La
importancia del periodismo deportivo en los medios de comunicación del mundo.
La
competencia entre los diferentes formatos.
Los
estilos. Reglas elementales.
Los
vicios que se pueden evitar
Apodos
y adjetivos
Práctica:
periodismo gráfico, radial, televisivo, y digital en el espacio de reporte.
Ø La importancia del periodismo deportivo en los
medios de comunicación del mundo
Frases para pensar.
En
numerosas ocasiones y encuentros científicos del idioma, el lenguaje deportivo
ha sido presentado como ámbito de conflictos que empobrece el vocabulario, usa
irresponsablemente los niveles del idioma y favorece la información dirigida al
goce en vez de al desarrollo de la inteligencia en la lectura.
Periodismo deportivo y los medios
Ben Clissitt pasó una hora frente a su monitor sin
idear la cabeza final. Hacía ya dos horas que la selección británica había
perdido 3-2 ante Croacia y toda la isla ya sabía que el torneo continental más
importante debían verlo por televisor.
Ben, el editor de deportes de The Guardian, tenía
en la mente que aquel resultado no sólo dejaba a su selección fuera. Al igual
que aquella imagen que le dio la vuelta al mundo donde Steven Gerrard se hincó
tomándose la cabeza y de fondo a los croatas festejando en Wembley… muchos
directores de periódicos le siguieron el mismo tono.
Aquella desastrosa eliminatoria para acudir al
torneo de Suiza-Austria le causó pérdidas a los diarios de 37 millones de euros
por la falta de publicidad.
A mediados del siglo XX, señala el sociólogo Juan
José Sebreli en el libro “La era del futbol”, los medios de comunicación vieron
en el deporte una vía para su mayor difusión y con el paso de los años una mina
para ingresos económicos.
En la era de la información hay una gran relación
entre las notas y la venta de las mismas, y el periodismo deportivo no es la
excepción. Aquel marzo negro en España, con el ataque terrorista en la estación
Atocha, generó la venta del 98% de los diarios en aquella nación, advirtió el
periódico El Mundo; lo mismo ocurrió en Brasil cuando se proclamó campeón del mundo
en Alemania 2006.
Lo que inició Sporting Life en Londres, la primera
revista deportiva en 1821, fue un vendaval de publicaciones y los diarios
empezaron a incorporar columnas hasta crear secciones y llegar hasta los
periódicos deportivos.
Conocer las tragedias, las glorias, las leyendas,
identificarse con ciertos estigmas, es quizás una de las partes más importantes
para que el periodismo deportivo sea rentable para los medios de comunicación.
El deporte no entiende de estratos sociales y de
esta manera los medios modernos han encontrado una manera de rentabilizar sus
páginas. “En 1997, se baten en la
Argentina todos los récords, 26 partidos en una semana. Se
llegan a transmitir entre 600 y 700 juegos mensuales, es decir ocho veces más
que las que un estudiante permanece en el aula”, advierte Sebreli como un
ejemplo de la evolución de los contenidos deportivos en el mundo.
Las cifras dan un parámetro de lo que ocurre en los
puestos de periódicos cuando alguien adquiere un diario. El Esto, en México,
especializado en temas deportivos, tiene un tiraje diario de al menos 150,000
ejemplares lo que lo ubica entre los cinco de mayor impacto en el país, compitiendo
con medios como El Universal y Reforma.
El impacto económico del periodismo deportivo para
los medios de comunicación puede ser incluso uno de los soportes de cualquier
empresa periodística.
El periódico El Economista, previo a los Juegos
Olímpicos de Beijing 2008, realizó una proyección de ingresos para un
suplemento que tendría vigencia 20 días. En un espacio de 16 planas, con al
menos cuatro de ellas con anunciantes, las ganancias serían cercanas al 1.2 millones
de pesos.
Previo al Mundial del Alemania 2006, El Economista
editó un libro y creó un sitio web que dejó ganancias superiores al millón de
pesos, sin ser identificado como un diario deportivo y en ocasiones desconocido
en su área deportiva.
Las noticias deportivas se venden desde sus dos
polos, desde la tragedia hasta la gloria. La empresa Adidas registró un retorno
de inversión en medios de dos millones de pesos en la presentación de la
primera versión de la camiseta de México ante la sensación de la llamada nueva
piel del Tri.
Pero también está la versión negativa, que para los
diarios representó en ventas. En datos proporcionados por la Unión de Voceadores, cuando
México quedó eliminado para asistir a los Juegos de Beijing en el Preolímpico,
los diarios registraron una venta del
90% de sus ejemplares.
El poder de los megaeventos
¿Por qué es importante que la selección nacional
califique al Mundial?, ¿Por qué es urgente ganar una medalla olímpica para los
medios de comunicación?, ¿En qué influye el éxito o el fracaso de alguna
selección para los emporios informativos?
La respuesta es muy sencilla. Las secciones
deportivas en todo el mundo venden realidades que le son lúdicas a los
lectores. La ausencia o presencia en un evento deportivo magno puede ser el
despegue o no de un diario publicitariamente hablando.
En datos publicados por la BBC de Londres, la ausencia de
Inglaterra en la Eurocopa
del 2008, los medios de comunicación británicos perdieron ingresos de
publicidad superiores a los 37 millones de euros. Un golpe fuerte para las
diferentes casas editoriales, que supeditadas al éxito o fracaso, también ven
como su equipo quedó fuera y con ello se van los recursos para sus respectivos diarios.
El poder descomunal que se concentra en los medios
publicitarios les da una influencia decisiva sobre el acontecer deportivo. Los
medios que obran según sus puntos de vista de lucro, se dedican de preferencia
a la información que tiene más impacto social, pues ello les asegura la mayor
venta, acota Gerhard Vinnai en su libro El futbol como ideología.
El Banco Santander adquirió en el 2008 los derechos
para ser el patrocinador Master de la Copa Libertadores.
Anteriormente el nombre era Copa Toyota Libertadores, y ahora es Copa Santander.
El banco español debió desembolsar grandes sumas de
dólares para posicionar su nombre y la mejor forma fue adquiriendo publicidad
en todos los medios, impresos, televisivos, web y radiofónicos.
En el caso de los medios argentinos más importantes
a manera deportiva tenían publicidad pagada de este consorcio bancario. “La prensa deportiva defiende las
probabilidades de lucro a las empresas comerciales al explotar con ganancias la
fijación de las masas a la actividad deportiva. El desarrollo de la prensa
deportiva comercial, que actualmente alcanza tiradas millonarias, corre
paralelo al del deporte”, señaló la publicación alemana Funktionen und
Bedeutung des Sports obra de O Model en 1955.
La máquina no cederá
Durante su congreso anual del 2008, la Federación Internacional
de Futbol Asociación, FIFA, reconoció el poder de los medios de comunicación en
el poder de la Copa
del Mundo. “Desde principios del siglo XX los medios han sido pilares para los
Mundiales y ambos hemos crecido juntos, por ello es entendible que busquen la
rentabilidad en sus páginas como nosotros lo hacemos con los patrocinadores. Si
somos exitosos, los medios de comunicación también lo son, es una relación que
espero nunca termine”, dijo Joseph Blatter, presidente del organismo, al
referirse a los derechos de televisión en el informe publicado en el sitio web.
El periodismo deportivo no dejará nunca su espíritu
de ser un constructor de héroes o villanos, es lo que le da vida, es lo que
buscan los lectores, radioescuchas, internautas o televidentes. El deporte
inició como un espíritu lúdico, más como una batalla del fuerte y débil, pero evolucionó,
y al igual que los medios, dejó de ser meramente informativo o amateur, es un negocio
que el periodismo ha hecho suyo.
Mientras la máquina de dólares, pesos, libras,
euros, yenes…y todo tipo de monedas se multipliquen, la relación no tendrá fin.
Ø
La competencia
entre los diferentes formatos
Frases para pensar.
El
periodismo, como bien se sabe, es una actividad que consiste en recoger,
sintetizar, jerarquizar y publicar informaciones y datos relativos a la
actualidad, aunque éstos también pueden abarcar a una realidad no tan inmediata
Los orígenes del periodismo en nuestro país tienen
su primer atisbo en años del Virreinato del Río de la Plata, cuando la Argentina aún no existía
como tal. A fines del siglo XVII aparecieron los que serían los primeros
embriones de la práctica profesional. Se trataba de diferentes hojas
manuscritas en las que se daban noticias sobre todo comerciales, que eran las
que le interesaban a los hombres que habitaban estas tierras y a los que
llegaban para hacer negocios. En aquellas épocas no había aún ningún indicio
del periodismo como profesión.
Pero incluso un par de siglos después, cuando la
actividad empezaba a consolidarse, seguía siendo inimaginable hablar de
periodismo deportivo. Simplemente porque los deportes que iban a convertirse en
los más populares, aún no habían sido inventados. El fútbol (sus primeras
reglas fueron redactadas en Inglaterra en 1848), el básquet (creado en Estados
Unidos en 1891), el tenis (Inglaterra, 1874) y el rugby (1845) no llegarían al
país hasta finales del siglo XIX.
Solamente el juego del pato se conocía dentro de la
vida colonial. El que muchos años más tarde fuera designado como “deporte
nacional” se practicaba apenas 30 años
después de la primera fundación de Buenos Aires. No era casualidad, en un
escenario donde el caballo era propiedad de las clases populares rurales y a la
vez un símbolo de orgullo en la tradición gauchesca. Los primeros antecedentes
dan cuenta de que los más expertos jinetes competían tratando de encestar en
una red un pato (de allí su nombre) o gallina viva, y ganaba el que más veces
conseguía hacerlo. "El Pato era el entretenimiento más popular practicado
al aire libre en la
Argentina", asegura el novelista William Henry Hudson en
su libro "El Ombú", publicado en 1902. Pero el juego fue prohibido y
erradicado hasta que en 1938 fue reglamentado (una pelota de cuero con cuatro
manijas reemplazó al animal) y en 1941 se fundó la Federación Argentina
de Pato. En muchos aspectos, demasiado tarde.
Para ese entonces, el polo ya lo había desplazado
dentro de los juegos ecuestres. Introducido en el país en 1875, gozó del favor
de los estancieros –tanto los británicos como los criollos- que lo veían como
un deporte más civilizado y a la vez como reemplazo de los juegos tradicionales
de los gauchos. Pero eso mismo contribuyó a atribuirle un tinte elitista y nunca
llegó a tornarse masivo. Ni siquiera los grandes logros internacionales (como
las sendas medallas de oro conseguidas en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1936)
consiguieron quitarle su aura de disciplina aristocrática y exclusiva de la
clase alta.
Pese a que aún hoy el campeonato argentino está
considerado el mejor del mundo, por la calidad de los jugadores y caballos, con
él los jugadores y caballos, con el ocurrió –en menor medida– lo mismo que con
el cricket, el primer deporte británico en llegar al país. Las clases populares
lo rechazaron y nunca lo tuvieron dentro de sus preferencias. Serán estas
mismas clases populares las que harán del fútbol –decididamente– la práctica
más elegida de los argentinos. Esta práctica obligará a que se escriba de ella.
Y a medida que eso ocurra empezará a escribirse otra historia. Nada menos que
la historia del periodismo deportivo.
No sólo el fútbol será parte de ella, si bien
constituirá su columna vertebral. También el boxeo y el automovilismo fueron
actores centrales. Y es imposible dejar afuera a otras disciplinas, como el
básquetbol, el rugby, el tenis y el golf. Con los éxitos de sus mejores
exponentes, todas se ganaron su espacio en la prensa, la radio y la TV, y contribuyeron a construir
la identidad argentina.
En una Nación que se estaba conformando como tal,
el deporte permitió establecer un “espacio nacional”[2] de competencia real,
movilidad social y unificación territorial y simbólica. Y el periodismo jugó un
papel crucial en esa construcción, sobre todo en la década del ’20, cuando se
consolidó el fútbol como espectáculo deportivo.
Con el paso del tiempo, nadie se sorprende por
encontrar hinchas de Boca, River, Independiente o Racing a lo largo y ancho del
país, por más que nunca hayan siquiera visitado la capital ni Avellaneda.
Parece absolutamente natural que eso ocurra. Pero eso no era así a principios
de siglo. Fueron los diarios, las revistas y las primeras transmisiones de
radio quienes lo hicieron posible. Esto ocurrió muchos años antes de que comenzara
a hablarse del periodismo deportivo, pese a que la semilla ya estaba plantaba y
creció con una fuerza imparable.
El periodismo gráfico
Las primeras apariciones reales del deporte como
noticia surgieron con las primeras ediciones de los diarios, coincidiendo con
la época en que el fútbol empezaba a consolidar su arraigo. Incluso fue a
partir de un aviso en The Standard, uno de los tres diarios británicos de
Buenos Aires, que se realizó la reunión fundacional del Buenos Aires Football
Club, el primer club dedicado a impulsar la práctica del fútbol (como se
castellanizaría después). “Este juego tardará mucho en extenderse aún entre los
mismos residentes británicos, aunque tenemos que insistir porque es el mejor
pasatiempo, el más fácil y el más barato para la juventud de la clase media y
para el pueblo”, explicaba quien fuera electo el primer presidente, Thomas Howg.
El primer partido se jugó el 20 de junio de 1867 y la síntesis se publicó en
las páginas de The Standard en las ediciones del 23 y 26 de junio. El fútbol
daba sus primeros pasos y ya estaba allí el periodismo para dar cuenta de lo
que ocurría a su alrededor.
Claro que el juego se encontró con las dificultades
que anticipaba Hogg. Para el segundo encuentro hubo que esperar 375 días (fue
el 29 de junio del año siguiente) y apenas se jugaron dos encuentros más hasta
diciembre de 1868. Y por un largo período, dejó de haber novedades. “Tal vez se
siguieron disputando encuentros, pero la prensa no los registró y no ha llegado
hasta hoy noticia alguna”, asegura Jorge Iwanczuk, autor de la mayor obra sobre
el fútbol amateur en el país. La importancia del periodismo queda fuera de toda
discusión con esa sola frase.
Mientras el fútbol estuvo ausente, sin embargo,
apareció la primera revista deportiva de la cual se tenga registro en el país.
Fue en 1876, la llevaron adelante los socios del club Gimnasia y Esgrima de
Buenos Aires (GEBA) y se llamó La Fuerza. Los deportes que predominaban en sus
páginas eran el tiro, la natación y la esgrima. Desde entonces, innumerables
cantidad de publicaciones de distinto tipo han abordado el mundo de los
deportes, ayudando a difundir las más diversas disciplinas y a su vez el
trabajo de numerosísimos periodistas.
La información respecto al fútbol va a reaparecer
en 1884, cuando ya había arribado al país el profesor escocés Alejandro Watson
Hutton, considerado el padre del fútbol argentino. Fundó el Buenos Aires High
School (cuna de Alumni, el primer gran equipo del amateurismo criollo) y sentó
las bases de la
Argentine Association Football League, que en 1893 organizó
el primer torneo por equipos, con seis participantes.
Con la irrupción de los primeros campeonatos, la
información sobre los partidos de fútbol empezó a consolidarse con un espacio
fijo. Los diarios, bajo el rótulo general de “sports” incluyeron datos y
comentarios sobre el juego. En los primeros años ni siquiera se publicaron
todos los resultados, lo que recién ocurrió a partir de 1898. Dos años después,
en 1900, el diario Buenos Aires Herald organizó una encuesta para que los
lectores votaran por el equipo de su preferencia. El English High School fue el
ganador de aquella primitiva forma de medir la popularidad de los clubes, pero el dato fue que en el inicio del nuevo siglo,
el fútbol ya aparecía con una fuerza enorme. Y la prensa argentina tomó debida
nota de ello.
Dentro de ese contexto, La Nación se catapultó como
pionero, al ser el primer medio en tener un enviado especial en el exterior
para cubrir un acontecimiento deportivo. Es cierto que el match se produjo en
Montevideo, a muy pocos kilómetros de Buenos Aires. De todas formas, la
cobertura que se hizo en 1903 del encuentro entre las selecciones de Argentina
y Uruguay (que ganaron los uruguayos por 3-2, el 13 de septiembre) marcaría un
hito en el periodismo rioplatense. La misma estuvo a cargo de Angel Bohígas,
decano de los comentaristas deportivos argentinos, que desde las columnas del
diario El País ofreció las primeras crónicas en castellano en el comienzo del
siglo XX y luego llegó a ser subdirector de La Nación.
Diez años después, el diario La Razón creó una sección
especializada en el automovilismo, la primera en la historia del periodismo
sudamericano. Si bien su atención inicial estuvo basada en lo relacionado con
la industria, técnica y comercio, con el tiempo fue acrecentando su apoyo a las
competencias automovilísticas, “en la inteligencia de que ellas son las que, a
fuerza de sacrificios heroicos jalonados con muchas vidas inolvidables y
queridas, lograron que las autoridades se preocuparan de las carreteras; de esa
manera se consiguió el camino a Rosario, después a Córdoba, más tarde a Mar del
Plata, y otras rutas”.
Claro que el gran hito de la prensa gráfica
argentina en el ámbito del periodismo deportivo hay que rastrearlo a partir de
1919, precisamente el viernes 30 de mayo. Ese día llegaba a las calles la
revista El Gráfico, que a la postre se consolidaría como las más representativa
de las publicaciones deportivas. Fue en un principio un semanario de interés
general, que nació como "ilustración semanal argentina", y en su
primera tapa apareció una gran foto de alumnos de escuelas públicas, desfilando
en Plaza de Mayo ante el presidente Hipólito Yrigoyen. Aunque ya en su edición
número tres le dedicaría la primera tapa a un deporte (con una serie de fotos
del Campeonato Argentino disputado en el Lawn Tenis), tardó mucho en adoptar su
perfil definitivo.
Eso sí, con el paso de los años la creación de
Constancio C. Vigil fue ganando prestigio y reconocimiento mundial. Se
convirtió en un verdadero clásico, tanto que llegó a ser llamada La biblia del
deporte. “A partir de 1921, El Gráfico, paulatinamente, se transforma en una
revista de deportes, aunque las fotos de mujeres artistas y cantantes, e
incluso algunos atrevidos desnudos de bailarinas desconocidas y supuestamente
extranjeras, se mantendrán hasta finales de la década del '20. La tirada de El
Gráfico aumentará en esta década y se estabilizará en los 100.000 ejemplares en
la del '30. La revista alcanza su apogeo a partir de mediados de los '40 y
hasta mediar los '50, con una tirada de 200.000 ejemplares por semana”, explica
Eduardo Archetti a la hora de dar cuenta del período de consolidación de la
publicación.
De todas formas, en sus primeros 40 años de vida,
la publicación reflejó al deporte de una forma particular, que Archetti rescató
de la siguiente forma. "El Gráfico, hasta bien entrada la década del '50,
era una verdadera revista de deportes en la que el espacio dedicado al fútbol
era muy importante. Sin embargo, los otros deportes, como el automovilismo, el
polo, la natación y el boxeo, en los cuales los argentinos se destacaban
internacionalmente, estaban también cubiertos. La revista, en sus comienzos, es
un vocero de la ideología modernista en boga: énfasis en la importancia de la
educación física para conservar la salud, nociones de higiene, recomendaciones
sobre la mejor dieta a seguir y cómo evitar enfermedades, la pertinencia de
cultivar y desarrollar hobbies, como, por ejemplo, el aeromodelismo, el énfasis
de la participación de la mujer en el deporte y, sobre todo, el acento
persistente en el aspecto moral y educativo del deporte".
Junto con eso, por supuesto, fue el instrumento
para que los grandes deportistas de cada disciplina fueran reconocidos y
llegaran a trascender a través de sus páginas. El halago máximo era aparecer en
la tapa, un espacio que durante años no estuvo destinado a los hechos de la
actualidad, sino a las figuras destacadas del momento. Un simple repaso sirve
para encontrar a cultores de muy diversos deportes en las tapas anteriores a
1962, lo que se forjó una tradición en cuanto al significado de aparecer allí.
"Ser tapa de El Gráfico era una medalla colgada en el pecho de un nadador,
un polista, un boxeador, un futbolista, una atleta o un automovilista, para
premiar su trayectoria". Al respecto, vale agregar un dato que llama al
asombro, y es que la revista cobijó a 44 disciplinas distintas en su portada. Y
entre las diez que más veces aparecieron en ella hay algunas realmente
sorprendentes, como el ciclismo, el remo y la aviación.
Aníbal Vigil y Gastón Martínez Vázquez fueron los
primeros directores de la publicación, hasta que en 1959 llegó el turno de
Dante Panzeri, al que le bastaron unos pocos años al frente para dejar un sello
inconfundible, en un concierto de plumas extraordinarias como las de Borocotó
(creador de las célebres “Apiladas”), Félix Daniel Frascara, Chantecler
(Alfredo Enrique Rossi, el primer periodista analítico argentino), Last Reason,
El Veco, Osvaldo Ardizzone, Alberto Salotto o Estanislao Villanueva (Villita).
A partir de 1963, con la dirección de Carlos
Fontanarrosa, comenzaría una revolución dentro de la publicación, que serviría
de influencia para el periodismo deportivo todo. La revista decidió ponerle a
su tapa un valor absoluto de actualidad, utilizando escenas coloreadas, con el
fútbol comenzando a ganarle terreno a los otros deportes.
Allí marcaría un antes y un después la cobertura
que se hacía de la fecha completa de los torneos de primera división. Con al
menos un periodista en cada cancha se creó una doble página para todos los
partidos. Allí, además de un breve comentario de cada uno de los encuentros, se
incluyeron la calificación de cada jugador, del árbitro, del partido y hasta
del campo de juego. "Como ocurre con las innovaciones que marcan un camino
que antes no transitaba nadie, todos los medios nos imitaron. Primero en la Argentina, luego en el
resto de América, después en el mundo", explicó Julio César Pasquato
(apodado Juvenal), quien sucedió a Fontanarrosa y antecedió a Héctor Vega
Onesime, Ernesto Cherquis Bialo y Aldo Proietto en la dirección.
Cuando la selección nacional se consagró campeona
del mundo en 1978 y 1986 la revista alcanzó récords históricos de ventas. El
número dedicado a la consagración del equipo de César Luis Menotti en el
Mundial ’78 alcanzó la cifra de 595.924 ejemplares vendidos. Ocho años después,
cuando Diego Armando Maradona se consagró en México ’86, la cantidad de
revistas vendidas creció aún más: 690.998 ejemplares volaron de los kioscos de
todo el país.
Entre ambos títulos del mundo, El Gráfico organizó
el “Mes del Deporte” en septiembre de 1982, por una iniciativa de la Sociedad de
Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines. Fueron cuatro jornadas que
abarcaron otros tantos deportes: automovilismo, boxeo, básquetbol y fútbol.
Para los dos últimos, significaron grandes hitos.
El 17 de septiembre de 1982, de la mano del
periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O.), el entrenador León Najnúdel
realizó el virtual lanzamiento del proyecto de la Liga Nacional de
Básquet, que se cristalizó en 1985 y significó la plataforma de despegue para
este deporte en el país.
Una semana más tarde, el 24 de septiembre, Carlos
Salvador Bilardo y Julio Grondona coincidieron en el panel de la charla sobre
fútbol. Y al poco tiempo, el titular de la AFA designó al DT de Estudiantes para conducir la
selección argentina, con la que logró un campeonato y un subcampeonato del
mundo.
La revista fue cediendo terreno en los años noventa
e incluso perdió su frecuencia semanal en 2002. Luego de un breve un período en
el que no se publicó, mutó en una publicación mensual, aunque con mucho menos
éxito que en sus épocas doradas. Fue adquirida por la empresa Torneos y
Competencias, propietaria de gran parte de los principales medios deportivos
del país.
A lo largo de su historia, El Gráfico tuvo diversas
competidoras que buscaron disputarle los favores del público, algunas con mucho
éxito. Quién lo consiguió durante un largo período fue Goles, que apareció en
1948 y hasta llegó a triplicarla en circulación durante la década del sesenta,
cuando tuvo su período de oro, con la dirección de Enzo Ardigó y Horacio García
Blanco. La editorial Julio Korn construyó su éxito a partir de un precio de
tapa más económico y una impresión en un color sepia característico, sin
descuidar el contenido periodístico. A fines de los ´60, un incendio en los
talleres hizo que la revista desapareciera de los kioscos por un tiempo y que
nunca pudiera recuperar su lugar de privilegio, que fue recuperado por El
Gráfico.
Ya en la década del setenta, Goles fue dirigida por
César Volco, Aldo Proietto e incluso por Rolando Hanglin. La editorial fue
absorbida por la italiana Abril, que en 1979 la relanzó con un nuevo estilo y
formato, pasando a llamarse Goles Match. En plena dictadura militar, la revista
apostaba a dotar a las notas de un sentido social, más allá de los clásicos
contenidos del periodismo deportivo. “De una etapa a la otra, hubo un cambio
brusco en la calidad del producto y en la línea ideológica, que en buena medida
se reflejaba en las notas de periodistas como Carlos Ares, Juan Carlos Camaño,
Roberto Fernández, Guillermo Gasparini, Manuel Abad, Horacio del Prado y
Osvaldo Pepe”, recuerda Gustavo Veiga, uno de los más jóvenes de esa redacción
junto con Alejandro Fabbri, Jorge Búsico y Daniel Lagares.
Quedó para la historia la columna “El Hombre
Común”, escrita por Osvaldo Ardizzone, pero los elogios no le alcanzaron para
sortear la persecución ideológica (Osvaldo Soriano la calificó como “la única
revista que se podía leer en el exilio”) y dejó de editarse en 1982. Para
entonces ya había vuelto a ser Goles, a secas, y muchos de los integrantes de
la redacción habían tenido que buscar refugio en el exterior ante las continuas
amenazas. Ya en la década del ´90 volvió a los kioscos, pero no logró
consolidarse y se extinguió definitivamente en 1995.
Otras revistas deportivas que tuvieron un lugar
destacado en diferentes períodos de la historia y merecen una mención especial
fueron La Cancha,
Campeón, Gaceta Deportiva, Mundo Deportivo, La Hoja del Lunes, Sólo Fútbol y La Deportiva.
Otra revista que hizo historia en los inicios del
fútbol profesional fue Alumni, que se vendía en los estadios de primera
división y era el instrumento que tenían los hinchas para conocer los
resultados de las otras canchas. Antes de la radio portátil, los espectadores
presentes en los estadios se enteraban de los goles que se iban produciendo en
las otras canchas a través de un tablero formado por chapas. Cada club estaba
representado en el tablero por una letra, y Alumni contenía los códigos para
descifrar quién iba ganando y perdiendo los partidos, además de otras
incidencias de los distintos encuentros. En su mayor esplendor, alcanzó una
tirada semanal de 40 mil ejemplares.
Mientras tanto, por supuesto, los diarios siguieron
manteniendo la información deportiva, que con el correr de los años creció en
cantidad y calidad. La sección “deportes” (ahora en castellano) ganó páginas e
importancia dentro de las respectivas empresas. Ningún diario que aspirara a
conseguir el favor del público y aumentar sus ventas, podía despreciar al mundo
del deporte, con el fútbol como bandera.
Quizás el primero en llevar adelante esa premisa
fue el desaparecido diario Crítica, que fundó Natalio Botana en 1913 (Hugo
Marini era su jefe de Deportes) y que dejó de editarse en 1962. En su época
representó un fenómeno de gran masividad y ventas. “Una de las razones de la
expansión de Crítica fue la inclusión de páginas deportivas en sus ediciones,
con criterios y despliegues que ningún diario había tenido hasta el
momento”[24], asegura el periodista Ariel Scher. Desde sus páginas surgieron
los apodos de “cuervos” para San Lorenzo, “Academia” para Racing y
“millonarios” para River, que todavía perduran. En 1932, llegaron a crear una
medalla para premiar al arquero que pudiera terminar un partido invicto ante
Bernabé Ferreyra, el tremendo goleador de River, que se llevó Cándido De
Nicola, de Huracán.
Esa misma línea de privilegiar los temas deportivos
fue seguida por Crónica, que apareció en 1963, justo un año después de la
desaparición de Crítica (no casualmente copió su tipografía para la marca).
“Crónica se vende primero por la sección ‘Deportes’, después por la información
de espectáculos y le siguen turf, policiales, juegos de azar, información
general y, por último, los temas políticos. En definitiva, Crónica
se vende porque habla de los temas de la vida”, analizó muchos años después su
creador, Héctor Ricardo García. No casualmente el pico máximo de venta lo
alcanzó el 26 de junio de 1978, el día posterior al primer título del mundo
conseguido por la selección nacional de fútbol, con 1.057.858 ejemplares. La
única ocasión en que el diario había vendido más de un millón de ejemplares
había sido cuatro años antes, también con un protagonista del deporte en la
tapa: el boxeador Carlos Monzón, campeón del mundo de los medianos. La edición
del 30 de octubre de 1974, donde se anunció en exclusiva el inicio de su
romance con Susana Giménez, vendió 1.023.478 ejemplares.
El mismo García venía de amasar un gran éxito con
la revista Así es Boca, publicación que cubría exclusivamente la actividad del
Club Atlético Boca Juniors y que apareció por primera vez el 7 de abril de
1954, para competir con Selecciones Boquenses y BJ. Tuvo la fortuna que muchas
veces necesitan las publicaciones partidarias, ya que esta temporada el equipo
de la Ribera
fue campeón después de una década “y la nueva revista hizo una campaña
sensacional”, llegando hasta una tirada de 90.000 ejemplares. Tomó el legado de
la precursora del género de este tipo de publicaciones, que también estaba
destinada el club xeneize: Boca...!, que apareció por primera vez en septiembre
de 1942 y se prolongó hasta el final de la década. La siguieron Racing (en
1943), El Ciclón (1944), River (1944), Independiente (1945), Mundo Boquense
(1947) y una lista interminable de publicaciones que han surgido a lo largo y a
lo ancho del país, no sólo en relación a los clubes de primera división, sino
también de los equipos del ascenso y de otros deportes.
En el nacimiento del fenómeno, allá por los años
cuarenta, “generalmente las revistas no eran órganos oficiales de las
instituciones y destinaban casi todas sus páginas al fútbol. Sólo en las
últimas páginas aparecían referencias a disciplinas deportivas como pelota a
paleta, básquetbol o bochas. Tenían poca publicidad y su precio era reducido.
Casi siempre, el volumen de sus ventas oscilaba al vaivén de la suerte de los
colores amados”. Un repaso a la historia del periodismo deportivo argentino no
puede dejar de lado este tipo de publicaciones, producto del verdadero amor a
la camiseta.
En una de ellas, la revista Racing, hizo sus
primeras armas un periodista que escribía con el seudónimo de Cruz de Piedra y
que luego dirigió 15 años la publicación con su nombre y apellido: Bernardo
Neustadt. Más tarde forjó una extensa y polémica carrera como analista
político, lo que lo pone en una larga lista de periodistas que se iniciaron en
el mundo del deporte y luego lo trascendieron. Nelson Castro[29], Marcelo
Tinelli, Néstor Ibarra, Rolando Hanglin, Eduardo Van der Kooy, Julio Blanck,
Alfredo Leuco, Gustavo Béliz y el mismísimo Osvaldo Soriano (el novelista
argentino con más libros vendidos) empezaron su trayectoria como periodistas
deportivos, antes de destacarse en otras especialidades.
Hasta el Che Guevara tuvo su incursión en la
materia. En 1951 fundó la revista Tackle, una de las primeras publicaciones que
se ocupó del rugby en el país, y cuatro años más tarde cubrió los Juegos
Panamericanos de México para Agencia Latina (una agencia de noticias creada por
el gobierno peronista en 1953), mientras se encontraba viviendo en la capital
azteca. Y esa experiencia le sirvió para fundar la Agencia Prensa
Latina, luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959.
También fueron muchos otros los periodistas
deportivos que ejercieron otras tareas, pero que nunca se alejaron del deporte.
Un caso emblemático fue el de Diego Lucero, uruguayo que fue muchos años
columnista en el diario Clarín. Llegó a ser corresponsal de guerra y miembro de
la Academia Porteña
del Lunfardo, pero siempre vivió ligado al fútbol. Tanto que hasta su muerte,
en 1995, era el único periodista en el mundo que había estado presente en todos
los Mundiales. Juan De Biase, otro hombre de Clarín, llegó a escribir sobre la
reforma agraria en Bolivia para la revista Todo es Historia, mientras que
Carlos Juvenal escribió dos libros sobre el caso Sivak en medio de una
trayectoria que se inició en la sección Deportes de La Nación y terminó en TV con
Tribuna caliente.
Otro inolvidable fue Alberto Laya, que firmaba sus
notas en La Nación
con el seudónimo de Olímpico. Llegó a prosecretario de redacción del diario y
en 1987 fue distinguido con el premio Konex como el máximo periodista deportivo
en toda la historia de la prensa escrita. Antes fue jefe de Deportes e hizo
historia con su columna semanal “Mirador deportivo”.
Volviendo a Héctor Ricardo García, no le fue tan
bien cuando concretó el proyecto de un diario deportivo, el primero que existió
en el país. Se llamó Ultima Hora, salió a la calle por primera vez el 2 de
agosto de 1965 y lo editó Editorial Sarmiento (la misma de Crónica), pero no
cumplió con las expectativas y tuvo una corta duración.
Tuvieron que pasar tres décadas para que volviera a
aparecer otro diario exclusivamente dedicado a los deportes, cuando el auge de
la información deportiva parecía pedirlo a gritos. Fue el 23 de mayo de 1996,
con la aparición de Olé. Lo editó el Grupo Clarín a partir de una idea que
empezó a madurar en 1994, cuando tras el Mundial de fútbol de Estados Unidos el
diario Clarín incorporó el color a su suplemento deportivo de los lunes, además
de ampliar su salida a los jueves y sábados. Por ese entonces se rumoreaba que
el diario de Ernestina Herrera de Noble planeaba incorporar diariamente el
suplemento de Deportes (algo que sí hizo La Nación en 1996). Pero a principios de 1995, se
produjo una sociedad entre Editorial Atlántida (editora de El Gráfico) y Torneos
y Competencias con la finalidad de editar un diario deportivo, y Clarín decidió
ganarles de mano.
Con la dirección de Ricardo Roa y un grupo de
responsables provenientes de la sección de Deportes del gran diario argentino,
“Olé salió con el típico respaldo de Clarín, con un gran lanzamiento
publicitario y de marketing (concursos de regalos de ropa deportiva, pelotas de
fútbol, dinero en efectivo) y ascendió más o menos velozmente a los 130.000
ejemplares de venta” ya en su primer año. Luego fue incrementando esa cifra y,
más de una década después, está plenamente consolidado y logró imponer un
estilo muchas veces discutido, retomando las palabras de la calle y el tablón.
El periodismo radiofónico
El viernes 14 de septiembre de 1923 a las 21.56, ése es el
momento exacto en que la radio y el deporte en nuestro país sellaron su
unión.Ese fue el momento preciso en que se anunció que estaba a punto de
comenzar el combate de boxeo por el título mundial de los pesados entre Jack
Dempsey y Luis Angel Firpo. La transmisión estuvo a cargo de Radio Cultura,
aunque muchos porteños se reunieron frente a las pizarras del diario Crítica,
desde donde siguieron la pelea a través de altavoces, un sistema que se utilizó
en los primeros años y que rápidamente fue adoptado también por el diario La Nación.
En los años siguientes llegaron las primeras
versiones de un clásico del periodismo deportivo: las transmisiones radiales de
partidos de fútbol. El punto de partida hay que buscarlo el jueves 2 de octubre
de 1924. Esa tarde el seleccionado argentino se midió con Uruguay, que venía de
consagrarse campeón olímpico, en la cancha de Sportivo Barracas. Horacio
Martínez Seeber, un radioaficionado de 23 años, quedó en la historia como el
que llevó adelante la emisión por LOR Radio Argentina, acompañado por Atilio
Casime, periodista del diario Crítica. Les quedó para siempre el rótulo de
pioneros, aunque su tarea no fue un relato como los que se conocen en la
actualidad, sino que consistió en “describir someramente lo que ocurría en el
terreno de juego”[38] en ese partido en el que Argentina ganó 2-1 con el
célebre gol de Cesáreo Onzari desde un tiro de esquina, que dio nacimiento al
nombre de “gol olímpico”.
En cuanto al primer partido relatado, las distintas
fuentes no son tan coincidentes. Una de ellas se lo atribuye a Tito Martínez
Delbox con fecha de 1927[39], mientras que Jorge Iwanczuk la sitúa dos años
antes (en 1925) y le da el crédito al periodista Jorge Leal, por LS 2 Radio
Prieto de Buenos Aires[40].
Sea como sea, revisando las fechas de las primeras
experiencias radiales en la materia, se estima que Argentina fue pionera en el
mundo. En Inglaterra la primera transmisión fue en 1928, y luego siguieron
otras en Austria (1929), Francia (1929), Brasil (1930), Italia (1930), Uruguay
(1930) y Checoslovaquia (1931).
Rápidamente, nuestro país vio surgir también a los
primeros especialistas en relato de fútbol. En 1928 ingresó a Radio Prieto el
relator Roque Silliti, que transmitía los partidos pegado al alambrado[41]. En
ese mismo año se realizaron los Juegos Olímpicos de Amsterdam, que
representaron el salto a la popularidad de Alfredo Aróstegui, y le valieron
para siempre el apodo de “relator olímpico”[42].
Ya en los años ´30 llegaría el turno de Lalo
Pelliciari, la primera figura indiscutida del relato. Nació en Buenos Aires,
pero se radicó en Montevideo y se formó en la escuela de radio uruguaya, por lo
que su llegada al país (para relatar en Radio Rivadavia) rompió con los moldes
de la época[43]. Pasó fugazmente por radio Stentor y desde allí saltó a Mitre,
emisora que terminó comprando y donde fue famosa su dupla con el comentarista
Enzo Ardigó.
Pese a todo, para la radio no fueron sencillos los
primeros tiempos, ya que incluso fue muy fuerte la idea de suprimir las
transmisiones de fútbol. A partir de su creciente aceptación, se hizo fuerte
una creencia de que iban a alejar al público de las canchas. En ese sentido, es
reveladora la siguiente editorial de la revista Radiolandia, en el año 1936.
"En estos momentos, una entidad directiva del fútbol trata de obtener de
su comisión directiva un resolución tendiente a la supresión total de las
transmisiones de los matches profesionales, alegando que ellas son responsables
de la reducción de los ingresos en sus respectivas arcas. Vamos a colocarnos
decididamente en contra de tal posibilidad, por cuanto no tenemos otra
orientación que defender la aspiración popular, en amplia mayoría, de que las
transmisiones del fútbol sean mantenidas. Por lo contrario, ya hemos sostenido
que esa difusión radiotelefónica del deporte de actualidad debe ser mejorada
mediante circunstancias más favorables para los relatores que, domingo a
domingo, deben afrontar rigores de temperatura y molestias de ubicación, a fin
de cumplir su cometido. Las direcciones de las broadcastings interesadas deben
interponer su influencia más enérgica, a fin de que con un motivo de tanta
parcialidad y de tamaño error no se adopte una medida a todas luces injusta y
desconsiderada”[44].
Por supuesto, la prohibición nunca llegó a ser tal
y la radio siguió construyendo un camino indestructible junto al deporte. Para
ese entonces ya estaba al aire una audición que marcaría a generaciones de
oyentes: La oral deportiva. Inicialmente se emitía por Radio Splendid, hasta consolidarse
en Radio Rivadavia. Es decana en el periodismo nacional y, todavía vigente, se
trata de uno de los programas más antiguos del mundo. “Nació en 1933, como un
programa de informaciones en la redacción de Crítica. Sus propulsores fueron
Edmundo Campagnale y su hermano. Colaboraba también Enzo Ardigó y, luego, José
María Muñoz. Al morir en 1958 Campagnale, fue Muñoz quien continuó al frente
del programa durante 35 años. Tras su muerte, en octubre del 92, siguieron en
la conducción del emblemático ciclo Horacio García Blanco y, en un período más
prolongado, desde fines de 1993 hasta 2001, el periodista Ernesto Cherquis
Bialo”[45]. Desde 2002, la radio pasó a ser manejada por el equipo periodístico
de la señal de cable ESPN, aunque ya alejada de su momento de gloria.
En su momento, su predicamento fue tan fuerte que
todos los 7 de noviembre se festeja el Día del Periodista Deportivo,
conmemorando esa jornada de 1933 en que La oral salió al aire por primera vez.
Su sello de marca fue la producción propia de noticias, bombardeando al oyente
con información desde los distintos escenarios del mundo deportivo. En sus
inicios se ocupó exclusivamente del fútbol y fue líder de audiencia, por lo que
rápidamente se iban a formar equipos periodísticos para competir con el grupo
que ya descollaba en Rivadavia.
El primero fue el que se hizo conocer como Alca, la Voz del Gigante y que se puso
en marcha el 6 de marzo de 1935[46]. Nació con la idea de hacer una audición
similar a la de Radio Rivadavia, con un boletín diario en el clásico horario
vespertino (esta vez de 19.15
a 20) y a su vez con transmisiones de fútbol y boxeo.
Salía al aire desde dos emisoras: LR2 Radio Argentina y LS2 Radio Prieto y hay
que destacar que incorporaron la cobertura de un amplio número de deportes, con
un equipo de periodistas provenientes de la prensa escrita[47].
Alca creció velozmente y eso quedó evidenciado
cuando en poco tiempo compró la revista Alumni, y por un sistema de
autoparlantes se encargaba de entretener al público en los estadios. Además,
armó una red con radios del interior del país, que incluyó a LT3 de Rosario,
LT9 de Santa Fe, LU7 de Bahía Blanca y LV2 de Córdoba. Incluso muchos diarios
del interior tomaban las transmisiones y las difundían por el sistema de
parlantes.
Dos años después, en 1937, un desprendimiento de
Alca dará nacimiento a un nuevo equipo periodístico: Sports, emitido por LS9 La Voz del Aire. Se trató del
despegue definitivo de Joaquín Carballo Serantes, más tarde apodado el Maestro,
pero al que todos conocieron con su seudónimo: Fioravanti. Luego de ser el jefe
del boletín diario en el equipo de Alca, y de haber comentado fútbol en sus
transmisiones, en La Voz
del Aire se consolidó definitivamente como relator. En esa tarea, muchos lo
consideran el mejor de todos los tiempos, aunque él siempre se consideró un
periodista gráfico, actividad que desarrolló ininterrumpidamente entre 1932 y
1958. Uruguayo de nacimiento pero santafesino por adopción, empezó en los
diarios La Provincia
y El Orden, de la capital de su provincia. Luego, ya en Buenos Aires, escribió
en Noticias Gráficas, Pregón y La
Razón (desde 1939), donde su columna “Claxon Deportivo” marcó
una época[48].
Apoyado en esa formación, marcó una época con su
manejo del lenguaje y fue líder de audiencia durante las décadas del ’40 y ’50,
la primera en LR4 Radio Splendid y la segunda en Radio El Mundo. El domingo 13
de abril de 1941, debutó en su nueva etapa con un Newell’s 3 – Boca 2 al que
recordaba como “el primer partido que narré”, no por falta de memoria (hacía
cuatro años que alternaba el relato con el comentario), pero sí por considerar
que su etapa anterior constituía un período de transición. No sólo relató
fútbol, sino que también marcó un suceso de la mano del boxeo.
A mediados de los años 40, introdujo un sistema de
cartografía similar al que se utilizaba en Uruguay, en el que la cancha se
dividía en 16 sectores, de modo tal que los oyentes tuvieran referencias más
claras de lo que ocurría en la cancha. Auspiciaba la empresa tabacalera Nobleza,
que imprimió el Plano Nobleza para servir de referencia a quienes sintonizaran
la audición[49]. Esta fue una más de las muchas innovaciones que Fioravanti
introdujo en el relato deportivo. “Fue el creador de la transmisión tal cual se
la conoce ahora, el primero en todo. Relató desde una cabina ubicada en lo más
alto del estadio y no desde el borde del campo o en la platea para evitar que
se cuelen los insultos de los espectadores. Creó las conexiones para tener al
instante todo lo que sucedía en las otras canchas. Tuvo durante años un
auspiciante único (cigarrillos Caravana, Bodegas y Viñedos Giol) para que las
largas tandas y las voces de sus locutores comerciales no consumieran los
mejores momentos de los partidos. Y al final de sus programas resumía la
jornada con una vibrante síntesis que remataba con la repetición del relato de
los goles”[50].
Su voz transmitió a los argentinos los triunfos del
seleccionado en los sudamericanos de los años ’40 y ’50, y también el fallido
retorno a los campeonatos del mundo en 1958. Acompañado por Enzo Ardigó,
Horacio Besio y la locución de Valentín Viloria, estuvieron a punto de
convertir a Radio El Mundo en la única emisora argentina en Suecia, aunque a
último momento se sumó Radio Belgrano, con Eugenio Ortega Moreno, Roberto
Moreno y un joven Enrique Macaya Márquez, que desde entonces estuvo presente en
todos los Mundiales[51].
También en Belgrano, Dante Panzeri, Pepe Peña y
Adolfo Pedernera produjeron un gran impacto periodístico en la década del 60,
con la audición nocturna Fútbol al centímetro. “Eran Las tres P, una verdadera
revolución en la manera de analizar, sin concesiones, el tema
futbolístico”[52].
Pero nadie hizo olvidar a Fioravanti, galardonado
en 1987 con el premio Konex de Platino, como la máxima figura de la historia
del periodismo deportivo en medios audiovisuales. Entonces tenía 82 años y la
distinción le llegó dos años antes de su muerte, el 30 de noviembre de 1989.
Había dejado el relato en 1975 (en Radio Cerealista de Rosario) para pasar a
ser nuevamente comentarista, y en esa función vivió el Mundial 78, trabajando
para Radio Splendid. Su clásico grito de gol alargando la L (Golllllllllll) lo distingue
claramente de los relatos actuales.
Quien rompió con ese estilo y empezó a estirar la O (Gooooooool) fue Bernardino
Veiga, otro que relataba boxeo además de fútbol. Se inició al lado de
Fioravanti en La Voz
del Aire, pasó por Radio Rivadavia y fueron célebres sus noches de boxeo desde
el Luna Park, en Splendid. Pero su gran salto a la popularidad lo tuvo en Radio
Mitre, siguiendo la campaña de Boca.
El Xeneize fue el primer equipo del país en tener
una transmisión partidaria, que nació en 1954 en Radio Argentina. La idea fue
de tres amigos que, curiosamente, no eran hinchas del club: Héctor Rombys,
Víctor Francis y Alfredo Curcu. “¿Por qué Boca? Es el más popular. Fuimos los
primeros en seguir solamente a un club de fútbol. Y nunca nos imaginamos que
íbamos a permanecer tanto tiempo”[53], recuerda Rombys, que estuvo a cargo de
la campaña 26 años seguidos, hasta 1980. Habían comenzado en Radio Argentina
con los relatos de Raúl Peiré, al que sucedió brevemente Curcu hasta la llegada
de Veiga. Bernardino fue el más querido por los hinchas, a partir de un estilo
pasional que siguieron después las distintas transmisiones de este tipo. “Era
muy fanático, no lo podía evitar. Los goles del rival no los gritaba”, asegura
Rombys.
Siguiendo a Boca viajaron por todo el mundo y le
dieron espacio a figuras como Juan José Moro, Ricardo Arias, Ernesto Cherquis
Bialo y Juan José Lujambio. A este último lo ubicaron en estudios centrales, un
puesto clave en cualquier transmisión, y desde allí hizo historia durante
décadas en distintas emisoras, destacando por su información y manejo de la
estadística. Con todos esos ingredientes marcaron un camino y el público los
acompañó, ya que la transmisión se consolidó como la segunda más escuchada y
por momentos peleó el primer lugar.
Claro, para ese entonces hacía tiempo que el líder
de audiencia era José María Muñoz. “El relator de América”, como se lo conoció
después, había ingresado a Radio Rivadavia en 1947 y se mantuvo por 45 años
(con la sola excepción de una temporada en Radio Belgrano). En 1958, al morir
Edmundo Campagnale, se hizo cargo de la dirección de Deportes y fue el gran
puntal para que La oral deportiva recuperara el liderazgo. Sus relatos en dupla
con el comentarista Enzo Ardigó, más la locución comercial de Cacho Fontana,
marcaron una época en los años sesenta. Tanto que las mediciones de 1968 decían
que el 85 por ciento de las emisoras sintonizaban Rivadavia[54]. “Muñoz cambió
todo, lo dio vuelta, con un concepto y un estilo de radio distinto. Y además lo
avaló la aparición de la famosa Spika, que la gente llevaba a la cancha. Eso
terminó con una camada de narradores excepcionales, porque Muñoz demostró que
iba con la pelota o antes que la pelota, marcando la jugada que podía venir.
Como relator fue extraordinario”[55], recordó años después Horacio García
Blanco, quien fuera uno de sus comentaristas más destacados de los ’70 y ’80
(como lo fueron también Julio César Calvo, Julio Ricardo y Enrique Macaya
Márquez) y su sucesor en la dirección de Deportes de la radio.
Como Fioravanti, el Gordo Muñoz no se limitaba al
fútbol: también relató Juegos Olímpicos, siguiendo las actividades de los
argentinos, y se preocupó por la difusión de deportes que no eran tenidos en
cuenta por los medios, lo que lo transformó en gran impulsor de las Fiestas
Mayas de atletismo. Con un estilo que contrastaba con el lenguaje cuidado de su
antecesor en el liderazgo, lideró un torbellino de información que no tuvo
contra. En La oral deportiva se hablaba de todo y ésa fue la clave del éxito.
El programa llegó a contar con casi un centenar de periodistas trabajando,
siempre con Muñoz a la cabeza[56].
Una lista de los que pasaron por La oral será siempre incompleta, pero
incluye a los hermanos Sojit, los Campagnale, Lalo Pelicciari, Bernardino
Veiga, Aytor Aramburu, Luis García del Soto, Ulises Barrera, Washington Rivera,
Héctor Vidaña, Francisco Mura, José Caldez, Julio Ricardo, Alfredo Curcu,
Néstor Ibarra, Julio César Conte, Dante Zavatarelli, los hermanos D’Agostino,
los Marini, Julio César Calvo, Roberto Montes,
Pedro Fiore, Horacio García Blanco, Juan Carlos Morales, Osvaldo Caffarelli,
Enrique Macaya Márquez, Jorge Bullrich, Marcelo Tinelli, Beto Gonzáñez, Roberto
Ayala, Juan José Lujambio, Roberto Rinaldi, Walter Saavedra, Juan José Moro,
Eduardo Luis, Osvaldo Whebe, Horacio de Bonis, Rubén Falcón, Juan Carlos Aced,
Héctor Sanz, Hernán Didona, Alberto Citro, Hugo Sánchez, Mario Serafini, Hernán
Ramazoti, Víctor Brizuela, Roberto Reyna, Emilio Caso, Roberto Sbarra, Carlos
Menéndez, Walter Nelson, Julio Gonzalo Pertierra, Carlos Alberto Muñoz, Marcelo
Baffa, Oscar Mileti, el profesor Civitarese, Ernesto Cherquis Bialo, Néstor
Centra, Enrique Sacco y hasta Luis Sandrini, que tuvo un muy fugaz paso por el
programa, al igual que Fioravanti[57].
También en Radio Rivadavia nació Carburando, en
marzo de 1960, de la mano de Isidro Gonzalez Longhi y Andrés Rouco, las cabezas
de un grupo de periodistas que se especializaron en el automovilismo. Eduardo
Gonzalez Rouco se hizo cargo de los relatos en 1969 y tuvo mucho que ver en el
éxito de las audiciones, que se transformaron en las líderes en la materia y
desembarcaron en la televisión en 1990, para combinar los dos soportes desde
entonces.
Continuaron así la senda que había iniciado Luis
Elías Sojit, para muchos “el inventor del automovilismo deportivo”[58]. Había
comenzado en 1933 en Radio Splendid, y a finales de la década ya eran famosas
sus transmisiones (junto a Manuel Sojit, su hermano) de los Grandes Premios a
través del programa Coche a la vista, frase que usaba como latiguillo en sus
transmisiones y que también sirvió de nombre a una revista que fundó años
después. Vivió una época de oro del TC, cuando coincidieron Juan Manuel Fangio
y los hermanos Gálvez. También incursionó en el fútbol, fue quien bautizó como
“León de Wembley” al arquero Miguel Angel Rugilo y vivió dos momentos centrales
de su trayectoria en Rivadavia. En 1934 relató el Mundial de Italia y en 1952
fue la voz de los Juegos Olímpicos de Helsinki, cuando le cedió a José María
Muñoz la chance de relatar la regata de Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero,
que se quedaron con la medalla de oro en remo.
Muñoz falleció 40 años después, el 14 de octubre de
1992. Justo un día después de abrir y cerrar desde la cama la transmisión de un
clásico Boca-River, dejando para la posteridad frases como “Fútbol, pasión de
multitudes”, “Peligro de gol” o el clásico “Gol, gol, gol, gol, gol, gol, gol”,
antes de tomar aire y arremeter con el grito desenfrenado. Son sellos
personales que quedaron para la historia junto con algunos furcios memorables
disimulados por una capacidad de trabajo descomunal. Perdió predicamento ya
entrada la década del ochenta, cuando no pudo escapar de la sombra de su apoyo
a la dictadura de Jorge Rafael Videla en tiempos del Mundial 78 que se jugó en
Argentina[59] y -sobre todo- del Mundial juvenil de 1979, que coincidió con la
visita de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos que investigaba
las desapariciones de personas. Cuando el equipo que dirigía César Menotti y
capitaneaba Diego Maradona se alzó con el título, el Relator de América llamó a
festejar en la Plaza
de Mayo para demostrar “que la
Argentina no tiene nada que ocultar”[60]. Y gran parte de su
público no se lo perdonó.
El retorno de la democracia, en 1983, lo encontró
perdiendo terreno a manos de un relator uruguayo llamado a hacer historia en Argentina:
Víctor Hugo Morales. El 22 de febrero de 1981 debutó en Radio El Mundo, en el
partido en que Boca venció 4-1 a
Talleres de Córdoba en la Bombonera. Coincidencia o no, esa tarde debutó
Maradona con la camiseta azul y oro. Víctor Hugo no era un desconocido para el
público argentino, ya que en 1967 llegaba al aire de Buenos Aires desde Radio
Colonia, donde se lo presentaba como “el relator más joven de América”[61].
Pero esta vez cruzaba el Río de la
Plata para quedarse.
Fernando Niembro y Adrián Paenza fueron los
periodistas enviados por la radio para convocarlo. Ambos venían de Deportes
Belgrano, una audición de la radio homónima que se había conformado como un
desprendimiento de La oral deportiva. Allí se insinuó un nuevo perfil de
programa que se consumó en Sport 80, un envío que marcó un quiebre en el
periodismo deportivo argentino[62]. Además de ellos tres, la presencia de
Néstor Ibarra, Marcelo Araujo, Diego Bonadeo, Jorge Crossa, Ricardo Ruiz y Juan
José Lujambio (el especialista en estadísticas) sirvió para conformar un equipo
de lujo, que hizo historia por la calidad de sus debates. En 1982, el programa
pasó a Radio Mitre y allí se sumó Alejandro Apo, el comentarista que más tiempo
transitó junto a Víctor Hugo y que creó en los noventa el programa Todo con
afecto, donde conjugó el deporte con la literatura.
Todavía vigente 27 años después de su llegada,
Morales revolucionó el relato deportivo. “Con él ocurrió algo parecido a los
casos de Lalo Pelliciari, Fioravanti y José María Muñoz: fueron distintos, se
convirtieron en modelos, a sus maneras y a sus tiempos. De Víctor Hugo han
tratado de incorporar algún rasgo del estilo: sus supuestos diálogos entre los
protagonistas, la creación de climas de suspenso, aventurar desenlaces en
jugadas de gran interés ofensivo, el estiramiento de la explicación de cada gol
con imágenes que endiosan al autor y la maniobra final. Todo eso sostenido con
un variado vocabulario, rapidez y versismo en la narración, bastante fantasía
para adornar las distintas sensaciones emotivas, profusos datos, antecedentes y
apelaciones a la realidad extrafutbolística”[63], se escribió en su momento.
Dueño de una cultura general muy superior a la media, fue convocado muchas
veces para llevar adelante programas que no tenían que ver con el deporte en
radio y TV, y lo hizo con éxito, pero siempre siguió abrazando el periodismo
deportivo.
Dejó Radio Mitre en 1986 para relatar el Mundial de
México para Radio Argentina, donde se consagró con su extraordinaria narración
del segundo gol de Maradona a los ingleses. “Barrilete cósmico” o “¿De qué
planeta viniste?” son frases que siguen en el recuerdo más que 20 años después.
Luego mudó su “Ta, ta, ta...” (con el que anticipa
los goles) a Radio Continental, donde encabezó el ciclo Competencia, en el
clásico horario de las 19 Allí trabajaron Enrique Wolff, Julio Ricardo, Juan
Fazzini, Alejandro Apo, Juan Carlos Mena, Gustavo Veiga, Guillermo Salatino,
Ricardo Sciosia, Miguel “Tití” Fernández, Eduardo Ramenzoni, Reynaldo Martínez,
Hugo Lencina, Marcelo Benedetto, Juan Yankilevich, Juan Manuel “Bambino” Pons,
Diego “Chavo” Fucks, Román Iutch, Jorge Arcapalo, Gustavo Cima, Walter Vargas,
Osvaldo Whebe, Viviana Vila, Guillermo Caporaletti y muchos otros. Entre ellos,
un joven relator que ya en el siglo XXI lo desalojó del primer lugar de la
audiencia radiofónica: Mariano Closs.
Tras haberse iniciado en Radio Continental, Closs
trabajaba para Torneos y Competencias en televisión cuando Carlos Avila lo
convocó en 1998 para sumarse a La
Red, la primera emisora porteña que llegó a tener una
programación deportiva las 24 horas[64], formato que se había iniciado el año
anterior. Así, en el aire de la AM
910 (que hasta 1991 fue Radio Excelsior) compitió con Víctor Hugo Morales desde
su tira Un buen momento en el tradicional horario de las 19, hasta que
consiguió desplazarlo del liderazgo. “Cuando me ofrecieron este programa, la
idea era hacer una tira en un horario competitivo como el del regreso. La Red tenía que afianzarse
frente a las demás emisoras y el programa surgía a partir de lo que es la
actualidad. Buscamos dar en primera instancia buena información, sin demagogia,
con honestidad. Tratar de identificarnos con la gente y que la gente se
identificara con uno. Lo básico era eso: informar, saber preguntar y
repreguntar, debatir con respeto, comentar y sacar conclusiones”[65], analizó
tiempo después sobre este proyecto.
En 2009, ya consolidado como la máxima figura de la
emisora a partir de la partida de Fernando Niembro (quien consolidó el horario
del mediodía) a Radio Del Plata, sumó trabajo extra. Además de las
transmisiones de los partidos y de la tira de la tarde, sumó la franja de 11 a 14, para competir
justamente con Niembro, su histórico compañero en las transmisiones de TV en
Telefé y, más tarde, en Fox Sports.
Con su estilo, Mariano Closs es el heredero de
Fioravanti, Muñoz y Víctor Hugo, pero también de otros relatores que hicieron
grande esta particular especialidad del periodismo deportivo. En esa nómina hay
que incluir a Alfredo Aróstegui, Lalo Pelliciari, Alfredo Curcu, Luis Elías
Sojit, Washington Rivera, Osvaldo Caffarelli, Eugenio Ortega Moreno, Bernardino
Veiga, Yiyo Arangio, Raúl Peyré, Daniel Adrián, Ricardo Podestá, Juan Carlos
Rousselot, Ricardo Porta, Edgardo Gelabert, Miguel De Renzis, Carlos Parnisari,
Humberto Dátola, Jorge Bullrich, Juan Manuel Pons, Walter Saavedra, Juan Carlos
Morales, Alejandro Fantino, Héctor Caldiero, Atilio Costa Febre, Juan Pablo
Vignolo y Rodolfo Cingolani, entre muchos otros. El listado tuvo un crecimiento
exponencial a partir de la década del ’80, cuando la explosión de las FM
multiplicó la cantidad de transmisiones en cada punto del país.
El periodismo televisivo
El 18 de noviembre de 1951 es una jornada
insoslayable del periodismo deportivo en Argentina: fue la primera vez en que
se televisó un partido de fútbol. Se trató de un San Lorenzo-River disputado en
el viejo Gasómetro de avenida La
Plata. Fue a través de Canal 7, que manejaba el Estado, sólo
con dos cámaras y con el auspicio de YPF[66]. Ernesto Veltri fue el relator y
Enzo Ardigó y Raúl Goro completaron el equipo periodístico que siguió las
alternativas de aquel 1-1 que se pudo ver en diferido en los escasos
televisores que existían en el país. Claro, la TV había llegado oficialmente al país un puñado
de días antes, el 17 de octubre de 1951.
Menos de un mes después, ya se pudieron observar
los primeros partidos en directo. Curiosamente, también desde la cancha de San
Lorenzo: fueron los dos encuentros de desempate por el título de ese año entre
Racing y Banfield, al cabo de los cuales la Academia logró el tricampeonato tras igualar 0-0
el primero (sábado 1º de diciembre) y ganar 1-0 el segundo (miércoles 5) con
gol de Mario Boyé. En el medio, el domingo 2, se transmitió por primera vez el
turf, desde el Hipódromo Argentino de Palermo, con el Gran Premio Carlos
Pellegrini. Y un año y medio después llegó el primer partido de ascenso:
Argentinos Juniors 3 - Argentino de Quilmes 0, el 10 de mayo de 1953, desde la
cancha de Ferro y por la
Primera B.
Lo cierto es que en esos primeros años las
transmisiones no tuvieron demasiada continuidad, quizás debido a que “en esos
primeros tiempos la TV
se veía más en la calle, tras las vidrieras, que en la casa”, al decir de
Carlos Ulanovsky. La televisión recién llegaba al país y todavía era una rareza
que estuviera en los hogares[67]. Por eso, no fueron muchos que los tuvieron la
chance de ver el primer programa deportivo que existió en el país: Visiones
deportivas, que se emitía de 20
a 21. Lo conducía Luis Elías Sojit y lo acompañaba buena
parte del Departamento de Deportes de Radio Rivadavia: Washington Rivera, Aldo
Zavatarelli (padre de Dante), Edmundo Campagnale y hasta José María Muñoz.
Más tarde, el propio Rivera se dio el gran gusto de
ser parte del primer gran éxito del deporte en televisión: la Cabalgata Deportiva
Gillette, que estuvo siete años en el aire
(entre 1956 y 1963), primero en Canal 7 y luego en el 9, el primer canal
privado de la televisión argentina. También fue parte del ciclo Borocotó, el
periodista de El Gráfico, que a mediados de los cincuenta ya se había
consolidado como el relator de fútbol de Canal 7. En el equipo periodístico que
transmitía los partidos lo acompañaban Ampelio Liberali en los comentarios y
Carlos Iglesias en la locución comercial.
Tanto la Cabalgata como las transmisiones eran producidas
por la agencia publicitaria J. Walter Thompson[68], al igual que el programa
Fútbol con los Borocotó, donde Ricardo Lorenzo (el nombre real de Borocotó)
compartía pantalla junto a sus hijos Eduardo (Borocotó Junior) y Ricardo. El
programa familiar tuvo también una versión radiofónica, en Radio Libertad.
Pese a todo, el negocio potencial que significaba
la televisión tardó bastante en explotar y los primeros tiempos fueron muy difíciles.
Y quizás el primero en comprenderlo en su real dimensión fue Alfredo Rustchi,
más conocido como Apo, apodo que años después usaría como apellido su hijo,
también periodista deportivo: Alejandro Apo.
Rustchi tuvo que enfrentar los miedos de la dirigencia,
que en 1960 decidió suspender las transmisiones. A comienzos de esa década las
opciones en la pantalla de multiplicaban[69], pero la AFA le bajó el pulgar a la TV al sostener que quitaba
público a los estadios y hacía perder dinero a los clubes. “El sostenía lo
contrario: significaría una promoción y hasta una salvación económica. Su
posición se transformó en una realidad irrebatible algunos años más tarde. Fue
así como en 1965, bajo su dirección periodística, se vieron en directo por
Canal 9 los partidos oficiales de la Tercera División,
y al año siguiente, por el 13 (con él de comentarista y Julio Ricardo como
relator). En esa temporada, además, era jefe de Deportes de Canal 7, que
comenzó a emitir en directo un partido de Primera B los sábados y reproducía un
video del clásico de Primera los lunes por la noche”[70].
Antes de esas transmisiones, y junto a Carlos
Fontanarrosa, dieron vida a Polémica en el fútbol, un programa de debate
pionero, con participación de protagonistas e hinchas en el estudio. Nació en
1961 en Canal 9 y pasó primero al 7 y después al 11, donde se incorporó Julio
Ricardo. Duró 14 años en el aire, hasta 1975, con diversos conductores y la
misma fórmula que años después se utilizó para llevar adelante Tribuna caliente
(ya en 1993).
Otro envío de los primeros años fue Deporte con
opinión, que se emitió entre 1962 y 1964. Su primer conductor fue Carlos
Fontanarrosa y lo siguió Ampelio Liberali, pero recién se consolidó cuando tomó
la posta Dante Panzeri, con su estilo ácido y la aparición de especialistas
como Ulises Barrera (boxeo), Ernesto Lazzatti (fútbol) y Alberto Cauto
(automovilismo). Igual, no todas fueron flores para Panzeri en esos años: otro
proyecto suyo, Discusiones por deporte, duró apenas tres programas.
Claro que no todo era fútbol y uno de los deportes
que tenía su espacio era el boxeo. La Cabalgata Deportiva
Gillette traía desde Nueva York la principal pelea de la semana disputada en el
Madison Square Garden, mientras que en el mercado doméstico marcó un hito el
envío Entre las sogas. Conducido por Ulises Barrera, todos los miércoles a la
noche emitía en diferido los combates del miércoles anterior en el Luna Park.
Ricardo Arias se consagró allí como relator boxístico, mientras que el
compaginador Santiago Falcucci logró un hallazgo: inventó las repeticiones de
los golpes, cuadro por cuadro y en una cámara lenta especial[71].
También en diferido se vieron las imágenes del
Mundial de fútbol de 1962, disputado en Chile. En estudios lo presentaban José
López Pájaro (padre de Julio Ricardo) y Raúl Peyré, mientas que Tito Martínez
Delbox, Guillermo Stábile y Dante Panzeri trabajaban desde el país trasandino.
Los partidos se veían compactados por Canal 13 y Teleonce, pero 48 horas
después de haber sido disputados. Y a pesar de eso los argentinos fueron
privilegiados: desde aquí se enviaba el material a Europa, por lo que allí
recién se lo pudo observar mucho después[72].
Los mundiales de fútbol todavía no eran el fenómeno
mediático que fueron después y eso quedó claro cuatro años más tarde, cuando el
recién inaugurado Canal 2 de La
Plata compró la exclusividad de los derechos de Inglaterra
1966 como carta de presentación. Pero la nueva señal no se sintonizaba en la Capital Federal si
no se reorientaban las antenas, y pocas familias optaron por ese gasto, a pesar
del señuelo que significan las imágenes de la Copa del Mundo y el equipo de Deportes de Radio
Rivadavia (del mismo grupo empresario del canal) trabajando en cada uno de los
partidos.
En ese año, llegó a Canal 7 el periodista deportivo
con mayor continuidad en la pantalla: Enrique Macaya Márquez, para comentar los
partidos de los sábados y los lunes, en medio de un recambio. Se alejaron Juan
de Biase y Faustino García, y llegaron Horacio Aiello, Oscar Gañete Blasco,
César Abraham, Tito Martínez y Diego Bonadeo. Además, el canal emitió La Noche del Domingo, programa
que contó con la conducción de Pepe Peña y al cual se sumaron dos jóvenes
Rolando Hanglin y Adrián Paenza. Ya en 1967 será el tiempo del automovilismo,
con Emoción en las rutas por Canal 9, mientras que el 2 transmitía carreras en
su ciclo A toda marcha.
También fueron célebres en esos años las
transmisiones de la
Copa Libertadores, a cargo del periodista Roberto Federici y
con los relatos de Washington Rivera. Lo curioso era cuando tenían que viajar
al exterior y –muchas veces– se anunciaba la televisación en directo, algo que
era imposible ya que no existía todavía el satélite. “La argucia servía para
asegurarse por un rato un importante caudal de audiencia en perjuicio de la
competencia. Sólo cuando habían transcurrido varios minutos de la iniciación
del match, se informaba que no habría tal emisión por “razones técnicas” [73]”.
Recién en 1970 entró en acción el satélite, que
permitió ver en directo el Mundial de fútbol que se jugó en México; aunque sin
el seleccionado argentino, que no había logrado la clasificación. Para el resto
del mundo fue la primera Copa televisada en colores. La transmisión estuvo a
cargo del 13, con Héctor Drazer y Ricardo Arias en el lugar de los hechos,
mientras que Fernando Bravo y Ricardo Podestá hacían entrevistas y mantenían el
contacto con el satélite desde los estudios. También llegó vía satélite, el 7
de diciembre, el combate por el título mundial de los pesados entre Ringo
Bonavena y Muhammad Alí. Fueron 79.3 los puntos de rating que alcanzó Canal 13
en esa derrota con sabor a triunfo en el Madison Square Garden de Nueva York.
En 1974, Canal 7 envió al Mundial de Alemania a
Héctor Drazer, Mauro Viale, Marcelo Araujo, Enrique Macaya Márquez, Oscar
Gañete Blasco y Diego Bonadeo como enviados especiales. Pero el torneo se vio
en forma incompleta: mientras el 1º de julio se estaba televisando Suecia vs
Yugoslavia, la señal se interrumpió. Había fallecido el presidente Juan Domingo
Perón y el fútbol dio paso a la cadena nacional para informar sobre el tema.
Para saber el resultado del encuentro hubo que esperar a los diarios del día
siguiente. Algo similar ocurrió con el último encuentro de Argentina, 1-1 ante
Alemania Democrática. La TV
y la radio transmitieron en cadena los funerales del líder del Partido
Justicialista. Los más entusiastas apenas si pudieron escuchar el relato del
match por Radio Oriental de Montevideo.
Por supuesto, la explosión llegará cuatro años después
con el Mundial 78, y todas las ventajas que brindó para el periodismo del país
que el certamen se jugara en Argentina. Para televisarlo, nació la empresa
Argentina 78 Televisora SA, con la consigna de emitir la señal en colores hacia
el exterior. Pero los argentinos tuvieron que esperar para disfrutar de ese
adelanto.
Antes, 1977 fue un gran año para el deporte
nacional, y el público respondió, copando el podio de los tres programas más
vistos. Primero terminó Boca vs Cruzeiro por la final de la Copa Libertadores
(60.6); segundo la pelea por el título del mundo entre Carlos Monzón y el
colombiano Rodrigo Valdés (53.1); y tercero el programa Camino al Mundial
(40.2). Recién en cuarto lugar apareció un programa no deportivo y fue la serie
La mujer maravilla (33.7)[74]. Como una curiosidad, los cuatro eventos
pertenecieron a Canal 13. Además, Canal 11 siguió la campaña de River, el 9
acompañó a Guillermo Vilas a conquistar el mundo del tenis y el 7 mostró a
Carlos Reutemann en la Fórmula
1, además de continuar con la televisación del fútbol local.
Siguiendo esa línea, el rating que generó el
Mundial de Fútbol de 1978 fue inmenso: el partido en el que la selección venció
6-0 a Perú
logró 84 puntos de rating. Canal 7 destinó para la cobertura total del torneo
un equipo periodístico conformado por Julio Ricardo, Horacio Aiello, Mario
Trucco, Enrique Macaya Márquez, Marcelo Araujo, Tito Biondi y Héctor Drazer. El
19 de mayo se inauguró el Centro de Producción de Programas de Televisión en
Colores Argentina 78 Televisora SA y el 1º de junio a las 15, la ceremonia
inaugural en el estadio de River fue transmitida en directo por Canal 11.
