Deporte
amateur y profesional.
Deportes
individuales y de equipo.
Reglamentos
de deportes y de competiciones (cartillas prácticas).
Especializaciones
deportivas (cartillas prácticas).
- Deporte amateur y profesional.
Frases para pensar.
El
deporte profesional es aquel que ha llegado a la suficiente perfección para que
le paguen y puedan vivir de él. El amateur es el que recién se inicia y está
aprendiendo. También hay deportes que por su poca popularidad no llegan a ser
profesionales.
El
deporte profesional es el que lleva implícito el cobro de emolumentos por su
práctica. El amateur en casi todas las Federaciones se distingue por la
prohibición de cobrar por su práctica, salvo algunas excepciones.
Más
que cobrar o no cobrar se distinguen por si cobras lo suficiente para vivir del
deporte, teniendo un contrato con un club o simplemente es una ayuda, en forma
de becas, dietas, etc.
La génesis del deporte
Desde unas posiciones de partida similares, Pierre
Bordieu trata de explicar las principales causas de la génesis y del desarrollo
del deporte a partir de las necesidades educativas de las clases sociales
dominantes y del significado con que se concibió la práctica deportiva entre
las mismas.
Para Bordieu (1993:61 y ss.), la transición de los
pasatiempos populares a deportes tuvo lugar en el seno de las Publics Schools inglesas, instituciones educativas
masculinas propias de la aristocracia y de la alta burguesía. Según el
planteamiento de este autor, la re-creación que se da en dichas instituciones
de la práctica de actividades físicas y de pasatiempos tradicionales incorpora
aspectos propios de tales instituciones, y de los valores y modos sociales de
las clases dominantes que eran transmitidos a sus hijos para su formación, lo
que incrementaba la diferencia de significado que tales actividades y
pasatiempos tenían entre las capas bajas de la población (como por ejemplo, las
fiestas agrarias o los juegos rituales).
Así, la propensión de las elites hacia actividades
sin propósito utilitario alguno y su, al menos aparente, apatía y
distanciamiento emocional de los intereses materiales se refleja en lo que se
conoce como «fair play», que, como expresa el propio Bordieu (1993:63),
"... es la forma de jugar propia de aquellos que no se dejan llevar por el
juego hasta el punto de olvidar que es un juego", actitud que contribuye a
que el deporte se convierta, en las Publics Schools, en una forma de aumentar
el coraje, de desarrollar el carácter y de inculcar la voluntad de ganar,
siempre dentro del mayor respeto a las reglas, como disposición aristocrática
opuesta a la búsqueda plebeya de la obtención de la victoria a toda costa.
En lo que se refiere a la evolución que se da en el
deporte, que pasa de ser una práctica elitista concebida y reservada para los
«amateurs», a ser una práctica popularizada entre la clase trabajadora y un
espectáculo producido por profesionales para el consumo de las masas, tal
evolución se deriva, según Bordieu (1993:71), de la extensión de las propias
funciones que fundamentaron inicialmente su "invención" en las
Publics Schools inglesas: la movilización, ocupación y control de los
estudiantes.
Para comprender la popularización del deporte y el
enorme crecimiento de las asociaciones deportivas -organizadas en primer
término de manera privada y voluntaria, y posteriormente reconocidas, apoyadas
y ayudadas (económicamente en muchos casos) por las autoridades públicas- hay
que percatarse de su predisposición inicial para el cumplimiento de las
funciones señaladas anteriormente y de sus enormes posibilidades de convertirse
en un instrumento de control social extremadamente económico.
Tales
factores convierten al deporte en un objetivo de enorme valor instrumental para
todas las organizaciones e instituciones organizadas, en mayor o menor medida,
para la movilización y conquista simbólica de la juventud y de las clases
trabajadoras, con diversos fines más o menos explícitos.
Por otra
parte, el tránsito del deporte desde las escuelas de elite a las asociaciones
deportivas de masas ha ido acompañado, de acuerdo con Bordieu (1993:73), de un
cambio en las funciones y significado que los organizadores y los propios
deportistas asignan a la práctica deportiva, así como de una transformación en
la lógica de dicha práctica, coherente con la transformación de las
expectativas y demandas del público y de los practicantes.
El propio Bordieu ilustra esta cuestión aludiendo
al hecho de que la exaltación del espíritu de lucha o de equipo tenía diferente
significado para un adolescente perteneciente a la burguesía o a la
aristocracia de las Publics Schools inglesas -el cual prácticamente no
contempla la posibilidad de una carrera profesional deportiva- que para el hijo
de un obrero o de un miembro de la clase media baja, para el que el deporte
constituye una de las pocas vías de movilidad social.
Para este
autor, todo parece indicar que la posibilidad de promoción y de prestigio
social que ofrece el deporte a las clases trabajadoras las lleva a introducir
en la práctica deportiva unos valores e intereses acordes con las demandas de
profesionalización -o de aparente "amateurismo"- y de racionalización
y sistematización de los entrenamientos para la práctica deportiva, con vistas
a la obtención de una eficiencia específica máxima que permita la consecución
de récords, victorias o títulos.
De acuerdo con lo anterior, esta posibilidad de
promoción social que ofrece la competición deportiva se convierte en uno de los
factores más importantes que justifican y favorecen la creación y desarrollo de
una necesidad social de práctica deportiva y de todos los medios y recursos
necesarios para ello (equipamientos, personal, servicios...).
La satisfacción de tal necesidad -"socialmente
constituida", en palabras de Bordieu- por parte de la burguesía o pequeña
burguesía local permite alcanzar, acumular o mantener un capital político de
honorabilidad, de liderazgo y de servicio social que siempre es potencialmente
transformable en poder político.
Hecha esta
breve revisión en torno a las diversas posiciones teóricas desde las que se ha
abordado el estudio del origen y la génesis del deporte moderno se tratará
ahora de ampliar y profundizar en algunas de las cuestiones ya apuntadas, que
han ido configurando su evolución como práctica profesional y como práctica
popular.
Del deporte amateur al deporte profesional
De
acuerdo con lo expuesto hasta ahora, si por un lado puede aceptarse la idea de
que en sus orígenes modernos la práctica de los nuevos deportes por las elites
sociales ofrecía a los participantes y los espectadores sensaciones
placenteras, catárticas, liberadoras..., que hacían de dicha práctica una
actividad valiosa en sí misma de gran aceptación, por otro lado también puede
afirmarse que desde esos mismos orígenes -y de forma paralela- tales prácticas
deportivas fueron rápidamente instrumentadas por las mismas elites sociales que
las crearon a partir de sus pasatiempos tradicionales en su propio beneficio.
Así, es muy posible que la inmediata percepción del gran valor intrínseco y
aceptación que tenían los nuevos deportes tuviera mucho que ver con el gran
apoyo que recibieron, con su multiplicación en nuevas formas deportivas, y con
la gran difusión que se les dio por la clase dominante como medio de satisfacer
sus propios intereses.
En
efecto, como se ha señalado en el apartado anterior, la práctica deportiva pudo
servir, desde sus comienzos, para fines ideológicos, económicos y políticos, no
sólo por la distinción de clase que el carácter exclusivo de dicha práctica
proporcionaba a las elites sociales, sino también en otros sentidos como, por
ejemplo, contribuyendo a la pacificación social de Inglaterra y a la adopción
de modos de conducta cívica necesarios para el progreso social y político
(Elías, 1992), o cumpliendo una función de control y formación moral de los
alumnos de las Publics Schools, destinados a formar en el futuro parte de la
clase dirigente (Bordieu, 1993; Barbero González, 1993). Asimismo, también se
ha de considerar la utilización que se hizo del deporte como medio para la
inversión económica en un sentido recreativo o lucrativo, ya sea a través de la
realización de apuestas o del patrocinio de los competidores por los premios o
recompensas (Mandell, 151 y ss.; Elias y Dunnig, 1992:172, 262). En este
sentido puede decirse que tal utilización de la práctica deportiva supuso el
primer paso hacia la evolución del deporte como espectáculo y hacia la
profesionalización de los deportistas.
El
comienzo de la industrialización en la sociedad inglesa y en otros países del
continente, con todo lo que ella implicó a la larga -mejora de las condiciones
de vida de los trabajadores, desarrollo urbano, multiplicación de los medios de
transporte y comunicación, crecimiento demográfico, evolución y consolidación
de los sistemas democráticos, aparición de nuevos valores sociales como
eficiencia, productividad, competitividad... -, constituyó un hecho fundamental
para la evolución del deporte en todos sus aspectos y para su expansión
internacional.
A finales del siglo XIX y principios del XX comenzó
a tener lugar una creciente profesionalización de las prácticas deportivas,
hecho que hasta entonces no había constituido una amenaza para la exclusividad
con que se entendía y practicaba el deporte por las elites sociales. Ello
supuso el acceso a las mismas de personas de baja condición social, como
organizadores, como jugadores y como espectadores, lo que dio lugar a la
aparición de una ética del deporte de afición como ideología elaborada y
definida.
Mediante tal ética se trataba de mantener formas de
participación deportiva que fueran exclusivas de las clases dominantes, frente
al pujante deporte profesional, cada vez con mayores apoyos y posibilidades
económicas y financieras, más espectacular, más orientado hacia la búsqueda de
sistemas y planes de entrenamiento que proporcionasen un mayor rendimiento, y con
unos protagonistas muchos más motivados hacia el triunfo en los que
predominaban otros valores más acordes con los propios de la sociedad
industrial.
Esta concepción ideológica del deporte, como
práctica amateur supuestamente repleta de valores morales (carácter, fuerza de
voluntad, disciplina, respeto a las reglas...), surge en sus comienzos, según
señala Bordieu (1993:63 y 65), como parte de un "ideal moral" propio
de las clases dominantes, y fue recogida, reconceptuada, replanteada y difundida
internacionalmente por Pierre de Coubertin.
En efecto, Coubertin, admirador de la cultura
griega y del planteamiento del deporte que llevó a cabo Arnold en su Public
School, y a quien se considera fundador de los Juegos Olímpicos y principal
artífice de la Carta
Olímpica4, difundió a finales del siglo pasado y comienzos
del presente, una concepción del deporte como una cultura muscular, amateur,
caballerosa, distante de la necesidad, ética, donde lo que importa
esencialmente no es ganar sino esforzarse para ello (Barbero González,
1993:37). Asimismo, Coubertin consideraba al deporte como un medio educativo de
primer orden para la juventud, y como una forma de intercambio y aceptación
cultural entre los distintos pueblos y de promover la paz y la amistad entre ellos,
al margen de las diferencias de raza, sexo, religión, clase social o sistema
político.
Ahora bien, como apunta Mandell (1986:210),
Coubertin era consciente, por un lado, de que la práctica y los logros
obtenidos en la práctica amateur del deporte atraían a escasos seguidores, y
por otro, de que la atracción por el lado festivo de las cosas era
prácticamente universal. Por ello mismo, procuró que casi todas las
manifestaciones vinculadas al mundo deportivo apareciesen adornadas de un
ambiente alegre y festivo (desfiles de antorchas, fuegos artificiales,
representaciones musicales, discursos retóricos...) que atrajera a la mayor
cantidad posible de público y de medios de comunicación. No obstante, este
ambiente espectacular de que se dotó a los Juegos Olímpicos modernos casi desde
sus comienzos, y el carácter de espectáculo internacional de masas que
alcanzaron a partir de los Juegos de 1908 que tuvieron lugar en Londres, fue
aprovechado rápidamente para satisfacer sus propios intereses por los políticos,
funcionarios y empresarios con los que Coubertin negociaba para obtener las
ayudas necesarias para la restauración y consolidación de los Juegos Olímpicos
como manifestación deportiva internacional de carácter regular.
Desde esta perspectiva, por tanto, puede decirse
que los Juegos Olímpicos -y, de manera paralela, toda manifestación deportiva
de masas- han constituido casi desde sus inicios un gran escaparate en el que
convergen intereses políticos y económicos, y en el que subyace la ideología de
los países más avanzados política, económica e industrialmente (Barbero
González, 1993:35). Las rivalidades nacionales y los intentos por demostrar una
supremacía en dichos aspectos a través del espectáculo deportivo dieron lugar a
que los gobiernos de los países participantes comenzasen una carrera por la
obtención de medallas y trofeos que pusiesen de manifiesto tal superioridad, o
al menos, la pertenencia al grupo de países más avanzados. Inicialmente, el
deseo de vencer en dicha pugna se puso de manifiesto en hechos tales como, por
ejemplo, los sucedidos durante los juegos de 1908, en Londres, donde la gran
rivalidad entre los atletas británicos -pertenecientes a las clases altas del
país- y los atletas estadounidenses llevó a la realización de trampas por parte
de los jueces británicos (Mandell, 1986:215). Posteriormente, la necesidad de
victorias que acreditasen la superioridad política, cultural, económica e
industrial llevó a los gobiernos al desarrollo de sistemas y de medios para la
concesión de ayudas estatales de distinto tipo cada vez más importantes, tanto
a los deportistas olímpicos como a las instituciones oficiales encargadas de
organizar y supervisar su preparación.5
Paralelamente, los cambios socioculturales y
económicos que trajo consigo el desarrollo industrial propiciaron e impulsaron
el desarrollo del deporte como profesión, que, como se ha expuesto
anteriormente, hasta entonces había estado en manos de las elites sociales,
como práctica de afición. A este respecto cabe considerar que, por un lado, las
grandes restricciones que las sociedades urbanas industriales imponen en la
conducta cotidiana y en la expresión de las emociones de la población
despiertan una intensa necesidad de actividades recreativas que puedan
compensar los efectos de tales restricciones en la vida diaria, y el
espectáculo deportivo, precisamente, contiene todos los ingredientes necesarios
para producir efectos catárticos y liberadores en los espectadores (Elias y
Dunning, 1992:65, 267).
Por otro lado, también se ha de tener en cuenta que
dicha idoneidad del espectáculo deportivo para atraer y apasionar a las masas,
junto con otros factores tales como el gran desarrollo que progresivamente iban
adquiriendo los medios de transporte, la cada vez mayor influencia y presencia
de los medios de comunicación en la vida de las personas, el aumento progresivo
de la capacidad de consumo de la clase trabajadora, la creciente
internacionalización y espectacularidad de los enfrentamientos deportivos...,
constituyeron poderosos motivos que iban haciendo del espectáculo deportivo una
actividad que ofrecía cada vez mayores posibilidades de éxito comercial,
empresarial e industrial.
En este
contexto va emergiendo y consolidándose la figura del deportista profesional en
una doble vertiente. Por un lado, el éxito deportivo supone una forma de
promoción social, de adquisición de fama, de prestigio y de enriquecimiento
económico, lo que origina que una gran cantidad de individuos de clase social
baja o media opte por dirigir sus esfuerzos en esta dirección de manera
exclusiva y asumiendo los valores y hábitos de conducta necesarios para
alcanzar el éxito. Por otro lado, el deportista profesional, como señala Brohm
(1993:49), se convierte en un asalariado de su club y de firmas comerciales,
supeditando su cotización en el "mercado deportivo" a su capacidad de
proporcionar beneficios económicos o publicitarios a través de sus éxitos y a
las leyes de la oferta y la demanda de dicho mercado.
En este
sentido, el deportista profesional puede ser considerado, en su formación y en
su posterior consolidación dentro de la sociedad industrial, como una inversión
empresarial -respaldada económicamente para proporcionarle tanto los mejores
técnicos (entrenadores), como los últimos adelantos científicos y tecnológicos
para su preparación y para que pueda disponer del mejor material deportivo- de
la que se trata de extraer la mayor predisposición psicológica hacia el
triunfo, especialmente a través de enormes salarios y de recompensas económicas
extraordinarias (premios, primas...).
Por ello
mismo, no es de extrañar que en el terreno de la alta competición, la figura
del deportista profesional y del deporte espectáculo se haya ido imponiendo a
lo largo de este siglo sobre la del deportista aficionado y la del deporte
amateur, si se tienen en cuenta factores tales como la supremacía y
espectacularidad de los resultados deportivos en el campo profesional, la
necesidad de disponer de un tiempo libre, de un capital económico y de un
capital cultural (Bordieu, 1993:75) indispensable para la práctica amateur del
deporte de alta competición, y la facilidad con que se han impuesto en las
sociedades industriales los valores, actitudes y conductas propias del deporte
profesional sobre los atribuidos al deporte amateur
Por otra
parte, la consideración de los deportistas como representantes de intereses
comerciales (empresas, industrias, clubes privados...) o socio-políticos
(ciudades, regiones, países...) contradice intrínsecamente el espíritu
atribuido al jugador amateur, que supuestamente impulsaba a éste a una práctica
deportiva recreativa, desinteresada, ética, y motivada por el propio placer
experimentado en la competición. En efecto, en sus orígenes la práctica
deportiva tuvo sobre todo un carácter local que hacía que los deportistas
percibiesen como rivales únicamente a los habitantes de los pueblos próximos o
barrios urbanos6, por lo que puede aceptarse la idea de los enfrentamientos
deportivos pudieran tener frecuentemente y sobre todo un contenido lúdico y
recreativo, dada la proximidad vecinal y afectiva de los participantes
(Dunning,1992:264), aún cuando en ocasiones surgieran enfrentamientos que
situaran la pugna deportiva en ámbitos extradeportivos.
