publicidad por su
afán de lucro, es decir que no tiene fin comercial.
Pero en el periodismo deportivo se disfraza la
publicidad como propaganda y una muestra de ello es lo siguiente:
- Una vez logrado el primer efecto del anuncio (deportivo), llamar la atención, es necesario que esa atención no decaiga, despertando el interés de la misma. Este procedimiento también varía según se trate de publicidad oral o visual. En el primer caso, el anunciante (club) utiliza diálogos, referencias didácticas, narración, anécdotas, comentarios, etc. En el segundo, las alternativas son más amplias.
- El anuncio (deportivo) debe mover a la acción a la persona, provocando su deseo de comprar (una entrada). El productor (DT) deberá ajustar el artículo al servicio de las necesidades que tiene la gente, despertando el deseo de comprar excitándolas y acentuándolas (ganar el juego).
- Luego le cabe el rol de mantener el recuerdo, es decir excitar al sujeto de modo de hacerle producir imaginativamente los diferentes estados de ánimo provocados por los estímulos usados oportunamente en esas etapas anteriores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario