lunes, 24 de noviembre de 2014

Unidad 1



Deporte amateur y profesional.
Deportes individuales y de equipo.
Reglamentos de deportes y de competiciones (cartillas prácticas).
Especializaciones deportivas (cartillas prácticas).


  • Deporte amateur y profesional.

Frases para pensar.

El deporte profesional es aquel que ha llegado a la suficiente perfección para que le paguen y puedan vivir de él. El amateur es el que recién se inicia y está aprendiendo. También hay deportes que por su poca popularidad no llegan a ser profesionales.

El deporte profesional es el que lleva implícito el cobro de emolumentos por su práctica. El amateur en casi todas las Federaciones se distingue por la prohibición de cobrar por su práctica, salvo algunas excepciones.

Más que cobrar o no cobrar se distinguen por si cobras lo suficiente para vivir del deporte, teniendo un contrato con un club o simplemente es una ayuda, en forma de becas, dietas, etc.


La génesis del deporte

Desde unas posiciones de partida similares, Pierre Bordieu trata de explicar las principales causas de la génesis y del desarrollo del deporte a partir de las necesidades educativas de las clases sociales dominantes y del significado con que se concibió la práctica deportiva entre las mismas.

Para Bordieu (1993:61 y ss.), la transición de los pasatiempos populares a deportes tuvo lugar en el seno de las Publics Schools inglesas, instituciones educativas masculinas propias de la aristocracia y de la alta burguesía. Según el planteamiento de este autor, la re-creación que se da en dichas instituciones de la práctica de actividades físicas y de pasatiempos tradicionales incorpora aspectos propios de tales instituciones, y de los valores y modos sociales de las clases dominantes que eran transmitidos a sus hijos para su formación, lo que incrementaba la diferencia de significado que tales actividades y pasatiempos tenían entre las capas bajas de la población (como por ejemplo, las fiestas agrarias o los juegos rituales).

Así, la propensión de las elites hacia actividades sin propósito utilitario alguno y su, al menos aparente, apatía y distanciamiento emocional de los intereses materiales se refleja en lo que se conoce como «fair play», que, como expresa el propio Bordieu (1993:63), "... es la forma de jugar propia de aquellos que no se dejan llevar por el juego hasta el punto de olvidar que es un juego", actitud que contribuye a que el deporte se convierta, en las Publics Schools, en una forma de aumentar el coraje, de desarrollar el carácter y de inculcar la voluntad de ganar, siempre dentro del mayor respeto a las reglas, como disposición aristocrática opuesta a la búsqueda plebeya de la obtención de la victoria a toda costa.

En lo que se refiere a la evolución que se da en el deporte, que pasa de ser una práctica elitista concebida y reservada para los «amateurs», a ser una práctica popularizada entre la clase trabajadora y un espectáculo producido por profesionales para el consumo de las masas, tal evolución se deriva, según Bordieu (1993:71), de la extensión de las propias funciones que fundamentaron inicialmente su "invención" en las Publics Schools inglesas: la movilización, ocupación y control de los estudiantes.

Para comprender la popularización del deporte y el enorme crecimiento de las asociaciones deportivas -organizadas en primer término de manera privada y voluntaria, y posteriormente reconocidas, apoyadas y ayudadas (económicamente en muchos casos) por las autoridades públicas- hay que percatarse de su predisposición inicial para el cumplimiento de las funciones señaladas anteriormente y de sus enormes posibilidades de convertirse en un instrumento de control social extremadamente económico.

 Tales factores convierten al deporte en un objetivo de enorme valor instrumental para todas las organizaciones e instituciones organizadas, en mayor o menor medida, para la movilización y conquista simbólica de la juventud y de las clases trabajadoras, con diversos fines más o menos explícitos.

 Por otra parte, el tránsito del deporte desde las escuelas de elite a las asociaciones deportivas de masas ha ido acompañado, de acuerdo con Bordieu (1993:73), de un cambio en las funciones y significado que los organizadores y los propios deportistas asignan a la práctica deportiva, así como de una transformación en la lógica de dicha práctica, coherente con la transformación de las expectativas y demandas del público y de los practicantes.

El propio Bordieu ilustra esta cuestión aludiendo al hecho de que la exaltación del espíritu de lucha o de equipo tenía diferente significado para un adolescente perteneciente a la burguesía o a la aristocracia de las Publics Schools inglesas -el cual prácticamente no contempla la posibilidad de una carrera profesional deportiva- que para el hijo de un obrero o de un miembro de la clase media baja, para el que el deporte constituye una de las pocas vías de movilidad social.

    Para este autor, todo parece indicar que la posibilidad de promoción y de prestigio social que ofrece el deporte a las clases trabajadoras las lleva a introducir en la práctica deportiva unos valores e intereses acordes con las demandas de profesionalización -o de aparente "amateurismo"- y de racionalización y sistematización de los entrenamientos para la práctica deportiva, con vistas a la obtención de una eficiencia específica máxima que permita la consecución de récords, victorias o títulos.

De acuerdo con lo anterior, esta posibilidad de promoción social que ofrece la competición deportiva se convierte en uno de los factores más importantes que justifican y favorecen la creación y desarrollo de una necesidad social de práctica deportiva y de todos los medios y recursos necesarios para ello (equipamientos, personal, servicios...).

La satisfacción de tal necesidad -"socialmente constituida", en palabras de Bordieu- por parte de la burguesía o pequeña burguesía local permite alcanzar, acumular o mantener un capital político de honorabilidad, de liderazgo y de servicio social que siempre es potencialmente transformable en poder político.

 Hecha esta breve revisión en torno a las diversas posiciones teóricas desde las que se ha abordado el estudio del origen y la génesis del deporte moderno se tratará ahora de ampliar y profundizar en algunas de las cuestiones ya apuntadas, que han ido configurando su evolución como práctica profesional y como práctica popular.

Del deporte amateur al deporte profesional

    De acuerdo con lo expuesto hasta ahora, si por un lado puede aceptarse la idea de que en sus orígenes modernos la práctica de los nuevos deportes por las elites sociales ofrecía a los participantes y los espectadores sensaciones placenteras, catárticas, liberadoras..., que hacían de dicha práctica una actividad valiosa en sí misma de gran aceptación, por otro lado también puede afirmarse que desde esos mismos orígenes -y de forma paralela- tales prácticas deportivas fueron rápidamente instrumentadas por las mismas elites sociales que las crearon a partir de sus pasatiempos tradicionales en su propio beneficio. Así, es muy posible que la inmediata percepción del gran valor intrínseco y aceptación que tenían los nuevos deportes tuviera mucho que ver con el gran apoyo que recibieron, con su multiplicación en nuevas formas deportivas, y con la gran difusión que se les dio por la clase dominante como medio de satisfacer sus propios intereses.

    En efecto, como se ha señalado en el apartado anterior, la práctica deportiva pudo servir, desde sus comienzos, para fines ideológicos, económicos y políticos, no sólo por la distinción de clase que el carácter exclusivo de dicha práctica proporcionaba a las elites sociales, sino también en otros sentidos como, por ejemplo, contribuyendo a la pacificación social de Inglaterra y a la adopción de modos de conducta cívica necesarios para el progreso social y político (Elías, 1992), o cumpliendo una función de control y formación moral de los alumnos de las Publics Schools, destinados a formar en el futuro parte de la clase dirigente (Bordieu, 1993; Barbero González, 1993). Asimismo, también se ha de considerar la utilización que se hizo del deporte como medio para la inversión económica en un sentido recreativo o lucrativo, ya sea a través de la realización de apuestas o del patrocinio de los competidores por los premios o recompensas (Mandell, 151 y ss.; Elias y Dunnig, 1992:172, 262). En este sentido puede decirse que tal utilización de la práctica deportiva supuso el primer paso hacia la evolución del deporte como espectáculo y hacia la profesionalización de los deportistas.

    El comienzo de la industrialización en la sociedad inglesa y en otros países del continente, con todo lo que ella implicó a la larga -mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, desarrollo urbano, multiplicación de los medios de transporte y comunicación, crecimiento demográfico, evolución y consolidación de los sistemas democráticos, aparición de nuevos valores sociales como eficiencia, productividad, competitividad... -, constituyó un hecho fundamental para la evolución del deporte en todos sus aspectos y para su expansión internacional.

A finales del siglo XIX y principios del XX comenzó a tener lugar una creciente profesionalización de las prácticas deportivas, hecho que hasta entonces no había constituido una amenaza para la exclusividad con que se entendía y practicaba el deporte por las elites sociales. Ello supuso el acceso a las mismas de personas de baja condición social, como organizadores, como jugadores y como espectadores, lo que dio lugar a la aparición de una ética del deporte de afición como ideología elaborada y definida.

Mediante tal ética se trataba de mantener formas de participación deportiva que fueran exclusivas de las clases dominantes, frente al pujante deporte profesional, cada vez con mayores apoyos y posibilidades económicas y financieras, más espectacular, más orientado hacia la búsqueda de sistemas y planes de entrenamiento que proporcionasen un mayor rendimiento, y con unos protagonistas muchos más motivados hacia el triunfo en los que predominaban otros valores más acordes con los propios de la sociedad industrial.

Esta concepción ideológica del deporte, como práctica amateur supuestamente repleta de valores morales (carácter, fuerza de voluntad, disciplina, respeto a las reglas...), surge en sus comienzos, según señala Bordieu (1993:63 y 65), como parte de un "ideal moral" propio de las clases dominantes, y fue recogida, reconceptuada, replanteada y difundida internacionalmente por Pierre de Coubertin.

En efecto, Coubertin, admirador de la cultura griega y del planteamiento del deporte que llevó a cabo Arnold en su Public School, y a quien se considera fundador de los Juegos Olímpicos y principal artífice de la Carta Olímpica4, difundió a finales del siglo pasado y comienzos del presente, una concepción del deporte como una cultura muscular, amateur, caballerosa, distante de la necesidad, ética, donde lo que importa esencialmente no es ganar sino esforzarse para ello (Barbero González, 1993:37). Asimismo, Coubertin consideraba al deporte como un medio educativo de primer orden para la juventud, y como una forma de intercambio y aceptación cultural entre los distintos pueblos y de promover la paz y la amistad entre ellos, al margen de las diferencias de raza, sexo, religión, clase social o sistema político.

Ahora bien, como apunta Mandell (1986:210), Coubertin era consciente, por un lado, de que la práctica y los logros obtenidos en la práctica amateur del deporte atraían a escasos seguidores, y por otro, de que la atracción por el lado festivo de las cosas era prácticamente universal. Por ello mismo, procuró que casi todas las manifestaciones vinculadas al mundo deportivo apareciesen adornadas de un ambiente alegre y festivo (desfiles de antorchas, fuegos artificiales, representaciones musicales, discursos retóricos...) que atrajera a la mayor cantidad posible de público y de medios de comunicación. No obstante, este ambiente espectacular de que se dotó a los Juegos Olímpicos modernos casi desde sus comienzos, y el carácter de espectáculo internacional de masas que alcanzaron a partir de los Juegos de 1908 que tuvieron lugar en Londres, fue aprovechado rápidamente para satisfacer sus propios intereses por los políticos, funcionarios y empresarios con los que Coubertin negociaba para obtener las ayudas necesarias para la restauración y consolidación de los Juegos Olímpicos como manifestación deportiva internacional de carácter regular.

Desde esta perspectiva, por tanto, puede decirse que los Juegos Olímpicos -y, de manera paralela, toda manifestación deportiva de masas- han constituido casi desde sus inicios un gran escaparate en el que convergen intereses políticos y económicos, y en el que subyace la ideología de los países más avanzados política, económica e industrialmente (Barbero González, 1993:35). Las rivalidades nacionales y los intentos por demostrar una supremacía en dichos aspectos a través del espectáculo deportivo dieron lugar a que los gobiernos de los países participantes comenzasen una carrera por la obtención de medallas y trofeos que pusiesen de manifiesto tal superioridad, o al menos, la pertenencia al grupo de países más avanzados. Inicialmente, el deseo de vencer en dicha pugna se puso de manifiesto en hechos tales como, por ejemplo, los sucedidos durante los juegos de 1908, en Londres, donde la gran rivalidad entre los atletas británicos -pertenecientes a las clases altas del país- y los atletas estadounidenses llevó a la realización de trampas por parte de los jueces británicos (Mandell, 1986:215). Posteriormente, la necesidad de victorias que acreditasen la superioridad política, cultural, económica e industrial llevó a los gobiernos al desarrollo de sistemas y de medios para la concesión de ayudas estatales de distinto tipo cada vez más importantes, tanto a los deportistas olímpicos como a las instituciones oficiales encargadas de organizar y supervisar su preparación.5

Paralelamente, los cambios socioculturales y económicos que trajo consigo el desarrollo industrial propiciaron e impulsaron el desarrollo del deporte como profesión, que, como se ha expuesto anteriormente, hasta entonces había estado en manos de las elites sociales, como práctica de afición. A este respecto cabe considerar que, por un lado, las grandes restricciones que las sociedades urbanas industriales imponen en la conducta cotidiana y en la expresión de las emociones de la población despiertan una intensa necesidad de actividades recreativas que puedan compensar los efectos de tales restricciones en la vida diaria, y el espectáculo deportivo, precisamente, contiene todos los ingredientes necesarios para producir efectos catárticos y liberadores en los espectadores (Elias y Dunning, 1992:65, 267).

Por otro lado, también se ha de tener en cuenta que dicha idoneidad del espectáculo deportivo para atraer y apasionar a las masas, junto con otros factores tales como el gran desarrollo que progresivamente iban adquiriendo los medios de transporte, la cada vez mayor influencia y presencia de los medios de comunicación en la vida de las personas, el aumento progresivo de la capacidad de consumo de la clase trabajadora, la creciente internacionalización y espectacularidad de los enfrentamientos deportivos..., constituyeron poderosos motivos que iban haciendo del espectáculo deportivo una actividad que ofrecía cada vez mayores posibilidades de éxito comercial, empresarial e industrial.

    En este contexto va emergiendo y consolidándose la figura del deportista profesional en una doble vertiente. Por un lado, el éxito deportivo supone una forma de promoción social, de adquisición de fama, de prestigio y de enriquecimiento económico, lo que origina que una gran cantidad de individuos de clase social baja o media opte por dirigir sus esfuerzos en esta dirección de manera exclusiva y asumiendo los valores y hábitos de conducta necesarios para alcanzar el éxito. Por otro lado, el deportista profesional, como señala Brohm (1993:49), se convierte en un asalariado de su club y de firmas comerciales, supeditando su cotización en el "mercado deportivo" a su capacidad de proporcionar beneficios económicos o publicitarios a través de sus éxitos y a las leyes de la oferta y la demanda de dicho mercado.

 En este sentido, el deportista profesional puede ser considerado, en su formación y en su posterior consolidación dentro de la sociedad industrial, como una inversión empresarial -respaldada económicamente para proporcionarle tanto los mejores técnicos (entrenadores), como los últimos adelantos científicos y tecnológicos para su preparación y para que pueda disponer del mejor material deportivo- de la que se trata de extraer la mayor predisposición psicológica hacia el triunfo, especialmente a través de enormes salarios y de recompensas económicas extraordinarias (premios, primas...).

 Por ello mismo, no es de extrañar que en el terreno de la alta competición, la figura del deportista profesional y del deporte espectáculo se haya ido imponiendo a lo largo de este siglo sobre la del deportista aficionado y la del deporte amateur, si se tienen en cuenta factores tales como la supremacía y espectacularidad de los resultados deportivos en el campo profesional, la necesidad de disponer de un tiempo libre, de un capital económico y de un capital cultural (Bordieu, 1993:75) indispensable para la práctica amateur del deporte de alta competición, y la facilidad con que se han impuesto en las sociedades industriales los valores, actitudes y conductas propias del deporte profesional sobre los atribuidos al deporte amateur

    Por otra parte, la consideración de los deportistas como representantes de intereses comerciales (empresas, industrias, clubes privados...) o socio-políticos (ciudades, regiones, países...) contradice intrínsecamente el espíritu atribuido al jugador amateur, que supuestamente impulsaba a éste a una práctica deportiva recreativa, desinteresada, ética, y motivada por el propio placer experimentado en la competición. En efecto, en sus orígenes la práctica deportiva tuvo sobre todo un carácter local que hacía que los deportistas percibiesen como rivales únicamente a los habitantes de los pueblos próximos o barrios urbanos6, por lo que puede aceptarse la idea de los enfrentamientos deportivos pudieran tener frecuentemente y sobre todo un contenido lúdico y recreativo, dada la proximidad vecinal y afectiva de los participantes (Dunning,1992:264), aún cuando en ocasiones surgieran enfrentamientos que situaran la pugna deportiva en ámbitos extradeportivos.

    Ahora bien, la proliferación de competiciones de carácter supralocal, nacional e internacional que surge de manera paralela al desarrollo industrial acentúa enormemente el hecho de que los jugadores se conviertan en representantes de una enorme cantidad de personas e intereses de distinto tipo. Ello impide que los deportistas de alto nivel puedan ser independientes y jugar por diversión, viéndose obligados a llevar a cabo una práctica deportiva "seria" en la que deben sostener una alta motivación para ganar, para mantener un gran control en el juego, para renunciar a gratificaciones inmediatas, y para planificar su entrenamiento a largo plazo como medio de conseguir y mantener la representación que ostentan y los beneficios personales asociados a ella (Dunning,1992:265).

    Precisamente, la progresiva desaparición del elemento lúdico en el deporte de alta competición -y, de forma paralela, en una buena parte del deporte en general-, así como la seriedad y utilitarismo que fue adoptando su práctica como consecuencia de la creciente y prioritaria importancia otorgada al éxito o a la victoria, dio lugar a la aparición de importantes críticas al deporte, algunas de las cuales surgieron casi desde comienzos del presente siglo, como la de Hébert (1925) centrada sobre todo en los artificioso y antinatural de sus formas.

    Asimismo, ya a mediados de siglo, Huizinga (1996:232 y ss.) se pronunció al respecto, sosteniendo la idea de que el tránsito que tuvo lugar, sobre todo a partir del último cuarto del siglo XIX, del deporte como diversión momentánea al deporte como sistema organizado de clubes y campeonatos -con todo lo que ello supuso: el aumento en rigurosidad y minuciosidad de las reglas, la creciente sistematización y disciplina del juego, la profesionalización de los jugadores, el alto grado de organización técnica, de equipamiento material y de perfeccionamiento científico, la competencia mercantil, la aparición del concepto de récord...- tuvo como consecuencia la progresiva pérdida del elemento lúdico. En otras palabras, según dicho autor, el juego deportivo se fue haciendo demasiado serio y fue desaparecido, en mayor o menor medida, el estado de ánimo propio de él, perdiendo el sentido de factor social fecundo que tuvo en otros tiempos.

    No obstante, da la impresión de que Huizinga parecía esperar un resurgir de lo lúdico en el deporte y en la sociedad que ofreciera nuevos caminos al desarrollo cultural cuando, al final de su importante obra Homo Ludens (1996:249), señala que: "una cultura auténtica no puede subsistir sin un cierto contenido lúdico, porque la cultura supone cierta autolimitación y autodominio, cierta capacidad de no ver en las propias tendencias lo más excelso, en un palabra, el reconocer que se halla encerrada dentro de ciertos límites libremente reconocidos. La cultura exige siempre, en cierto sentido, «ser jugada» en un convenio recíproco sobre las reglas. La verdadera cultura exige siempre y en todos los aspectos el «fair play»".






  • Deportes individuales y de equipo

Frase para pensar.
Me gusta el sacrificio que supone entrenar muchas veces solo y como eso forja el carácter del deporte individual, me gusta el aliento de los compañeros y la generosidad que se genera en el deporte de equipo, no me gusta lo que les cuesta a los deportistas de deportes individuales afrontar una competición de equipo y pensar en el resultado común en vez de en el propio, no me gustan los malos rollos que se generan por envidias dentro de un equipo, me gusta cómo asumen como propias las victorias y derrotas los que practican deporte individual, me gusta como se celebran en grupo las victorias y se reparten las derrotas los miembros de un equipo, me gusta el hecho de tener que tomar y asumir todas las decisiones del deporte individual, me gusta la compromiso que tiene un compañero con otro en el deporte colectivo, no me gusta ver solo en el podio a un ganador individual, no me gusta el hermetismo de un equipo, me gusta como un deportista individual busca, acepta y valora las ayudas profesionales externas a él, me gusta como se asume el rol de un entrenador dentro de un equipo, no me gusta lo caprichosos que se muestran muchas veces quienes practican deporte individual, no me gusta que los elogios se los lleven siempre quienes más brillan en un equipo, me gusta las amistades que forjan con rivales quienes compiten solos, me gusta las amistades que se hacen con los compañeros de tu equipo.

Introducción

Hoy en día parece una liviandad decir que los deportes de equipo (D.E.) se diferencian sustancialmente de los deportes individuales (D.I.) en múltiples aspectos. Pero, este principio axiomático, no siempre fue tan evidente ya que se asumieron concepciones y métodos de trabajo que eran comunes a ambos.

"Las estructuras de planificación y programación en los D.E. deben atender, sin olvidar los aspectos condicionales y motrices, a las leyes que regulan las variables cognitivas y las de aprendizaje, factores que raramente se contempla en la Teoría del Entrenamiento". (Álvaro, 1999).

 Este autor afirma que históricamente se ha venido pensado que los deportes colectivos sólo eran diferentes de los demás porque tenían un componente táctico colectivo, encaminado a coordinar las distintas situaciones individuales, ya que los aspectos físicos y técnicos tenían un tratamiento idéntico que en los deportes individuales.

En la sociedad moderna, el juego en su concepto primitivo se bifurca. Mientras algunos mantienen sus características tradicionales, otros comienzan a perder espontaneidad a la vez que ganan en estructura. Se pierde en estos la sensación de libertad, y acaban convirtiéndose en una actividad distinta que, sin dejar de serlo, ya no se puede considerar totalmente un juego. Aparecen después las reglas, las normas y la técnica para desarrollar y practicar la nueva actividad: el deporte.

Partiendo de la estructura del juego, el deporte añade la idea de competición reglamentada. El líneas generales podemos decir que el juego es más libre que el deporte. El deportista establece una competición consigo mismo, contra el tiempo, contra la distancia, contra un adversario; busca y provoca la dificultad e intenta superarla


Los deportes individuales

   Desde los orígenes del hombre, este ejercía una actividad física con fines utilitarios y de supervivencia, y dicha actividad la efectuaba de una manera individual para sobrevivir en medios hostiles. En las culturas China e hindú, se practicaba la actividad física dirigida a la salud y como preparatoria para las guerras.

  Son los griegos a los que podemos considerar como los pioneros del deporte, ya que se apartan del mero concepto de la actividad física dirigida para la preparación de la guerra y supervivencia, y lo enfocan desde un punto de vista lúdico encaminado al enriquecimiento de las personas. Son los griegos, navegantes y comerciantes por excelencia, los que recogieron durante sus innumerables viajes juegos y deportes rudimentarios de los poblados de Asia Menor y ribera mediterránea, que perfeccionaron con nuevas técnicas y con los códigos apropiados.

  Una muestra de lo copioso de su imaginación en cuanto a los deportes es la variedad que crearon, entre los  que encontramos los juegos de pelota, el pedestrismo, carreras con equipo militar, la carrera de antorchas, los saltos,  los lanzamientos, los ejercicios de fuerza, la lucha, el pugilato, deportes acuáticos e hípicos etc... respaldaron así mismo la teoría de la preparación deportiva, los masajes, baños y solarios, así como la dieta deportiva y toda clase de directivos y monitores ( el gimnasiarca, el paidotribo...), instalaciones y materiales deportivos. Con el decaimiento de la cultura helénica y la dominación romana comienza a decaer tanto la actividad física en los gimnasios como en los juegos regionales, hasta que finalmente fueron suprimidos por orden de Roma.

 El deporte se sigue concibiendo de una forma individual y va pasando por sucesivas etapas a lo largo de la historia hasta llegar al Movimiento Inglés, cuna del deporte moderno, con la aparición de los Deportes de Equipo, cuyo representante más característico es el fútbol, pudiendo a partir de ese momento establecer una diferencia entre Deporte Individual y Deporte de Equipo

 Podríamos definir el deporte individual como:” Aquella actividad física (competitiva o no), cuyo correcto desarrollo y posteriores resultados, están en función de la participación de una sola persona”.

Otra definición podría ser: “Es aquel deporte, que para desarrollarlo con su forma reglamentaria, exige que el jugador o deportista lo realice sin la colaboración de compañero o compañeros.”

 Al margen de esta definiciones, está la posibilidad de que existan o no oponentes.

            También tenemos que considerar que gran cantidad de estos deportes que en su origen son individuales, pueden cambiar a modalidad de deportes por parejas y por equipos. Por ejemplo en el tenis existe la modalidad de “dobles”, con lo que deja de ser un deporte individual, y para participar en ciertas competiciones (Copa Davis) hay que presentarse formando un equipo.

            Hay que considerar también la gran variedad que puede existir dentro de un mismo deporte, tanto a nivel técnico, físico y táctico amen del psicológico. El ejemplo más claro lo tenemos en el Atletismo: vemos al corredor de 100 m.l. solo por su calle, el resultado que obtenga dependerá en un 90% de su sola preparación, sin que apenas intervengan los oponentes de las otras calles. La táctica a desarrollar está definida desde un principio, y ésta apenas variará durante el transcurso de la prueba.

  Este ejemplo todavía se acentúa más cuando nos referimos a las modalidades de “lanzamientos”, en las que el atleta está completamente solo en el momento de realizar la prueba, en estas modalidades apenas existe táctica en el momento de la realización, basándose fundamentalmente en la técnica y la preparación física. Sin embargo, y sin salirnos del atletismo, tenemos las especialidades de medio fondo y fondo (1.500 m.l., 3.000 m. obstáculos, 5.000 m.l....), en las que la táctica también juega un papel fundamental y en que la actuación de los demás corredores nos puede, en un momento dado, perjudicarnos o beneficiarnos.

  Por otra parte existen otros deportes individuales cuya finalidad no es vencer a un contrario o conseguir una mejor “marca”, sino vencer las dificultades que presenta la Naturaleza. El ejemplo más claro lo tenemos en el Montañismo, y más concretamente en la faceta de la escalada. No obstante, y dentro de este deporte, cuando la meta a conseguir es muy dificultosa ( ejem. escalar el Everest), se necesita la labor de un equipo, aunque no por ello se convierte en un deporte colectivo.

Cabe considerar también, que existen otra clase de deportes individuales, como pueden ser el Windsurf, paracaidismo, esquí...etc. que para su correcta realización no hacen falta adversarios, no obstante en el momento que se realiza de forma competitiva, aparecen los oponentes.

Clasificación

  Teniendo en cuenta todas las consideraciones anteriormente comentadas, con el fin de clasificarlos, podríamos proponer la siguiente clasificación:

                         . Deportes con adversario                  

Dentro de este grupo se puede efectuar dos subdivisiones más:

            a)     Con contacto físico: Aquí podemos incluir todos los deportes de lucha, como el boxeo, kárate, judo...

             b)     Sin contacto físico: Sin contacto físico con el adversario. Este grupo a su vez lo podemos dividir en

                       b.1. Contra un sólo oponente
                     Aquí incluimos los juegos de pala y raqueta como son el tenis, bádminton, ping - pong...

                        b.2. Contra varios oponentes
                             Como son las carreras, atletismo, la natación, ciclismo...etc.

Deportes sin adversario

Su principal dificultad o placer, consiste en dominar los elementos que los rodean, ya sean naturales o artificiales (Naturaleza y material a emplear), así por ejemplo tenemos el montañismo, paracaidismo, vuelo sin motor, submarinismo,...etc.
 Las características básicas de los deportes individuales las dividimos bajo cuatro aspectos fundamentales:
  • Aspecto psicológico
  • Aspecto físico
  • Aspecto técnico
  • Aspecto táctico

1.- Aspecto psicológico

             En los deportes individuales este aspecto es de vital importancia, ya que un fallo a este nivel nos puede apartar de la meta a conseguir.

Hay que educar la capacidad de concentración, autocontrol, confianza y autoestimulación. Cabe destacar que en los deportes individuales se acentúa mucho más lo que se ha dado en llamar “Stress o angustia previa a la competición”.

            En los deportes de contacto con el adversario, habría que dar vital importancia a la agresividad, siendo capaces de controlarla y aumentarla en el momento preciso; en los deportes de pelota, como el tenis o el ping - pong, el aspecto de la concentración tiene un papel determinante; en los deportes que entrañan riesgo físico, el factor predominante sería el autocontrol y la confianza...etc. Éste estará en función de las características biotipológicas de cada deportista y condicionado al deporte que se elija.
    
2.- Aspecto físico

             No obstante el entrenamiento general fisiológico es común a todos ellos. Con una primera fase de preparación bien planificada, el futuro deportista podrá enfrentarse en condiciones de éxito a los esfuerzos específicos que requerirán las distintas etapas de preparación que se irán sucediendo a lo largo de su vida deportiva.

 3.- Aspecto técnico

             La técnica de un deporte comprende el dominio de los gestos específicos de la disciplina deportiva elegida, con el fin de aplicar con la máxima eficacia todas aquellas cualidades y aptitudes que el sujeto posee (estilo personal).

            La técnica deportiva surge como consecuencia de la asimilación y automatización de un determinado estereotipo dinámico (secuencia correcta de movimientos). En los deportes en los  que el sujeto contrincante no puede ejercer directamente una influencia en el resultado (natación, velocidad...) dicho estereotipo puede ser programado con anterioridad.

            El aprendizaje de la técnica deportiva  tiene un carácter complejo. Aprendemos sucesivamente la ejecución correcta de varios movimientos pasando de un ejercicio técnico a otro. Los nuevos aprendizajes nacen sobre la base de otros adquiridos con anterioridad.

            En los deportes individuales hay una gran diferencia en cuanto a la calidad y cantidad de técnica exigida para alcanzar un alto nivel de ejecución, así, por ejemplo, tenemos el tenis (el cual exige un elevado aprendizaje técnico), y como contrapunto podríamos citar una carrera de fondo (donde el nivel técnico puede ser bajo y no ser esto una gran barrera para la consecución de altos logros deportivos.

    4.- Aspecto táctico

             La táctica deportiva podemos definirla como la elección más acertada de una respuesta motora entre varias alternativas en función al oponente y en la capacidad de variar dichas respuestas de forma rápida y eficaz ante situaciones cambiantes e inesperadas.

            La táctica se analiza también con términos particularmente militares, estos son : el espionaje, el reconocimiento, la maniobra y el disimulo.

            Las dos primeras (espionaje y reconocimiento) suponen un análisis y valoración del contrario. La maniobra consiste en alterar nuestra posición o forma de actuación normal, con el fin de sorprender al contrario. El disimulo tiende a ocultar los planes previstos utilizando medios que confundan al contrario.

            Como resumen, diremos que en los deportes individuales hay menos variantes tácticas a emplear, aunque no por ello dejan de tener menos importancia. En los deportes donde no existe contacto con el oponente, la táctica apenas sufrirá cambios durante la competición. En los que existe este contacto, la táctica a emplear deberá ir también en función de cómo reaccione el contrario  

La competición como dimensión específica

    Se entiende que la competición es un fenómeno que introduce una serie de factores específicos que condicionan el desarrollo y la evolución de la dinámica propia del juego. Este hecho es el que explica las diferencias, fácilmente constatables, en los comportamientos y en los rendimientos de equipos y jugadores, ante las situaciones de juego y las situaciones de competición, especialmente las de mayor relevancia.


Deportes colectivos

El concepto de equipo se asocia generalmente a la reunión de un grupo de personas con la finalidad de realizar una determinada tarea; ésta requiere para la consecución de los objetivos planteados, la colaboración y la participación de todos.

Para María Cagigal, "el equipo deportivo constituye un paradigma de la vida humana, distribuida en múltiples multisociedades estables o efímeras, cuyo objetivo mediato o inmediato, permanente o pasajero, cohesiona a unas cuantas personas y exige un ajuste, una coordinación, una complementariedad, nada fácil de conseguir". Así, da a entender que se trata de un proceso dinámico, en el que intervienen diversos factores que, agrupándose y relacionándose, dan como resultado un comportamiento ante la acción que tiene una pretensión unitaria.
Para Rioux y Chappuis, constituye "un principio de orientación general de la conducta colectiva, que no se da de golpe, como una organización cohesionada, sino que llega a serlo, moldeado por la voluntad común". El equipo es el que resulta de un interés común, de todos cuantos participan en el mismo, convirtiéndose en el eje en torno al cual gira toda la acción.

León Theodorescu, especialista rumano en deportes de equipo, lo define como "un proceso organizado de cooperación, realizado por la coordinación de las acciones de los jugadores de un equipo, desarrolladas en condiciones de enfrentamiento con los adversarios, quienes a su vez coordinan sus acciones con el fin de desordenar la cooperación de los jugadores del otro equipo". Aborda lo que es la acción de juego durante un encuentro deportivo, sea del tipo que sea, en el que se da constantemente una cooperación y una oposición.

Nosotros, al referirnos a los deportes de equipo, lo haremos considerándolos como el resultado de un proceso de interacción, en el que intervienen factores diversos, y cuya acción no se da como suma de acciones individuales, sino como producto de una cooperación, realizada ante una oposición siempre cambiante y no repetitiva.
Esta última consideración diferencia dos grandes grupos de deportes de equipo: 1º, la acción final resulta de la suma de acciones (una carrera de relevos) y 2º, la acción final es producto de constantes interrelaciones (un partido de fútbol o de baloncesto).
Los criterios que se emplean al elaborar una clasificación de los deportes suelen ser muy diversos.
De todos éstos parecen más adecuados los que tienen en cuenta las características y estructura del deporte. Realizaremos una clasificación a partir de Pierre Parlebas y el desarrollo de  Blázquez y Hernández-Moreno.

1.- La situación de los equipos en el espacio de juego.
2.- La forma de participación sobre el móvil o balón.

Estas nuevas variables dan como resultado tres grupos diferentes de deportes de equipo. En el primer grupo, la situación en el espacio está separada por una red y la participación es alternativa (voleibol, tenis, etc.). En el segundo, la situación en el espacio es común y la participación sobre el móvil es alternativa (se juega contra una pared o frontón). En el tercer grupo, la situación en el espacio es común y la participación simultánea (baloncesto, balonmano, fútbol, etc.)

La estructura formal de los deportes de equipo.

Los factores que configuran o determinan la estructura formal de los deportes colectivos o de equipo son los siguientes:

El terreno de juego: es un espacio de forma rectangular, estable y con todas sus medidas y señalizaciones perfectamente establecidas y determinadas, en el que se desarrolla la confrontación entre los dos equipos.

El balón, generalmente de forma redonda u oval, en torno al cual giran las acciones fundamentales del desarrollo del juego.

Las reglas por las que se rige el desarrollo del juego y que son específicas para cada deporte. Determinan además sus aspectos formales de indumentaria y materiales auxiliares para el juego y las relaciones entre los compañeros y los adversarios.

Los tantos o goles, la valoración que se da a la acción final, hacia la cual está orientado todo el desarrollo de las distintas acciones que se producen en el encuentro.

Los compañeros o participantes en el juego, que colaboran entre sí para tratar de conseguir los tantos o goles, o evitar que se los marquen.

Los adversarios o participantes que se oponen, colaborando entre sí, a que el equipo contrario alcance con éxito su finalidad ofensiva o defensiva.

Estos aspectos están siempre presentes en todos los deportes de equipo. Están determinados a priori en su número y/o forma. También están determinadas las posibles variaciones que se pueden introducir, caso de existir tal posibilidad.

La estructura funcional de los deportes colectivos o de equipo.


La acción del juego en los deportes de equipo puede ser analizada desde tres perspectivas:
Como técnica/táctica, la técnica constituye el elemento o parte esencial sobre la que se construye una estructura que permite un funcionamiento coordinado, denominado táctica. Partiendo de esta dicotomía se elaboran los sistemas y modelos de juego que determinan el análisis teórico y el desarrollo práctico de estos deportes. De acuerdo con esta perspectiva, en todos y cada uno de los deportes de equipo existirá una técnica individual y una técnica colectiva, y una táctica individual y una táctica colectiva, que se dará tanto en la defensa como en el ataque (en posesión o no del balón).
Otra perspectiva es la situada en torno a la doble dimensión ataque/defensa, siendo el factor determinante de una u otra la posesión o no del balón. A partir de ahí el comportamiento o funcionamiento del equipo se regirá según tres principios generales:

ATAQUE: 1.- Conservar el balón.
2.- Progresar con el balón hacia la portería contraria.
3.- Intentar marcar gol o tanto.

DEFENSA: 1.- Intentar recuperar el balón.
2.- Impedir la progresión del balón hacia nuestra portería.
3.- Evitar que nos marquen tanto o gol.

La tercera perspectiva es la considerada como cooperación/oposición, según la cual el funcionamiento de la acción del juego se da en una constante interrelación entre adversarios, y colaboración entre compañeros. Tanto la cooperación como la oposición se dan en el ataque y en la defensa, pues los defensores colaboran entre sí para organizar la oposición al ataque, y los atacantes colaboran entre sí para oponerse a la defensa. Estos son los factores que determinan según este enfoque la estructura funcional:

1.- El espacio de juego presenta una doble influencia en el desarrollo del juego: por una parte, las limitaciones reglamentarias que configuran la forma y dimensiones del mismo y las referidas a las limitaciones y obligaciones para su uso; por otra, la disposición y situación que los jugadores de cada equipo realizan en las distintas fases del juego, en función de los planteamientos tácticos y estratégicos que se establezcan o haya que adoptar para tal situación. Teniendo en cuenta estos dos aspectos se hace necesario considerar en el espacio las siguientes vertientes:

1.1.- El espacio como limitación del reglamento: se establecen tres tipos de zonas que presentan un uso diferente, bien por determinación previa y estable o bien en función del desarrollo del juego:
- Zonas fijas prohibidas (áreas de portería en balonmano).
- Zonas variables prohibidas (fuera de juego en fútbol, waterpolo).
- Zonas fijas semi-prohibidas (tres segundos en baloncesto).

1.2.- El espacio en función del desarrollo del juego. Establecemos dos variables:
- Zonas colectivas.
- Zonas más favorables para conseguir tanto o gol.
- Zonas de riesgo para perder el balón.
- Zonas menos favorables para conseguir tanto o gol.
- Zonas de gestación o creación de jugadas o elaboración de sistemas.
- Zonas individuales:
- Espacio de interacción próxima.
- Zonas constituidas por el cuerpo del poseedor del balón.
- Distancia entre el poseedor del balón y el defensor.
- Conjunto de movimientos posibles a realizar por el defensor dentro de su zona o espacio.
- Espacio de interacción distante.
- Referidas en las zonas en que se sitúa un portero o defensor móvil.

1.3.- El espacio como objetivo a lograr. Se refiere a la zona determinada por el reglamento como única válida para conseguir tanto o gol, en la que puede o no haber portero.

2.- El reglamento de juego. Contiene una serie de normas que determinan no sólo las condiciones que se han de dar previamente al inicio del encuentro sino en el desarrollo del mismo, que podemos resumir en las siguientes:
- Dimensiones y características del terreno de juego y materiales complementarios para configurar el espacio y para utilizarlo como móvil.
- Composición de los equipos y forma de intervenir de éstos en el juego, número total de jugadores de campo, suplentes y sustituciones.
- Tiempo total de juego y división y control del mismo durante el desarrollo del encuentro.
- Formas de jugar el balón y de relacionarse con el adversario y con los compañeros.
- Principales acciones técnicas para el desarrollo del juego y penalizaciones a la infracción de la misma.
- Consecución de los tantos o goles y valor de éstos.
- Formas de utilización del espacio, ya referidas.

3.- La estrategia (táctica), es el elemento que da a los deportes de equipo su más clara especificidad, como consecuencia de contener una amplia gama de factores que son los que conforman a los referidos deportes. Entre ellos podemos destacar la necesidad de una cooperación constante entre los jugadores de un mismo equipo para poder lograr los fines que se proponen, el imprescindible conocimiento de los códigos de comunicación y los sistemas de acción que rigen el juego, teniendo que unir a ello la capacidad de ejecución de una amplia gama de habilidades, y también la necesaria existencia de una cohesión y relación afectiva entre todos los componentes del equipo. A todo ello hay que unir el saber actuar y responder ante la oposición del adversario y ejercerla cuando sea necesario.

El desarrollo estratégico durante el juego de un encuentro de un deporte de equipo se hace en función de los siguientes factores:
- La concepción del juego, a partir de la adopción de una actitud ofensiva o defensiva, ajustando tanto el comportamiento individual como el colectivo a tal actitud.
- Saber hacer uso de los propios sistemas de juego en cada momento y circunstancia y prescindir de los mismos, creando nuevas formas o variantes, cuando éstos resulten ineficaces.
- Jugar de acuerdo con el reglamento, haciendo un uso positivo del mismo.
- Analizar en cada momento las acciones de nuestros compañeros y de los adversarios, para desarrollar nuestro juego de la forma más eficaz posible en función de cada situación de juego.

4.- La comunicación motriz. En los deportes de equipo existe una constante relación entre los distintos componentes de un equipo y sus adversarios, a través de los cuales se hace posible el desarrollo y puesta en práctica de determinados esquemas y sistemas de juego, cuyas acciones precisan de una serie de señales, gestos o símbolos que permiten a cada componente del equipo saber qué es lo que se pretende hacer en su conjunto. Se emplea el término "comunicación motriz" para aludir a dicho código o sistema de relaciones entre los jugadores.

No todas las actividades deportivas comportan comunicación motriz, sino que ésta se dará como tal en aquellos deportes en los que el que actúa debe ajustar su comportamiento al de sus compañeros y adversarios, y viceversa. A la situación en la que no exista comunicación motriz la llamaremos situación psicomotriz, y en las que sí exista utilizaremos el término de situación sociomotriz.
El lenguaje en los deportes de equipo. Es evidente que no en todas las situaciones de juego las interacciones que se producen responden al mismo tipo de reacción, por lo que se pueden distinguir dos grandes tipos:
- Relaciones de cooperación, llamadas de comunicación motriz (pase, bloqueo).
- Relaciones de oposición, llamadas de contracomunicación motriz (marcaje, tapón).

5.- La técnica es el elemento básico sobre el que se construyen las distintas acciones del juego.
Está determinada o condicionada por el reglamento y el espacio de juego. El uso de tal o cual técnica se hará en función de los sistemas tácticos de juego y atendiendo a las circunstancias del juego.

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