Ahora
bien, la proliferación de competiciones de carácter supralocal, nacional e
internacional que surge de manera paralela al desarrollo industrial acentúa
enormemente el hecho de que los jugadores se conviertan en representantes de
una enorme cantidad de personas e intereses de distinto tipo. Ello impide que
los deportistas de alto nivel puedan ser independientes y jugar por diversión,
viéndose obligados a llevar a cabo una práctica deportiva "seria" en
la que deben sostener una alta motivación para ganar, para mantener un gran
control en el juego, para renunciar a gratificaciones inmediatas, y para
planificar su entrenamiento a largo plazo como medio de conseguir y mantener la
representación que ostentan y los beneficios personales asociados a ella
(Dunning,1992:265).
Precisamente, la progresiva desaparición del elemento lúdico en el
deporte de alta competición -y, de forma paralela, en una buena parte del
deporte en general-, así como la seriedad y utilitarismo que fue adoptando su
práctica como consecuencia de la creciente y prioritaria importancia otorgada
al éxito o a la victoria, dio lugar a la aparición de importantes críticas al
deporte, algunas de las cuales surgieron casi desde comienzos del presente
siglo, como la de Hébert (1925) centrada sobre todo en los artificioso y
antinatural de sus formas.
Asimismo,
ya a mediados de siglo, Huizinga (1996:232 y ss.) se pronunció al respecto,
sosteniendo la idea de que el tránsito que tuvo lugar, sobre todo a partir del
último cuarto del siglo XIX, del deporte como diversión momentánea al deporte
como sistema organizado de clubes y campeonatos -con todo lo que ello supuso:
el aumento en rigurosidad y minuciosidad de las reglas, la creciente
sistematización y disciplina del juego, la profesionalización de los jugadores,
el alto grado de organización técnica, de equipamiento material y de
perfeccionamiento científico, la competencia mercantil, la aparición del
concepto de récord...- tuvo como consecuencia la progresiva pérdida del
elemento lúdico. En otras palabras, según dicho autor, el juego deportivo se
fue haciendo demasiado serio y fue desaparecido, en mayor o menor medida, el
estado de ánimo propio de él, perdiendo el sentido de factor social fecundo que
tuvo en otros tiempos.
No
obstante, da la impresión de que Huizinga parecía esperar un resurgir de lo
lúdico en el deporte y en la sociedad que ofreciera nuevos caminos al
desarrollo cultural cuando, al final de su importante obra Homo Ludens
(1996:249), señala que: "una cultura auténtica no puede subsistir sin un
cierto contenido lúdico, porque la cultura supone cierta autolimitación y
autodominio, cierta capacidad de no ver en las propias tendencias lo más
excelso, en un palabra, el reconocer que se halla encerrada dentro de ciertos
límites libremente reconocidos. La cultura exige siempre, en cierto sentido,
«ser jugada» en un convenio recíproco sobre las reglas. La verdadera cultura
exige siempre y en todos los aspectos el «fair play»".
- Deportes individuales y de equipo
Frase
para pensar.
Me
gusta el sacrificio que supone entrenar muchas veces solo y como eso forja el
carácter del deporte individual, me gusta el aliento de los compañeros y la
generosidad que se genera en el deporte de equipo, no me gusta lo que les
cuesta a los deportistas de deportes individuales afrontar una competición de
equipo y pensar en el resultado común en vez de en el propio, no me gustan los
malos rollos que se generan por envidias dentro de un equipo, me gusta cómo
asumen como propias las victorias y derrotas los que practican deporte
individual, me gusta como se celebran en grupo las victorias y se reparten las
derrotas los miembros de un equipo, me gusta el hecho de tener que tomar y
asumir todas las decisiones del deporte individual, me gusta la compromiso que
tiene un compañero con otro en el deporte colectivo, no me gusta ver solo en el
podio a un ganador individual, no me gusta el hermetismo de un equipo, me gusta
como un deportista individual busca, acepta y valora las ayudas profesionales
externas a él, me gusta como se asume el rol de un entrenador dentro de un
equipo, no me gusta lo caprichosos que se muestran muchas veces quienes
practican deporte individual, no me gusta que los elogios se los lleven siempre
quienes más brillan en un equipo, me gusta las amistades que forjan con rivales
quienes compiten solos, me gusta las amistades que se hacen con los compañeros
de tu equipo.
Introducción
Hoy
en día parece una liviandad decir que los deportes de equipo (D.E.) se
diferencian sustancialmente de los deportes individuales (D.I.) en múltiples aspectos.
Pero, este principio axiomático, no siempre fue tan evidente ya que se
asumieron concepciones y métodos de trabajo que eran comunes a ambos.
"Las
estructuras de planificación y programación en los D.E. deben atender, sin
olvidar los aspectos condicionales y motrices, a las leyes que regulan las
variables cognitivas y las de aprendizaje, factores que raramente se contempla
en la Teoría
del Entrenamiento". (Álvaro, 1999).
Este autor afirma que históricamente se ha
venido pensado que los deportes colectivos sólo eran diferentes de los demás
porque tenían un componente táctico colectivo, encaminado a coordinar las
distintas situaciones individuales, ya que los aspectos físicos y técnicos
tenían un tratamiento idéntico que en los deportes individuales.
En
la sociedad moderna, el juego en su concepto primitivo se bifurca. Mientras
algunos mantienen sus características tradicionales, otros comienzan a perder
espontaneidad a la vez que ganan en estructura. Se pierde en estos la sensación
de libertad, y acaban convirtiéndose en una actividad distinta que, sin dejar
de serlo, ya no se puede considerar totalmente un juego. Aparecen después las
reglas, las normas y la técnica para desarrollar y practicar la nueva
actividad: el deporte.
Partiendo
de la estructura del juego, el deporte añade la idea de competición
reglamentada. El líneas generales podemos decir que el juego es más libre que
el deporte. El deportista establece una competición consigo mismo, contra el
tiempo, contra la distancia, contra un adversario; busca y provoca la
dificultad e intenta superarla
Los deportes individuales
Desde los orígenes del hombre, este ejercía
una actividad física con fines utilitarios y de supervivencia, y dicha
actividad la efectuaba de una manera individual para sobrevivir en medios
hostiles. En las culturas China e hindú, se practicaba la actividad física
dirigida a la salud y como preparatoria para las guerras.
Son los griegos a los que podemos considerar
como los pioneros del deporte, ya que se apartan del mero concepto de la
actividad física dirigida para la preparación de la guerra y supervivencia, y
lo enfocan desde un punto de vista lúdico encaminado al enriquecimiento de las
personas. Son los griegos, navegantes y comerciantes por excelencia, los que
recogieron durante sus innumerables viajes juegos y deportes rudimentarios de
los poblados de Asia Menor y ribera mediterránea, que perfeccionaron con nuevas
técnicas y con los códigos apropiados.
Una muestra de lo copioso de su imaginación
en cuanto a los deportes es la variedad que crearon, entre los que encontramos los juegos de pelota, el
pedestrismo, carreras con equipo militar, la carrera de antorchas, los saltos, los lanzamientos, los ejercicios de fuerza, la
lucha, el pugilato, deportes acuáticos e hípicos etc... respaldaron así mismo
la teoría de la preparación deportiva, los masajes, baños y solarios, así como
la dieta deportiva y toda clase de directivos y monitores ( el gimnasiarca, el
paidotribo...), instalaciones y materiales deportivos. Con el decaimiento de la
cultura helénica y la dominación romana comienza a decaer tanto la actividad
física en los gimnasios como en los juegos regionales, hasta que finalmente
fueron suprimidos por orden de Roma.
El deporte se sigue concibiendo de una forma
individual y va pasando por sucesivas etapas a lo largo de la historia hasta
llegar al Movimiento Inglés, cuna del deporte moderno, con la aparición de los
Deportes de Equipo, cuyo representante más característico es el fútbol,
pudiendo a partir de ese momento establecer una diferencia entre Deporte
Individual y Deporte de Equipo
Podríamos definir el deporte individual como:”
Aquella actividad física (competitiva o no), cuyo correcto desarrollo y
posteriores resultados, están en función de la participación de una sola
persona”.
Otra
definición podría ser: “Es aquel deporte, que para desarrollarlo con su forma
reglamentaria, exige que el jugador o deportista lo realice sin la colaboración
de compañero o compañeros.”
Al margen de esta definiciones, está la
posibilidad de que existan o no oponentes.
También tenemos que considerar que
gran cantidad de estos deportes que en su origen son individuales, pueden
cambiar a modalidad de deportes por parejas y por equipos. Por ejemplo en el tenis
existe la modalidad de “dobles”, con lo que deja de ser un deporte individual,
y para participar en ciertas competiciones (Copa Davis) hay que presentarse
formando un equipo.
Hay que considerar también la gran
variedad que puede existir dentro de un mismo deporte, tanto a nivel técnico,
físico y táctico amen del psicológico. El ejemplo más claro lo tenemos en el
Atletismo: vemos al corredor de 100
m.l. solo por su calle, el resultado que obtenga
dependerá en un 90% de su sola preparación, sin que apenas intervengan los
oponentes de las otras calles. La táctica a desarrollar está definida desde un
principio, y ésta apenas variará durante el transcurso de la prueba.
Este ejemplo todavía se acentúa más cuando
nos referimos a las modalidades de “lanzamientos”, en las que el atleta está
completamente solo en el momento de realizar la prueba, en estas modalidades
apenas existe táctica en el momento de la realización, basándose
fundamentalmente en la técnica y la preparación física. Sin embargo, y sin
salirnos del atletismo, tenemos las especialidades de medio fondo y fondo (1.500 m.l., 3.000 m. obstáculos, 5.000 m.l....), en las que
la táctica también juega un papel fundamental y en que la actuación de los
demás corredores nos puede, en un momento dado, perjudicarnos o beneficiarnos.
Por otra parte existen otros deportes
individuales cuya finalidad no es vencer a un contrario o conseguir una mejor
“marca”, sino vencer las dificultades que presenta la Naturaleza. El
ejemplo más claro lo tenemos en el Montañismo, y más concretamente en la faceta
de la escalada. No obstante, y dentro de este deporte, cuando la meta a
conseguir es muy dificultosa ( ejem. escalar el Everest), se necesita la labor
de un equipo, aunque no por ello se convierte en un deporte colectivo.
Cabe
considerar también, que existen otra clase de deportes individuales, como
pueden ser el Windsurf, paracaidismo, esquí...etc. que para su correcta
realización no hacen falta adversarios, no obstante en el momento que se
realiza de forma competitiva, aparecen los oponentes.
Clasificación
Teniendo en cuenta todas las consideraciones
anteriormente comentadas, con el fin de clasificarlos, podríamos proponer la
siguiente clasificación:
. Deportes con adversario
Dentro
de este grupo se puede efectuar dos subdivisiones más:
a) Con contacto físico: Aquí podemos incluir
todos los deportes de lucha, como el boxeo, kárate, judo...
b) Sin contacto físico: Sin contacto físico
con el adversario. Este grupo a su vez lo podemos dividir en
b.1. Contra un sólo
oponente
Aquí incluimos los juegos
de pala y raqueta como son el tenis, bádminton, ping - pong...
b.2. Contra varios oponentes
Como son las
carreras, atletismo, la natación, ciclismo...etc.
Deportes sin adversario
Su
principal dificultad o placer, consiste en dominar los elementos que los
rodean, ya sean naturales o artificiales (Naturaleza y material a emplear), así
por ejemplo tenemos el montañismo, paracaidismo, vuelo sin motor,
submarinismo,...etc.
Las características básicas de los deportes
individuales las dividimos bajo cuatro aspectos fundamentales:
- Aspecto psicológico
- Aspecto físico
- Aspecto técnico
- Aspecto táctico
1.- Aspecto psicológico
En los deportes individuales este
aspecto es de vital importancia, ya que un fallo a este nivel nos puede apartar
de la meta a conseguir.
Hay
que educar la capacidad de concentración, autocontrol, confianza y
autoestimulación. Cabe destacar que en los deportes individuales se acentúa
mucho más lo que se ha dado en llamar “Stress o angustia previa a la
competición”.
En los deportes de contacto con el
adversario, habría que dar vital importancia a la agresividad, siendo capaces
de controlarla y aumentarla en el momento preciso; en los deportes de pelota,
como el tenis o el ping - pong, el aspecto de la concentración tiene un papel
determinante; en los deportes que entrañan riesgo físico, el factor
predominante sería el autocontrol y la confianza...etc. Éste estará en función
de las características biotipológicas de cada deportista y condicionado al
deporte que se elija.
2.- Aspecto físico
No obstante el entrenamiento
general fisiológico es común a todos ellos. Con una primera fase de preparación
bien planificada, el futuro deportista podrá enfrentarse en condiciones de
éxito a los esfuerzos específicos que requerirán las distintas etapas de
preparación que se irán sucediendo a lo largo de su vida deportiva.
3.- Aspecto técnico
La técnica de un deporte comprende
el dominio de los gestos específicos de la disciplina deportiva elegida, con el
fin de aplicar con la máxima eficacia todas aquellas cualidades y aptitudes que
el sujeto posee (estilo personal).
La técnica deportiva surge como
consecuencia de la asimilación y automatización de un determinado estereotipo
dinámico (secuencia correcta de movimientos). En los deportes en los que el sujeto contrincante no puede ejercer
directamente una influencia en el resultado (natación, velocidad...) dicho
estereotipo puede ser programado con anterioridad.
El aprendizaje de la técnica
deportiva tiene un carácter complejo.
Aprendemos sucesivamente la ejecución correcta de varios movimientos pasando de
un ejercicio técnico a otro. Los nuevos aprendizajes nacen sobre la base de
otros adquiridos con anterioridad.
En los deportes individuales hay
una gran diferencia en cuanto a la calidad y cantidad de técnica exigida para
alcanzar un alto nivel de ejecución, así, por ejemplo, tenemos el tenis (el
cual exige un elevado aprendizaje técnico), y como contrapunto podríamos citar
una carrera de fondo (donde el nivel técnico puede ser bajo y no ser esto una
gran barrera para la consecución de altos logros deportivos.
4.- Aspecto táctico
La táctica deportiva podemos
definirla como la elección más acertada de una respuesta motora entre varias
alternativas en función al oponente y en la capacidad de variar dichas
respuestas de forma rápida y eficaz ante situaciones cambiantes e inesperadas.
La táctica se analiza también con
términos particularmente militares, estos son : el espionaje, el
reconocimiento, la maniobra y el disimulo.
Las dos primeras (espionaje y
reconocimiento) suponen un análisis y valoración del contrario. La maniobra
consiste en alterar nuestra posición o forma de actuación normal, con el fin de
sorprender al contrario. El disimulo tiende a ocultar los planes previstos
utilizando medios que confundan al contrario.
Como resumen, diremos que en los
deportes individuales hay menos variantes tácticas a emplear, aunque no por
ello dejan de tener menos importancia. En los deportes donde no existe contacto
con el oponente, la táctica apenas sufrirá cambios durante la competición. En
los que existe este contacto, la táctica a emplear deberá ir también en función
de cómo reaccione el contrario
La competición como dimensión específica
Se entiende que la competición es un
fenómeno que introduce una serie de factores específicos que condicionan el
desarrollo y la evolución de la dinámica propia del juego. Este hecho es el que
explica las diferencias, fácilmente constatables, en los comportamientos y en
los rendimientos de equipos y jugadores, ante las situaciones de juego y las
situaciones de competición, especialmente las de mayor relevancia.
Deportes colectivos
El
concepto de equipo se asocia generalmente a la reunión de un grupo de personas
con la finalidad de realizar una determinada tarea; ésta requiere para la
consecución de los objetivos planteados, la colaboración y la participación de
todos.
Para
María Cagigal, "el equipo deportivo constituye un paradigma de la vida
humana, distribuida en múltiples multisociedades estables o efímeras, cuyo
objetivo mediato o inmediato, permanente o pasajero, cohesiona a unas cuantas
personas y exige un ajuste, una coordinación, una complementariedad, nada fácil
de conseguir". Así, da a entender que se trata de un proceso dinámico, en
el que intervienen diversos factores que, agrupándose y relacionándose, dan
como resultado un comportamiento ante la acción que tiene una pretensión
unitaria.
Para
Rioux y Chappuis, constituye "un principio de orientación general de la
conducta colectiva, que no se da de golpe, como una organización cohesionada,
sino que llega a serlo, moldeado por la voluntad común". El equipo es el
que resulta de un interés común, de todos cuantos participan en el mismo,
convirtiéndose en el eje en torno al cual gira toda la acción.
León
Theodorescu, especialista rumano en deportes de equipo, lo define como "un
proceso organizado de cooperación, realizado por la coordinación de las
acciones de los jugadores de un equipo, desarrolladas en condiciones de
enfrentamiento con los adversarios, quienes a su vez coordinan sus acciones con
el fin de desordenar la cooperación de los jugadores del otro equipo". Aborda
lo que es la acción de juego durante un encuentro deportivo, sea del tipo que
sea, en el que se da constantemente una cooperación y una oposición.
Nosotros,
al referirnos a los deportes de equipo, lo haremos considerándolos como el
resultado de un proceso de interacción, en el que intervienen factores
diversos, y cuya acción no se da como suma de acciones individuales, sino como
producto de una cooperación, realizada ante una oposición siempre cambiante y
no repetitiva.
Esta
última consideración diferencia dos grandes grupos de deportes de equipo: 1º,
la acción final resulta de la suma de acciones (una carrera de relevos) y 2º,
la acción final es producto de constantes interrelaciones (un partido de fútbol
o de baloncesto).
Los
criterios que se emplean al elaborar una clasificación de los deportes suelen
ser muy diversos.
De
todos éstos parecen más adecuados los que tienen en cuenta las características
y estructura del deporte. Realizaremos una clasificación a partir de Pierre
Parlebas y el desarrollo de Blázquez y
Hernández-Moreno.
1.-
La situación de los equipos en el espacio de juego.
2.-
La forma de participación sobre el móvil o balón.
Estas
nuevas variables dan como resultado tres grupos diferentes de deportes de
equipo. En el primer grupo, la situación en el espacio está separada por una
red y la participación es alternativa (voleibol, tenis, etc.). En el segundo,
la situación en el espacio es común y la participación sobre el móvil es
alternativa (se juega contra una pared o frontón). En el tercer grupo, la
situación en el espacio es común y la participación simultánea (baloncesto,
balonmano, fútbol, etc.)
La estructura formal de los deportes de equipo.
Los
factores que configuran o determinan la estructura formal de los deportes
colectivos o de equipo son los siguientes:
El
terreno de juego: es un espacio de forma rectangular, estable y con todas sus
medidas y señalizaciones perfectamente establecidas y determinadas, en el que
se desarrolla la confrontación entre los dos equipos.
El
balón, generalmente de forma redonda u oval, en torno al cual giran las
acciones fundamentales del desarrollo del juego.
Las
reglas por las que se rige el desarrollo del juego y que son específicas para
cada deporte. Determinan además sus aspectos formales de indumentaria y
materiales auxiliares para el juego y las relaciones entre los compañeros y los
adversarios.
Los
tantos o goles, la valoración que se da a la acción final, hacia la cual está
orientado todo el desarrollo de las distintas acciones que se producen en el
encuentro.
Los
compañeros o participantes en el juego, que colaboran entre sí para tratar de
conseguir los tantos o goles, o evitar que se los marquen.
Los
adversarios o participantes que se oponen, colaborando entre sí, a que el
equipo contrario alcance con éxito su finalidad ofensiva o defensiva.
Estos
aspectos están siempre presentes en todos los deportes de equipo. Están
determinados a priori en su número y/o forma. También están determinadas las
posibles variaciones que se pueden introducir, caso de existir tal posibilidad.
La estructura funcional de los deportes colectivos o de equipo.
La
acción del juego en los deportes de equipo puede ser analizada desde tres
perspectivas:
Como
técnica/táctica, la técnica constituye el elemento o parte esencial sobre la
que se construye una estructura que permite un funcionamiento coordinado,
denominado táctica. Partiendo de esta dicotomía se elaboran los sistemas y
modelos de juego que determinan el análisis teórico y el desarrollo práctico de
estos deportes. De acuerdo con esta perspectiva, en todos y cada uno de los
deportes de equipo existirá una técnica individual y una técnica colectiva, y
una táctica individual y una táctica colectiva, que se dará tanto en la defensa
como en el ataque (en posesión o no del balón).
Otra
perspectiva es la situada en torno a la doble dimensión ataque/defensa, siendo
el factor determinante de una u otra la posesión o no del balón. A partir de
ahí el comportamiento o funcionamiento del equipo se regirá según tres principios
generales:
ATAQUE:
1.- Conservar el balón.
2.-
Progresar con el balón hacia la portería contraria.
3.-
Intentar marcar gol o tanto.
DEFENSA:
1.- Intentar recuperar el balón.
2.-
Impedir la progresión del balón hacia nuestra portería.
3.-
Evitar que nos marquen tanto o gol.
La
tercera perspectiva es la considerada como cooperación/oposición, según la cual
el funcionamiento de la acción del juego se da en una constante interrelación
entre adversarios, y colaboración entre compañeros. Tanto la cooperación como
la oposición se dan en el ataque y en la defensa, pues los defensores colaboran
entre sí para organizar la oposición al ataque, y los atacantes colaboran entre
sí para oponerse a la defensa. Estos son los factores que determinan según este
enfoque la estructura funcional:
1.-
El espacio de juego presenta una doble
influencia en el desarrollo del juego: por una parte, las limitaciones
reglamentarias que configuran la forma y dimensiones del mismo y las referidas
a las limitaciones y obligaciones para su uso; por otra, la disposición y
situación que los jugadores de cada equipo realizan en las distintas fases del
juego, en función de los planteamientos tácticos y estratégicos que se
establezcan o haya que adoptar para tal situación. Teniendo en cuenta estos dos
aspectos se hace necesario considerar en el espacio las siguientes vertientes:
1.1.-
El espacio como limitación del reglamento: se establecen tres tipos de zonas
que presentan un uso diferente, bien por determinación previa y estable o bien
en función del desarrollo del juego:
-
Zonas fijas prohibidas (áreas de portería en balonmano).
-
Zonas variables prohibidas (fuera de juego en fútbol, waterpolo).
-
Zonas fijas semi-prohibidas (tres segundos en baloncesto).
1.2.-
El espacio en función del desarrollo del juego. Establecemos dos variables:
-
Zonas colectivas.
-
Zonas más favorables para conseguir tanto o gol.
-
Zonas de riesgo para perder el balón.
-
Zonas menos favorables para conseguir tanto o gol.
-
Zonas de gestación o creación de jugadas o elaboración de sistemas.
-
Zonas individuales:
-
Espacio de interacción próxima.
-
Zonas constituidas por el cuerpo del poseedor del balón.
-
Distancia entre el poseedor del balón y el defensor.
-
Conjunto de movimientos posibles a realizar por el defensor dentro de su zona o
espacio.
-
Espacio de interacción distante.
-
Referidas en las zonas en que se sitúa un portero o defensor móvil.
1.3.-
El espacio como objetivo a lograr. Se refiere a la zona determinada por el
reglamento como única válida para conseguir tanto o gol, en la que puede o no
haber portero.
2.-
El reglamento de juego. Contiene una serie de
normas que determinan no sólo las condiciones que se han de dar previamente al
inicio del encuentro sino en el desarrollo del mismo, que podemos resumir en
las siguientes:
-
Dimensiones y características del terreno de juego y materiales complementarios
para configurar el espacio y para utilizarlo como móvil.
-
Composición de los equipos y forma de intervenir de éstos en el juego, número
total de jugadores de campo, suplentes y sustituciones.
-
Tiempo total de juego y división y control del mismo durante el desarrollo del
encuentro.
-
Formas de jugar el balón y de relacionarse con el adversario y con los
compañeros.
-
Principales acciones técnicas para el desarrollo del juego y penalizaciones a
la infracción de la misma.
-
Consecución de los tantos o goles y valor de éstos.
-
Formas de utilización del espacio, ya referidas.
3.-
La estrategia (táctica), es el elemento que da a
los deportes de equipo su más clara especificidad, como consecuencia de
contener una amplia gama de factores que son los que conforman a los referidos deportes.
Entre ellos podemos destacar la necesidad de una cooperación constante entre
los jugadores de un mismo equipo para poder lograr los fines que se proponen,
el imprescindible conocimiento de los códigos de comunicación y los sistemas de
acción que rigen el juego, teniendo que unir a ello la capacidad de ejecución
de una amplia gama de habilidades, y también la necesaria existencia de una
cohesión y relación afectiva entre todos los componentes del equipo. A todo
ello hay que unir el saber actuar y responder ante la oposición del adversario
y ejercerla cuando sea necesario.
El
desarrollo estratégico durante el juego de un encuentro de un deporte de equipo
se hace en función de los siguientes factores:
-
La concepción del juego, a partir de la adopción de una actitud ofensiva o
defensiva, ajustando tanto el comportamiento individual como el colectivo a tal
actitud.
-
Saber hacer uso de los propios sistemas de juego en cada momento y
circunstancia y prescindir de los mismos, creando nuevas formas o variantes,
cuando éstos resulten ineficaces.
-
Jugar de acuerdo con el reglamento, haciendo un uso positivo del mismo.
-
Analizar en cada momento las acciones de nuestros compañeros y de los
adversarios, para desarrollar nuestro juego de la forma más eficaz posible en
función de cada situación de juego.
4.-
La comunicación motriz. En los deportes de
equipo existe una constante relación entre los distintos componentes de un
equipo y sus adversarios, a través de los cuales se hace posible el desarrollo y
puesta en práctica de determinados esquemas y sistemas de juego, cuyas acciones
precisan de una serie de señales, gestos o símbolos que permiten a cada
componente del equipo saber qué es lo que se pretende hacer en su conjunto. Se
emplea el término "comunicación motriz" para aludir a dicho código o
sistema de relaciones entre los jugadores.
No
todas las actividades deportivas comportan comunicación motriz, sino que ésta
se dará como tal en aquellos deportes en los que el que actúa debe ajustar su
comportamiento al de sus compañeros y adversarios, y viceversa. A la situación
en la que no exista comunicación motriz la llamaremos situación psicomotriz, y
en las que sí exista utilizaremos el término de situación sociomotriz.
El
lenguaje en los deportes de equipo. Es evidente que no en todas las situaciones
de juego las interacciones que se producen responden al mismo tipo de reacción,
por lo que se pueden distinguir dos grandes tipos:
-
Relaciones de cooperación, llamadas de comunicación motriz (pase, bloqueo).
-
Relaciones de oposición, llamadas de contracomunicación motriz (marcaje,
tapón).
5.- La técnica
es el elemento básico sobre el que se construyen las distintas acciones del
juego.
Está
determinada o condicionada por el reglamento y el espacio de juego. El uso de
tal o cual técnica se hará en función de los sistemas tácticos de juego y
atendiendo a las circunstancias del juego.

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