En ese mes la imagen de Mario Kempes llegó a las
pantallas del mundo vestido de celeste y blanco, aunque la misma camiseta los
televidentes argentinos la vieron en blanco y negro. Recién un año después, en
1979, llegarían los colores. Será con la fusión entre Canal 7 y Argentina 78
TV, que daría como fruto ATC (Argentina Televisora Color).
De esta forma en 1982, y por primera vez, un
Mundial se vio en colores en nuestro país. Fueron 81 horas de transmisión de
partidos desde España, a cargo del equipo periodístico formado por Julio
Ricardo, Norberto Longo, Enrique Macaya Márquez, Marcelo Araujo, Mauro Viale,
Héctor Drazer, Ricardo Podestá, Mario Trucco y Tito Biondi.
En 1986, para el Mundial de México, la TV implementó las repeticiones
múltiples (un gol visto desde cuatro perspectivas diferentes) y la nota la dio
el Canal 2, que gracias al estilo jocoso de Quique Wolff, Rafael Olivari y Raúl
Parma llegó a tocar los 48 puntos de rating, algo inédito para la señal.
Wolff, que había jugado el Mundial 1974 para la
selección argentina, empezó a consolidarse así como el ícono de los ex
futbolistas que se dedicaron al periodismo. Varias veces ganador del premio
Martín Fierro y creador de Simplemente Fútbol y La banda dominguera, sorteó con
holgura una barrera nada sencilla para destacarse en un terreno donde corrieron
suerte diversa otros nombres de todas las épocas, desde Carlos Peucelle y
Ernesto Lazzatti hasta Diego Latorre y Roberto Perfumo. Proveniente de otro
deporte, el ex rugbier Nicanor González del Solar marcó una época con su ciclo
Deporte en acción, que en 1989 supo alzarse con un Martín Fierro como mejor
programa periodístico deportivo.
Canal 2 fue el primer paso dentro de la producción
televisiva para un empresario que cambió las reglas del juego del periodismo
deportivo en Argentina: Carlos Avila. Hombre de marketing, con pasado como
publicista y una cuenta bancaria abultada, su relación con el medio empezó a
principios de los ´90 con un programa de golf que auspiciaba Ford. Un año
después estaba en ATC, con un ciclo que llamó Torneos y Competencias, para
luego producir un clásico: El Deporte y el Hombre, con la conducción de Pancho
Ibáñez.
Ya había nacido para entonces Torneos y
Competencias SA, fundada el 27 de marzo de 1984, a partir de la
sociedad entre Avila y José Carlos Santoro, un ex director del Banco
Provincia[75]. Pero el gran salto llegó a mediados del año siguiente, cuando le
compró a la AFA
los derechos de televisación de los torneos del fútbol oficial y de los
partidos del seleccionado.
El contrato inicial se firmó sólo por tres meses y
dio nacimiento, el domingo 11 de agosto de 1985, a un programa que,
durante décadas, fue la cita obligada de los futboleros frente a la pantalla:
Fútbol de Primera. Comenzó en ATC y con los periodistas que estaban trabajando
hasta allí en el canal, pero inauguró un nuevo concepto en transmisiones
deportivas[76]. La primera emisión se centró sobre un River vs San Lorenzo.
“Muevo yo, Mauro, Walter Perazzo”, le anunció el delantero del Ciclón al
relator Mauro Viale, inaugurando una muletilla histórica. Enrique Macaya
Márquez fue el comentarista y Oscar Gañete Blasco también tuvo su participación
en los primeros años.
El formato original era muy simple: en una hora de
programa, 45 minutos se los llevaba un compacto del partido principal de la
fecha, y el resto se consumía con los goles de los demás encuentros. No fue el
primer programa que recopiló los goles de la fecha, título que hay que
atribuirle a Todos los goles, que se emitía por Canal 9 y en el que trabajaban
Dante Zavatarelli, Fernando Niembro, Marcelo Araujo y Adrián Paenza[77]. Pero
cuando Torneos y Competencias pasó a tener la exclusividad de los derechos,
determinó qué cámaras ingresaban a las canchas y se hizo con un público
cautivo. A raíz de su éxito, y como era previsible, Fútbol de Primera duró poco
en ATC, para pasar en 1989 a
Canal 9 y luego (en 1992) a Canal 13, ya privatizado y en manos de Clarín.
Con el tiempo el programa se estiró a dos horas y
se fue superando. Incorporó adelantos tecnológicos de última generación, se
multiplicó la cantidad de cámaras, aparecieron los clips con imágenes de partidos
y de hinchas, las entrevistas con los protagonistas y también el telebeam, para
analizar jugadas polémicas y redondear un show televisivo que recibió
innumerable cantidad de premios desde su creación. Ganó 16 veces el Martín
Fierro como el mejor programa deportivo en televisión, además de llevarse el
Martín Fierro de Oro en 1998. Premio para las 300 personas que trabajan cada
domingo para dar forma al envío.
Los cambios de canales trajeron consigo también un
cambio central en el plantel periodístico. Cuando el programa se trasladó a
Canal 9, Mauro Viale decidió quedarse en el 7, ya que era parte de la planta
permanente del canal. Para reemplazarlo ingresó Marcelo Araujo, que abrió una
nueva época en el relato televisivo. Hasta allí, los narradores nombraban al
jugador que llevaba la pelota y poco más. El incorporó un ritmo mucho más
vertiginoso, junto con un estilo irreverente y un vocabulario juvenil no exento
de insultos que lo hicieron popular y a la vez discutido. Frases como “¿Eso fue
penal o estoy crazy?” o “Macaya, estoy cagado” lo lanzaron al estrellato y lo
transformaron en pocos años en el periodista deportivo mejor pago del país.
La dupla entre Araujo y Macaya se mantuvo firme
durante 14 años, hasta que el 21 de noviembre de 2004 el relator fue
reemplazado por Sebastián Vignolo. Más tarde, Juan Pablo Varsky y Fernando
Pacini pasaron a compartir la conducción con el comentarista, en una tarea
similar a la que cumplió Adrián Paenza entre 1992 y 1995.
Paenza fue uno de los periodistas enviados por
Canal 13 para la cobertura del Mundial de fútbol de 1994 en Estados Unidos, y a
él Maradona le dijo entre lágrimas que “me cortaron las piernas”, tras ser
excluido del torneo por dar positivo en un control antidóping. El 10 estaba
contratado por el canal, y no era el único[78]. La cobertura del Mundial superó
todo lo conocido hasta el momento, y hasta el noticiero Telenoche (con Mónica y
César) se trasladó hasta Boston para seguir al seleccionado. Los partidos del
Mundial se vieron por cuatro canales (13, 11, 7 y 2), que movilizaron una
inmensa cantidad de periodistas. Eso sí, el rápido adiós del equipo nacional
impidió llegar a los picos de atención de 1990, cuando la final entre Argentina
y Alemania alcanzó los 80 puntos de rating por ATC.
Como sea, lo cierto es que el público acompañaba al
fútbol más allá de la pantalla en la que se emita. La Copa América de 1991
en Canal 9, la vuelta de Maradona en Sevilla al año siguiente en Canal 2 y las
Eliminatorias de 1993 por Canal 13 fueron pruebas de ello. La derrota por 5-0
ante Colombia y la victoria ante Australia para clasificar al Mundial
alcanzaron los 60 puntos de rating.
Para ese entonces, además, se había extendido con
fuerza la televisión por cable, que había nacido en los sesenta para abastecer
a zonas aisladas que no recibían la señal por aire y que llegó en 1983 a los grandes centros
urbanos, empezando por Buenos Aires. Rápidamente, Argentina se transformó en el
tercer país del mundo en cantidad de abonados a ese tipo de sistema, detrás de
Estados Unidos y Canadá: llegaron a alcanzar a un 70 por ciento de los hogares
con TV. El deporte, y sobre todo el fútbol, fue una de las claves en ese
crecimiento[79].
De la mano del cable llegó tiempo después la
televisión codificada, lo que en Estados Unidos se conoce como pay per wiev
(pagar para ver) y que introdujo Carlos Avila en Argentina. Fue a partir del
nacimiento de Televisión Satelital Codificada (TSC), una sociedad entre Torneos
y Competencias y Artear, la empresa del Grupo Clarín que manejaba Canal 13,
socios que ya estaban trabajando juntos con Fútbol de Primera. El contrato se
firmó en abril de 1991 y el sistema se puso en práctica con el primer partido
del Torneo Apertura de ese año, disputado el viernes 30 de agosto. Jugaron
River y Rosario Central en el Monumental de Núñez y el partido quedó en la
historia como el retorno de Ramón Díaz al equipo millonario, con dos goles del
riojano para ganar 2-1. El encuentro no se vio en Buenos Aires, ya que se
emitía para el interior (a un radio mayor de 60 kilómetros de la Capital). Recién en 1993
se agregó otro partido por el sistema inverso: desde el interior para el resto
del país, incluyendo ahora sí a Capital Federal y al Gran Buenos Aires.
Junto con el codificado, nació también la
desigualdad en la distribución del reparto del dinero de la televisión. Los
cinco grandes (Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo) se llevarían
el 65 por cierto de los futuros ingresos y los otros 15 equipos de la A se repartirían el 35 por
ciento restante[80].
Fue también el inicio de un proceso que llevaría a
que, en 2007, se televisaran los 10 partidos de la fecha, la mitad de ellos por
el sistema codificado. Atrás quedaron los tiempos en que el fútbol de primera
división se disputaba con exclusividad los domingos o, a lo sumo, se movía
algún partido de ese día en función de la
TV[81]. Ahora, el desdoblamiento de los partidos obligó a
multiplicar la cobertura, lo que llevó a modificar también las condiciones de
trabajo de los diarios y las radios.
Curiosamente, el primer canal deportivo de cable
que se vio en el país no tuvo al fútbol entre sus atractivos: fue la señal
estadounidense ESPN, el primer canal extranjero en pisar suelo latinoamericano.
Inspirado en ese modelo es que Carlos Avila ideó el primer canal deportivo
argentino, TyC Sports. El 3 de septiembre de 1994 fue la primera emisión, con
Gonzalo Bonadeo y Alejandro Fabbri como los primeros periodistas en mostrar su
rostro en la pantalla.
El canal se centró en el fútbol y en un segundo
plano apuntó al básquet, automovilismo y boxeo. Pero también, desde un primer
momento, realizó acuerdos con las federaciones de otras disciplinas para
televisar los principales campeonatos que se disputaban en el país de tenis,
vóley, handball, hóckey sobre césped y hóckey sobre patines[82]. La emisión de
grandes eventos internacionales y el ingreso de una nueva generación de
periodistas completaban el panorama de la emisora, que se hizo su espacio con
ciclos como Fuera de Juego, Orsay, Tercer ojo, Polideportivo o Campañas en los
años iniciales, además de los noticieros, conjugando la información con un
estilo joven e informal. Así se consolidó rápidamente como uno de los canales
de cable más vistos, y en distintos períodos llegó a alcanzar el primer lugar,
superando a las señales de noticias y de información general.
En su plantel periodístico, se apostó a caras
nuevas como Matías Martin, Hugo De Cucco, Fabián Minotto, Cristian Garófalo o
Mariano Closs, a la par de especialistas como Julio Ernesto Vila (boxeo),
Eduardo González Rouco (automovilismo), David Carlín (básquet) o Quique
Edelstein (vóley).
Y se inició una tendencia creciente: la
incorporación de la mujer, algo impensable hasta poco tiempo antes en el
periodismo deportivo. Greta Rodríguez, Cecilia Pirolo y Viviana Semienchuk
fueron las primeras en un camino que siguieron Margarita Wais, Angela Lerena,
Milagros Lay González, Alina Moine, María Martínez Gálvez, Luciana Rubinska y
muchas más en distintas señales, porque no tardaron en aparecer otros canales
de deportes. En 1996, TyC Sports no sólo competía con ESPN, sino también con
Cablesport, América Sports, Prime Deportiva y Multideporte, además de la
programación deportiva de canales que otro tipo, como el clásico envío TN
Deportivo, en el canal de noticias TN.
Con el tiempo, surgieron otros como Fox Sports,
ESPN+ (señal de ESPN para América Latina, con sede en Buenos Aires) o el fugaz
PSN, que llegaron para discutir territorio y trabaron una fuerte batalla por la
compra de los derechos de los diferentes eventos, como el fútbol internacional,
los torneos de tenis, rugby, hóckey, básquet o vóley, y las participaciones de
los seleccionados argentinos en los diferentes deportes.
El auge de los canales deportivos en la televisión
por cable contribuyó a multiplicar la difusión de disciplinas que, en algunos
casos, eran prácticamente desconocidas por el público en general, tal como lo
señala Sergio Levinsky. “Desde Atlanta 1996, cuando se asentó TyC Sports como
canal deportivo nacional de cable, los Juegos (Olímpicos) tomaron otra
dimensión y muchos deportes a los que los argentinos no tenían acceso directo
comenzaron a emitirse con muchísima mayor frecuencia. También los deportistas
amateurs, anteriormente desconocidos,
ahora tienen cierta notoriedad gracias a su difusión y, por supuesto, a sus
logros, muchas veces a pesar de no contar con ninguna clase de apoyo”. De
repente, se transformaron en un clásico algunos eventos que una década atrás
era impensado que pudieran emitirse por TV[83].
Vale como ejemplo decir que el Mundial de
básquetbol de 1986, disputado en España, no se emitió para Capital Federal y el
Gran Buenos Aires: ninguno de los cinco canales de aire se mostró interesado en
comprar los derechos. Sí lo hizo una cadena de emisoras del interior del país, liderados
por Canal 8 de Mar del Plata y Canal 7 de Bahía Blanca. Pero porteños, platenses y habitantes del conurbano
bonaerense (un tercio de la población del país) se privaron de ver, entre otras
cosas, el histórico triunfo argentino ante Estados Unidos en aquel torneo[84].
Sólo pudieron seguirlo por Radio Splendid, con relatos de Edgardo Gelabert y
comentarios de Miguel Romano. Hoy sería inimaginable que ocurriera algo
semejante.
Con la salvedad de que no se trata de un servicio
gratuito, el cable permitió que los amantes del deporte tuvieran acceso a
seguir con continuidad muchos eventos que, años atrás, dependían del humor de
los responsables de los canales. Y el deporte no desapareció de la televisión
abierta, sino todo lo contrario.
En 1997, llegaron por aire a la pantalla porteña
programas como El equipo de Primera, El deportivo, Tribuna caliente, Palo y
palo, Fútbol prohibido y hasta un ciclo de ficción con Carlín Calvo en el papel
protagónico: Ricardo Rojas DT. De los 15 programas más vistos del año, 13
fueron partidos. Hubo un promedio de casi una hora por día de fútbol en la TV por aire, sumando
Eliminatorias, Supercopa, Copa Libertadores, Nacional B y eventos
internacionales. Si se agregan a los emitidos por el sistema de cable, la cifra
se elevó a 1.559 encuentros.
Por todo esto, no sorprendió que un año después los
equipos periodísticos destinados al Mundial de fútbol fueran numerosísimos.
Hubo casi 100 enviados especiales por cada uno de los tres canales que
transmitió desde Francia. Las transmisiones del 13 (Araujo y Macaya Márquez),
Telefé (Mariano Closs y Fernando Niembro) y América 2 (Miguel Simón y Juan
Pablo Varsky) sumaron en conjunto 70.3 puntos de rating en el partido entre
Argentina y Holanda, que eliminó del certamen al equipo de Passarella.
La crisis de 2001 y los mayores costos de
producción de un certamen que se jugó en Corea y Japón (y en horarios muy
incómodos) impidieron que, en 2002, se siguieran batiendo récords. Para peor,
el seleccionado que dirigió Marcelo Bielsa se despidió en primera ronda cuando
había llegado como uno de los candidatos. En ese año de Mundiales las alegrías
llegaron con otros deportes. Y el básquet marcó un hito al jugar la final
contra Yugoslavia: el partido decisivo tuvo picos de 20.9 en ESPN+, hasta allí
récord absoluto de rating para un canal deportivo en el cable.
El éxito internacional hizo que la TV abierta tomara nota. Así,
América televisó la final de Roland Garros 2004 entre Gastón Gaudio y Guillermo
Coria, la primera vez que dos argentinos disputaron la definición de un torneo
de tenis de Grand Slam. Y un año antes, de la mano de Emanuel Ginóbili, se
vieron los playoffs de la NBA,
primero por Telefé y después por Canal 9. En ambos casos, eran dos clásicos del
cable que saltaron la frontera.
El básquet lo hizo para quedarse por años en Canal
7, que entre 2005 y 2009 siguió a los argentinos en la liga estadounidense y
además televisa los torneos en los que juega la selección. La Fórmula 1, la Liga Nacional de
vóley y el seleccionado femenino de hóckey encontraron su espacio en La
televisión pública, que apostó al deporte para mejorar sus magros niveles de
audiencia y por momentos lo logró, sobre todo al ser el único canal abierto en
emitir los Juegos Olímpicos de Beijing. Pero el gran golpe de la señal estatal
llegó de la mano del fútbol de Primera división. Empezó tímidamente en 2008,
con un partido los viernes a la noche. Y se consolidó un año después, cuando la AFA rompió el contrato que lo
ataba a Torneos y Competencias y entabló uno nuevo con el Estado nacional.
Hasta allí, estaba en vigencia una prórroga del
contrato de 1991 entre la AFA
y Televisión Satelital Codificada, que le otorgaba a esta empresa los derechos
del fútbol doméstico hasta 2014. Por esa razón de peso, TyC Sports se mantuvo
como el número uno de los canales de deportes. Las transmisiones eran su ancho
de espadas, con Estudio Fútbol (con Alejandro Fabbri, Gastón Recondo, Marcelo
Palacios, Horacio Pagani y Leo Farinella) como su programa de mayor audiencia,
analizando primordialmente al campeonato de primera división.
18 años después de la rúbrica del acuerdo, hasta
Carlos Avila –su mentor– era una de las voces críticas[85]. El negocio del
fútbol había crecido en forma exponencial, pero los clubes recibían una porción
muy pequeña de ese paquete. Y decidieron patear el tablero. El que lo comunicó
oficialmente fue un periodista deportivo, Ernesto Cherquis Bialo. En su función
de vocero de la AFA,
anunció que el contrato se interrumpía “por incumplimiento de la empresa
licenciataria” el 11 de agosto de 2009. “A partir de las 8.40 PM, en que el
Comité Ejecutivo resolvió rescindir el contrato con TSC y sus empresas
asociadas, la AFA
se halla abierta a cualquier negociación para vender (la televisación) del
fútbol”[86].
El nuevo acuerdo se rubricó con el Sistema Nacional
de Medios Públicos, sociedad del Estado, y permitió que todos los partidos de
primera división pudieran verse por canales de aire y en forma gratuita. En un
principio por Canal 7, y a partir de 2010 también por Canal 9 y América, a
través de la productora La Corte,
que lleva adelante las transmisiones.
El primer partido del Fútbol para todos se disputó
en La Plata el
viernes 21 de agosto de 2009, cuando Gimnasia recibió en su estadio del Bosque
a Godoy Cruz de Mendoza. El juego se inició a las 19 y La televisión pública
comenzó a emitir a las 18.52, con Gustavo Kuffner y Juan Ballesteros en
estudios centrales. Marcelo Araujo y Julio Ricardo inauguraron formalmente la
nueva etapa desde la cancha y dieron paso al equipo de la primera transmisión,
donde Rodolfo De Paoli fue el relator y Alejando Apo compartió los comentarios
con el ex futbolista Gustavo Barros Schelotto.
Luego llegaron otros protagonistas en el equipo
periodístico, como Oscar Martínez, Roberto Perfumo, Jorge Barril, Mario Cordo,
Fernando Salceda, Javier Vicente, Marcelo Schinca, Adrián Di Blasi, Alejo
Rivera, Fernando Lingiardi y Marcelo Lewandowsky. Y hubo una gran diferencia
con el ciclo anterior: las repeticiones de los goles ahora se verían luego de
los partidos y sin restricciones. Los televidentes ya no había que esperar
hasta el domingo a la noche para verlos en Fútbol de Primera. Sin la
exclusividad de las imágenes, el histórico programa perdió su público cautivo y
apenas duró unos meses más en Canal 13: en 2010 ya no estuvo en el aire.
Por supuesto, esta historia no se detiene y promete
nuevos elementos en los próximos meses. No podría ser de otra forma en un año
donde va a disputarse un nuevo Mundial de fútbol. Y al igual que ocurrió en
2006, ya es indisimulable la presencia de las nuevas tecnologías, y
especialmente de Internet, una novedad en franco crecimiento. El de Alemania
fue el Mundial de los blogs, con una explosión de mensajes en referencia a la Copa del Mundo desde los
destinos más diversos. Y también va en alza una tendencia que puso en alerta a
los popes de la TV:
la chance de ver eventos a través de la red, en sitios que hacen circular las
imágenes y muchas veces sin haber abonado derechos.
“A pesar de que, según un estudio de la consultora
Gallup, sólo el 2% de los argentinos que consumieron deportes durante 2008 lo
hicieron a través de Internet (entre los jóvenes la proporción sube al 5 por
ciento), la cifra va en crecimiento. Dos millones de británicos que siguieron la Copa del Mundo de Alemania 2006 a través de Internet y
102 millones de chinos que escogieron ese medio para seguir los Juegos
Olímpicos de 2008 abonan esa hipótesis”, aseguró el año pasado un informe del
diario La Nación[87].
En los máximos niveles del deporte las discusiones
van subiendo de tono. Muchos ven un perjuicio y
competencia para la TV,
que es la que aporta la mayor cantidad de dinero para sostener el negocio.
Otros están buscando variantes para explotar un nicho que todavía tiene mucho
potencial y que no para de crecen en los últimos tiempos. Como sea, eso todavía
está por escribirse. Y será un tema a trabajar en los años que están por venir.
Ø Los estilos
Frases para pensar.
“Durante
décadas vivimos una transformación tecnológica y cultural que modificó el mundo
en el que vivimos. A los ciudadanos, les cambió los hábitos. A las empresas,
los planes de negocios. La televisación digital representa una auténtica
revolución. Sin embargo, los contratos vigentes, hoy perjudican a los clubes.
Porque fueron firmados cuando el mundo era otro.
En 1986, un conocido delantero jugó la final de la Copa del Mundo en el estadio
Azteca contra Alemania. Marcó el segundo tanto del equipo y ganó la final en
los últimos minutos. Pensó que no podría con las emociones, pero sólo pudo
correr por la cancha, reír, gritar, sumarse al entusiasmo del resto del equipo.
Unos
meses después, corriendo por un parque, se puso a escuchar la grabación que le
habían hecho llegar con la narración de su tanto. Su alegría estalló en un
llanto incontenible y desconsolado. Desde entonces, Jorge Valdano, siempre ha
manifestado que el deporte no puede sobrevivir sin el auxilio de la palabra.
Este
sentimiento es compartido por las instituciones, gracias al reconocimiento que la Asociación de Academias
de la Lengua Española
y la Real Academia
Española han hecho de la influencia social del lenguaje deportivo y gracias a
la importancia que el Comité Olímpico Internacional otorga al idioma como
elemento de infraestructura para la mejora de la difusión social y comercialización
del deporte.
1. Un museo de bellas artes en movimiento
Este
interés por el lenguaje deportivo se debe a que el idioma y el deporte
constituyen dos formas de inteligencia y libertad que no frenan la exuberancia.
En ellos, el esfuerzo equivale a progreso; la libre combinación de formas, a
creatividad; la originalidad, a emoción; y la competición, a una fiesta capaz
de concentrar el pensamiento colectivo de los pueblos y de convertirse en una
ocasión para producir arte.
Las
canchas y los lugares del deporte integran sin exclusiones la alegría de las
tribunas y la pasión de los deportistas y conforman un museo de las bellas
artes del movimiento, el ritmo y la fluidez hasta transmitir nuevos sentidos y
energías a unos aficionados que satisfacen en él necesidades de lírica de
sentimientos, de épica del esfuerzo en la conquista de nuevas hazañas y de
dramática de situaciones en conflicto.
En este
museo, las retinas de los aficionados fijan las gestas, las detienen en el
tiempo de la memoria y el instante mágico de una genialidad pasa a ser una
estatua fluida que será recreada y festejada de forma útil o artística,
mientras siguen los tiempos y los jugadores en su imparable discurrir.
El
periodista es el guía y primer testigo de cómo el cuerpo toma la palabra y
salta los límites del museo para desparramarse por calles y avenidas en un
juego artístico de emoción social que se dirige a un mundo afectivo para sacar
lo mejor de la gente hacia un fin común.
Tras el primer relato periodístico las
palabras concentran las emociones para expresar los deseos de vivir y de
detener el tiempo en un ambiente mágico. Dan paso a narraciones populares en
bares y oficinas; discusiones apasionadas; literatura de ficción contemporánea
en las crónicas periodísticas; composiciones de creación literaria... Enamoran
la pelota y otros elementos, salen a bailar en canciones y se estiran
plásticamente en películas cinematográficas hasta conseguir dejar huellas
imborrables en los recuerdos, crear héroes o lograr sueños que superan los
límites de la realidad con un nuevo ritmo y una estética especial.
Jugar con la tribuna
El
periodista de hoy, además de orientar, educar y ser mediador comercial, crea
una estrategia de la ilusión en una cancha múltiple para que el talento del
cuerpo en movimiento y su ternura alcancen una nueva dimensión donde los
zapatos de la fantasía rematen desde la grada, los corazones unidos realicen
parábolas junto al balón, los sentimientos corran la banda hacia la meta de un
contagioso estado de euforia y gratitud... El periodista deportivo se convierte
en un héroe contemporáneo que transforma el énfasis y la pasión del campo
deportivo en magia cultural, en una persona que busca el diapasón de las emociones
de los aficionados hasta estallar en un mundo de ilusión y arte.
La gimnasia del idioma
En su
comunicación genera un ámbito lingüístico elástico que bate continuamente
plusmarcas de fantasía y forma una fiesta social para la lectura y la escucha
de un idioma que ha sido sometido a fuertes sesiones de gimnasia para ensanchar
sus capacidades expresivas y poner en marcha imaginarios capaces de atraer el
favor del público.
El idioma
se ha convertido en un deporte, en un juego de talento que practica salto de
altura con la entonación para captar la atención. Realiza esprines en los
momentos de mayor emoción. Corona la cima del puerto de los extranjerismos.
Gambetea tecnicismos con expresiones muy gráficas. Busca espacios para
desarrollar sinónimos que combatan la monotonía. Hace marcajes estrechos al
vocabulario de moda. Genera expresiones según el modelo de los gustos sociales.
Encuentra pases medidos hacia el área de la expresividad retórica. Y tira a
canasta para conseguir el triple de informar, formar y entretener.
2. El deporte del relato
Sin
embargo, a lo largo de su historia, el lenguaje periodístico del deporte ha
tenido que sortear diversas dificultades. Y una de las más habituales la
acusación de descuidar la corrección de textos, de dar patadas a los
diccionarios.
Pero la
historia demuestra que la preocupación de los periodistas deportivos por el
buen uso del idioma ha comprendido el uso del deporte como medio para aprender
a escribir, la sustitución de extranjerismos, la creación de repertorios
léxicos, libros de estilo y reflexiones normativas y descriptivas sobre el uso
que de la lengua hacen esos medios.
Rumbo a los libros de estilo
El
periodismo del primer tercio del siglo XX prestaba especial atención a la vida
moderna y sus cambios y observaba la vida internacional. Una de sus
manifestaciones era el deporte al que hubo que desarrollar entre numerosas
generaciones de periodistas un lenguaje de difusión social.
Primero
se incorporó el periodismo especializado de economía y deportes a los diarios
de información general en un afán por entender el periódico como una labor de
ideas, cultura y formación.
Manuel
Graña, "Eugenio", estudió en 1919 sus sistemas y se fijó en el estilo
de la Universidad
de Columbia por su enfoque destinado a formar buenos periodistas, a dotar de
recursos a la profesión para usar ese conocimiento en favor del bienestar
público y a aprender a escribir industrialmente, y sin fines artísticos, como
forma de profundizar en hechos y en sus significados.
El
deporte moderno es considerado como un elemento para aprender a redactar
periodísticamente y como un ámbito especializado. Así, entre los 80 temas de
ejercicios de los cuatro cursos en que se dividía su plan educativo, el 34 consistía
en redactar un partido de fútbol y además se exponían directrices específicas
en el 2º curso al englobar la sección deportiva dentro de las modalidades de
redacción especial.
Establecía cinco centros de interés: ritos y ceremonias, nociones corrientes
del deporte y observar el público en sus flujos, reflujos, emociones,
actitudes, movimientos, rumores y violencias. Fue una sección deportiva en la
que los fines de sus redactores eran la objetividad y descripción emotiva en
seis bloques: protagonistas, tantos y reacción del público, comparación de
actuaciones, comentarios del público o de expertos, detalles pintorescos y
sociales, narración cronológica del evento.
Y para el
lenguaje se mostraba muy crítico con un estilo que deseaba elevar para que
fuese más comprensible. Quería describir de forma que no sólo fuera apta para
entendidos en jerga, dar belleza e interés a las informaciones y provocar
efectos mediante una presentación tipográfica especial y otros recursos de
imprenta. Y a la vez terminar con su "galimatías antiestético, jerigonza
exótica y chabacana su locución" así como con el "aluvión de palabras
exóticas, vulgarísimas, ininteligibles, además de ser completamente
innecesarias".
Por su
parte, La Veu de
Catalunya acogía la labor de los promotores de la primera candidatura de
Barcelona a los Juegos Olímpicos de verano y entre sus aportaciones se
encuentra la participación en la colección de libros Biblioteca Los Sports para
difundir el deporte con una terminología en español que sustituía buena parte
de palabras extranjeras. Dedicó volúmenes a atletismo, boxeo, ciclismo,
deportes de nieve, equitación, esgrima, fútbol, golf, hockey, juegos olímpicos,
lucha, natación, polo, remo, tenis, tiro y vela.
Posteriormente, surgieron varios tipos de iniciativas hasta finales de
siglo. Primero, se resaltó la importancia de la confección y la titulación como
complemento en la expresividad de la redacción.
Segundo,
la elaboración de repertorios léxicos de vocabulario técnico y jerga, que
comienza en el Diccionario de los deportes, y que tras los Juegos Olímpicos de
1992 se completa con trabajos sobre jerga futbolística y sobre el lenguaje en el periodismo
audiovisual.
Tercero,
la superación del narcisismo localista mediante un vocabulario común.
Cuarto,
la reflexión sobre el lenguaje deportivo.
Y quinto,
la creciente incorporación de terminología deportiva los libros de estilo de
los medios de información general y la edición de libros de estilo específicos.
Escribir bien en el siglo XXI
A
principios del segundo siglo de deporte moderno, continuaban los reproches a la
enseñanza del periodismo. Así Gabriel García Márquez en una asamblea de la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP), en 1996 criticaba graves problemas de gramática y ortografía y
dificultades para una comprensión reflexiva de textos... que se debían salvar
con técnicas básicas de narración y una mejor redacción. Y sin embargo, la
incorporación del periodismo deportivo a la Universidad en España
desde finales del siglo XX ha sido capaz de generar estudios técnicos y
universitarios que inciden en las técnicas y el uso del idioma: cursos de
verano, cursos de invierno, asignaturas, cursos de doctorado y maestrías
especializadas para periodismo escrito, audiovisual y de agencia de noticias.
Pero el
periodismo deportivo sigue siendo caracterizado más por sus problemas que por
sus aciertos, que históricamente han sido más numerosos. Se le acusa ahora de
difícil asepsia intelectual, excesiva subjetividad, tendencia a la opinión,
inflación de extranjerismos, proliferación de terminología bélica y ámbito de
torpezas gramaticales e incorrecciones.
El
periodista transforma la información en conocimiento y crea una imagen
sintética y funcional de la realidad empleando una norma estándar de
comunicación, todavía en formación, que ha seguido sólo cuatro de los once
criterios tradicionales de corrección lingüística: el uso general moderno, la
frecuencia de uso, la necesidad y el sentimiento lingüístico.
Trabaja instalado en una dinámica de lo
imprevisto de la que debe relatar hechos con análisis múltiples, opinión y
estadísticas; debe atender a la información, creación de ambiente y explotación
de emociones; vive en la prisa como tiempo de trabajo... Verbaliza en una sola
frase las múltiples acciones que ocurren en el lanzamiento de una falta con un
balón que sale lanzado a 120
kilómetros por hora, los adelantamientos a 300 kilómetros por
hora de la fórmula 1, el sufrimiento en las rampas de los puertos rompepiernas
de los Alpes o los Pirineos... Crea un titular capaz de resumir un hecho
deportivo y un estado de ánimo a la vez de manera que se facilite una lectura
rápida o una escucha breve de textos.
En esta
industria del ocio, el periodista esquematiza el acontecimiento, dramatiza los
personajes y crea una variación cíclica del interés para analizar el
espectáculo y presentar su vivencia apasionada como una fiesta social. Y
además, tiene en cuenta: elementos de consumo del espectáculo; formas expresivas
de música moderna, cómic y movimientos culturales juveniles; la captación
humorística de la realidad; el uso de simbología visual agresiva; la crónica
social o del corazón; y una oralización del lenguaje con preferencia por la
espontaneidad del registro coloquial.
Quizá en
los últimos tiempos cabe destacar la irrupción de los estilos del periodismo
especializado, tras la transformación de los clubes en sociedades anónimas
deportivas: las informaciones económicas y del corazón. El actual fútbol profesional
vive de la imagen y sus derechos, del marketing y la publicidad, de las
participaciones en bolsa y el comercio y ha llenado de terminología económica
un ámbito que antes sólo era para entidades sin ánimo de lucro.
Para
poder atender a todo este panorama surge una expresión que rebasa el uso
normativo, fijado por el ámbito académico, y combina técnicas literarias y
publicitarias con el fin de lograr una mayor eficacia. Genera un juego del que
se destaca su creatividad, expresividad y genio lingüístico y, a la vez, se le
pide equilibrio, técnica y responsabilidad social para: no vulnerar usos
comunes, no cambiar significados de palabras ya existentes y no acoger
localismos, lenguajes de moda o neologismos innecesarios.
3. La lengua espectáculo
Un breve
repaso a las características idiomáticas del lenguaje periodístico del deporte
apunta varios fenómenos curiosos y muy especialmente en la creación de
sonoridad y efectos de escritura así como en la combinación de significados.
El nivel
fónico toma personalidad propia en pronunciación, entonación y efectos de voz;
en el tratamiento de extranjerismos y términos de otras lenguas de España; y
como principal novedad destaca la redacción en función de criterios de diseño
gráfico con la incorporación de marcas gráficas y animación. Este principio
permite engatillar escudos en los titulares, hacer juegos artísticos hasta
integrar el texto en las imágenes, usar colores para fijar la atención, crear
titulares con varios ritmos de lectura o crear nuevos sentidos.
El nivel
gramatical es el que menos cambios presenta con respecto al lenguaje
periodístico de información general, aunque también cuenta con sus
particularidades.
Y en el
nivel léxico se concentran numerosas curiosidades. Primero, el intercambio
libre de formas, que es consecuencia del abatimiento de fronteras, termina con
las terminologías de ámbito restringido dando lugar a la difusión de
hispanoamericanismos léxicos y a redacciones que no emplean localismos. Es una
tendencia que permite enriquecer las expresiones del español peninsular con el
paraíso de las gambetas (regates), los remates de chanfle (con efecto), las
bicicletas, las zamoranas, las colas de vaca, las jopeadas (sombreros), los
taquitos (espuelas) y las moñas (regates en corto).
Segundo,
la creciente importancia de los usos retóricos.
Tercero,
la presencia de lenguajes figurados que eliminan la terminología técnica de los
deportes y de algunas de sus ciencias (medicina o derecho) para dar paso a una
seducción que favorece la fiesta social del deporte y reduce los riesgos de la
violencia asociada en los espectáculos deportivos. Así los médicos de equipos
de fútbol, que suelen proceder del ciclismo y que se ven envueltos en presuntos
casos de dopaje, se convierten en druida.
Cuarto,
el abuso de las técnicas de modificación de discurso repetido tanto en
titulares y crónicas con unidades de lengua coloquial para sintetizar estados
de ánimo, clasificar la experiencia vivida y crear opiniones, como en titulares
con unidades basadas en títulos de formas culturales de éxito social. Pero quizá ninguna tan espectacular como el
triunfo de Argentina sobre Inglaterra en la Copa del Mundo de 1986. Hizo historia en el
lenguaje deportivo por la magnífica narración de Víctor Hugo Morales del
segundo gol de Maradona, donde el locutor hablaba y lloraba a la vez y
convertía al Pelusa en un "barrilete cósmico". Y también por la
portada del semanario El Gráfico que con el título de No llores por mí, Inglaterra
condensaba la victoria del fútbol para compensar la herida jamás cicatrizada de
la Guerra de
las Malvinas.
Y quinto,
adquiere una gran importancia la formación de neologismos, como consecuencia de
la gran variedad de deportes (que ya no se limitan a las citas olímpicas o de
alta competición internacional) y por su repercusión en lenguajes de moda y
otras expresiones del habla común. Esta labor del periodista como creador de
palabras se ha registrado a la hora de nombrar realidades nuevas: la raqueta
inteligente, la cabra para la bicicleta especial que se usa en las etapas
contrarreloj, el bokao técnico para un combate que termina con la
descalificación de un boxeador por morder la oreja del rival, los flecos para
denominar los asuntos pendientes tras un fichaje una vez que el ministro de
Asuntos Exteriores anunció la integración de España en la Unión Europea o la
reciente hoja de ruta aplicada al F. C. Barcelona como el camino que seguir
para la renovación profunda de la entidad tras el frustrado fichaje de Beckham.
4. Epílogo
En resumen,
el campo deportivo es una fiesta de la inteligencia, un espectáculo de emoción
y elegancia, un cruce de energías creativas que rehace mundos imaginados que
permite a los pueblos transformar la realidad hostil en una posibilidad de
disfrutar hasta redescubrirse con ilusión.
El
periodista hace de guía de las emociones en el museo de las bellas artes en
movimiento mediante varios recursos y el auxilio de la palabra para hacer
vivir, sentir y soñar. Hace del idioma un juego que encandila las pupilas, una
dimensión básica para este tiempo de fantasía y talento original, un nexo entre
las canchas y la sociedad, un instrumento de alegría contagiosa...
En el siglo
XX, la expresión deportiva ha servido para aprender a escribir
periodísticamente, ha permitido a los periodistas relatar, a los cineastas
rodar comentarios, a los humoristas gráficos dibujar sonrisas, a los músicos
sacar a bailar las palabras... Y ha logrado que numerosos periodistas
deportivos desempeñaran altas responsabilidades en destacados medios de
información general. Sin duda, reflexionar sobre el periodismo deportivo, cada
vez más complejo y especializado, analizar sus formas de expresión y conocer
sus recursos lingüísticos, para superar dificultades y errores, llevarán al
idioma del deporte más lejos, más alto y más fuerte en este siglo XXI.
Ø Los vicios que se pueden evitar
Frases para pensar.
El
periodismo deportivo dejó en algunos casos la información en segundo término y
que apuesta todo contenido al entretenimiento ¿Será la competencia en las
audiencias las que hacen que la vocación de informar sobre el deporte sea hoy
la que menos facilidades tiene para ser ejercida con libertad?.
El periodismo deportivo emplea una serie de
recursos especiales. La redacción periodística de noticias se hace con imágenes
y palabras buscando una comunicación eficaz. Y en esa evolución, debemos
avanzar ya que el idioma ha perdido la autoridad comunicativa en favor de la
imagen.
Hasta 1992 la lingüística había abordado el deporte
en diccionarios y repertorios léxicos especializados, había estudiado su
consideración como lengua sectorial y las características de las crónicas.
Había reflexionado sobre neologismos, problemas de traducción y de banalización
léxica, dificultades para elaborar un enfoque filológico del deporte,
extranjerismos.
El Periodista Deportivo debe saber evaluar el hecho
deportivo, hacer un diagnóstico acertado y comunicarlo en forma eficaz y lo más
objetivamente posible, conociendo el medio en que actúa, el público al que se
dirige y las condiciones humanas y profesionales de los protagonistas.
A partir los datos recogidos, el periodismo, a lo largo de su historia, ha realizado una distinción de contenidos en función de qué tratan aquéllos y agrupándolos en diversas áreas de especialización. La complejidad de la actualidad y la cantidad de información que se produce, ha provocado que el periodismo y los periodistas evolucionen hacia unos mayores niveles de especialización.
Actualmente podemos encontrarnos
en todos los medios de comunicación contenidos con una temática genérica y
diversa y otros contenidos que optan por especializarse en una materia
concreta, de la cual se proponen informar en profundidad a los receptores. Esto
ha hecho que tanto el trabajo periodístico como los mercados informativos se
vean modificados por la aparición de las especializaciones dentro del
periodismo informativo.
Se observa imposible
circunscribir a un esfuerzo atlético el conjunto de intereses que está en juego
alrededor de una determinada información deportiva; esto supone asuntos tan
delicados para el reportero especialista como la corrupción al interior de las
organizaciones que promueven el deporte, el manejo de recursos económicos en un
espectáculo deportivo, los delitos en los que puede incurrir una figura
deportiva, los beneficios comerciales y ventajas políticas que representa una
celebridad del deporte, la censura de carácter económico por parte de empresas que
aprovechan lo deportivo, el impacto publicitario en actores o acontecimientos
deportivos, etcétera.
Se sugiere la “marcha hacia
la diversificación de temas”: si se busca informar acerca del deporte, no
quedará otro remedio que conocer mucho de la actividad de tribunales, cierta
dosis de finanzas, privatizaciones, policiales y la Bolsa. Y en vista de la
cantidad de intereses.
Hay que reconocer que “hay
más presiones que nunca en el periodismo deportivo”, pues las circunstancias de
una competencia brutal por tiradas y audiencias hacen que la vocación de
informar sobre el deporte sea hoy la que menos facilidades tiene para ser
ejercida con libertad.
Quizá eso explica que la
del periodismo deportivo todavía resulte en buena medida la preocupación por un
espectáculo a secas (estado insuperable de infoentretenimiento); lo que conduce,
al mismo tiempo, a perpetuar la vieja tradición de minusvalía para con el
periodismo de los expertos en deporte, incapaces generalmente de apreciar que
el juego más complejo, entre todos los que atañen al periodismo deportivo, es
el de su propia profesión.
Con miras a ser no nada más
el primero, sino el mejor de los periodismos especializados, al periodismo
deportivo le resta sopesar lo que hay de serio en el entretenimiento, verificar
la operación de los aparatos que están detrás del espectáculo, procurar
creatividad informativa antes que exageración consabida, y en concreto, asumir
los compromisos de un ejercicio periodístico competente.

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